Tras vencer al cáncer, joven mexicano Héctor Nahle ahora juega fútbol americano en Georgia y busca llegar a la NFL

Para Héctor Nahle, el éxito no se mide en cinco o diez años, sino en cada mañana. Lo aprendió a los 12 años, en una cama de hospital, cuando un osteosarcoma amenazó con quitarle la pierna y el sueño de jugar fútbol americano. Hoy, a los 18, es receptor titular en un internado de Georgia y su lema es uno solo: ganar el día.

ATLANTA, Georgia.- A los 12 años a Héctor Nahle le diagnosticaron osteosarcoma, un tipo de cáncer de hueso y le propusieron amputarle una pierna. Hoy, a los 18 años, es uno de los receptores titulares en un internado de Georgia y tiene tres ofertas universitarias, además dirige una fundación junto a su familia para ayudar a otros niños con la misma enfermedad.

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Cuando tenía 9 años, Héctor le dijo a su papá que quería convertirse en “ el primer mexicano” en jugar profesionalmente fútbol americano en la NFL.

Desde entonces, ha enfrentado diversas adversidades, como él mismo las llama, en el camino hacia su sueño.

Ahora cursa su último año de preparatoria en Rabun Gap, Georgia, donde, después de pasar dos temporadas en la banca, se ha consolidado como receptor titular y espera la oferta que le abra las puertas de la División I del fútbol americano colegial en Estados Unidos.

Ser jugador de NFL:

Un sueño que persigue desde los 6 años

En entrevista con N+Univision, Héctor contó que tenía claro su sueño desde los seis años, cuando le preguntó a su papá si podía jugar fútbol americano.

Había crecido en un entorno familiar donde este deporte ocupaba un lugar especial, gracias a la admiración y el seguimiento que su padre le tenía, aún cuando en México el soccer sigue siendo el deporte más visto.

Aunque en la historia de la liga han jugado más de una decena de mexicanos, en sus sueños infantiles, él soñaba que sería el primero en llegar.

"Papá, pues no importa, yo quiero ser el primer mexicano".

A la edad de siete años su papá lo llevó a un campamento de los Dallas Cowboys en su estadio.

"Fue una experiencia padrísima", recuerda.

Fue así como, en una familia que entendía los sacrificios y el apoyo que se necesitan para llegar al profesionalismo, Héctor y sus padres comenzaron a construir un sueño juntos.

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Su papá dedicaba todas las tardes a entrenarlo, mientras que los recursos familiares, incluso aquellos destinados a las vacaciones, se invertían en su desarrollo deportivo.

La atención de su mamá, su papá y su hermana también se volcó en él.

Un dolor en la pierna terminó con un diagnóstico de cáncer

En el año 2020 el mundo se paralizó, llegó la pandemia y Héctor tenía 12 años.

En ese momento, el encierro le “cayó de perlas” porque podía entrenar todo el día con su papá, sin embargo, en mayo del mismo año, mismo mes que cumple años, comenzó a dolerle la pierna derecha.

Tras un mes de dolor, su familia decidió llevarlo al fisioterapeuta, pero no mejoraba. Decidieron realizarle unas radiografías al peroné y una resonancia magnética donde le diagnosticaron un tumor.

Al acudir con un médico en Torreón, Coahuila, un estado al norte de México, les dijo que había un 95% de probabilidad de que fuera benigno, es decir un tumor no canceroso. Le habían dicho que en dos semanas iba seguir con su vida normal

Mientras Héctor permanecía hospitalizado, sometiéndose a más estudios, se mantenía tranquilo, pero todo cambió una tarde, cuando sus padres llegaron con una noticia que recuerda con absoluta claridad.

“Eran como las seis de la tarde cuando llegaron mis padres. Mi mamá se puso a un lado de la cama y me dijo: ¿Te acuerdas de que había dos opciones, no? La buena y la mala. No pudo terminar la frase. Solo alcanzó a decir: ‘Es la mala’ y empezó a llorar. Yo solo veía cómo mi mamá y mi papá empezaban a romperse frente a mí”.

Imagen Héctor Nahle


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Héctor tenía osteosarcoma, un tipo de cáncer común de huesos que se origina directamente en las células encargadas de formar el tejido óseo, de acuerdo con la organización sin fines de lucro Children´s Minesota.

Corrió el riesgo de perder una pierna

Héctor relata que se encontraba en shock y no le ofrecían en ese momento un panorama alentador.

"Toda mi vida había sido el niño más deportista del mundo", recuerda. Entró en shock, se sintió víctima y se preguntó "¿Por qué yo?". Además, el tratamiento que le ofrecían en Torreón no era muy alentador e implicaba amputarle la pierna.

Tras una segunda opinión, un médico de Monterrey le ofreció un tratamiento que evitaba el cortar la extremidad, por lo que junto con su familia decidió viajar para recibir el tratamiento.

Al inicio Héctor pasaba por un momento de tristeza, lloraba e incluso estaba enojado con Dios, él creía que se iba a “morir”, pero su mamá lo confrontó y le dijo que no era el único.

“Entonces mi mamá me dijo: ‘Empieza a agradecer lo que tienes y a preguntarte, por qué te dieron este diagnóstico, sino para qué. ¿Por qué estás pasando por esto?’”

Tras esa charla, recuerda, cambió su papel de víctima y su actitud. Las náuseas y el malestar de cada quimioterapia seguían igual o peor, pero su forma de enfrentarlos ya no era la misma.

Tras cuatro quimioterapias lo operaron: le retiraron el tumor y 10 centímetros de peroné, sin amputación.

Siguieron siete ciclos más.

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Su última quimioterapia fue el 3 de mayo de 2021, cinco días antes de cumplir 13 años.

Imagen Héctor Nahle

Una cuenta de hospital que preocupo a Héctor

Aún en tratamiento, Héctor vio la cuenta del hospital y le preguntó a su papá cómo la iban a pagar. La familia tenía seguro de gastos médicos. Consciente de que era "un niño privilegiado" en su país, les dijo a sus padres que tenían que hacer algo por quienes no podían costear un tratamiento.

En diciembre de 2020, tras la cirugía, abrió una cuenta de Instagram y con sus papás y un conocido de la familia, empezó a vender sudaderas.

Imagen Héctor Nahle

La llamó Honor Legacy, la frase que lo acompañó en el proceso: honrar a quienes ya pasaron por la batalla del cáncer y dejar un legado a quienes siguen.

Aunque le daba pena mostrarse sin cabello, grabó un video explicando la causa pensando que podía inspirar a otros niños. La comunidad respondió y el estudio de baile de su mamá se convirtió en punto de venta.

El primer caso en el que ayudaron y acompañaron llegó por medio de Facebook: la tía de Yael, un niño con osteosarcoma, le había escrito a la mamá de Héctor diciéndole que a Yael le iban a amputar la pierna.

Rápidamente la familia respondió y dijo que por favor no tomaran ese tratamiento y con la venta de las sudaderas, algo así como 1,177 dólares, le ayudaron a su tratamiento.

Desde entonces, la fundación se especializa solo en osteosarcoma (cáncer de hueso) y ha acompañado cuatro casos completos. Además del apoyo económico, orientan a las familias, porque muchos papás creen que la primera opción que les ofrecen es la única y buscan acompañarlas también en lo mental y espiritual.

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Un nuevo comienzo y una beca para lograr su sueño

Tras el alta, Héctor pasó un mes reaprendiendo a subir escaleras sin apoyo y a ponerse de pie sin marearse.

En junio de 2021 volvió a entrenar y para 2022 , se sintió listo para irse a jugar americano.

Imagen Héctor Nahle

Escribió a varios internados de Estados Unidos con programas para estudiantes internacionales y tras una videollamada, el coach White de Rabun Gap, en Georgia, le ofreció una beca.

Aun así, el internado costaba 80,000 dólares y su familia atravesaba una etapa económica difícil. Con 14 años, Héctor armó un plan y tocó la puerta de 10 empresarios para contarles su historia y pedir apoyo para el deporte mexicano. Algunos aceptaron y así comenzó.

A los 14 años, Héctor comenzó una nueva etapa lejos de casa. Ya en su equipo, pasó sus primeras dos temporadas en la banca, mientras recuperaba su condición física y ganaba confianza para volver al campo.

En la primavera del 2026 comenzó como cornerback y actualmente juega, luego de recomendaciones de su entrenador, como receptor.

Ahora ha conseguido tres ofertas de la NCAA División II y no ha firmado con ninguna universidad: espera una oferta de División I, el nivel más alto del fútbol americano colegial.

Sin embargo, Héctor tiene muy presente que el éxito se construye día a día y que es importante aprender a vivir un día a la vez.

“Me gustaría transmitir el mensaje de que el éxito se construye todos los días. Lo que hiciste en el pasado no te puede definir y el futuro todavía no existe”, explica.
“Me gustaría transmitir el mensaje de que el éxito se construye todos los días. Lo que hiciste en el pasado no te puede definir y el futuro todavía no existe”, explica.
Imagen Héctor Nahle


Lo resume con una frase del deporte: win the day. Ganar el día.

"Creo que ese mindset nos puede ayudar a todos, en México, en Estados Unidos, en la posición en la que estén", dice. "Si están en una cama de hospital con cáncer, como yo lo estuve, o si están persiguiendo el mismo sueño que yo".

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