En un movimiento que marca un claro cambio de rumbo respecto a la administración anterior, el principal organismo regulador oceánico de Estados Unidos ha anunciado planes para revisar las protecciones de la ballena franca del Atlántico Norte, una especie en peligro crítico de extinción.
Giro en la política ambiental: Regulador de EEUU prioriza la desregulación sobre los límites de velocidad para proteger a la ballena franca
NOAA se prepara para develar una propuesta que se aleja de las estrictas restricciones de velocidad para embarcaciones
La nueva estrategia, descrita como un esfuerzo de “modernización” enfocado en la desregulación, busca aliviar las cargas económicas sobre la industria marítima, una decisión que ha desatado la indignación inmediata de grupos conservacionistas tras la reciente muerte de un ejemplar joven de esta especie.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica ( NOAA, por sus siglas en inglés) confirmó esta semana que se prepara para develar una propuesta que se aleja de las estrictas restricciones de velocidad para embarcaciones, las cuales han sido históricamente la principal herramienta para evitar colisiones letales entre los grandes navíos y estos cetáceos.
Un enfoque centrado en la industria
En un comunicado, la NOAA detalló que la próxima normativa será una “acción centrada en la desregulación”. El objetivo declarado es “reducir cargas regulatorias y económicas innecesarias”, al tiempo que se intentan mantener “prácticas de conservación responsables”. Aunque la agencia no ha publicado los detalles técnicos —que ya figuran preliminarmente en el sitio web de la Oficina de Asuntos de Información y Regulación ( OIRA)—, ha adelantado que su enfoque privilegiará “nuevas tecnologías, enfoques de ingeniería y otras herramientas avanzadas” por encima de las restricciones operativas tradicionales.
Esta postura se alinea con las demandas de larga data de la industria naviera y grupos comerciales como la National Marine Manufacturers Association, que han calificado los límites de velocidad vigentes como “arcaicos”, argumentando que las soluciones tecnológicas son más eficientes y menos costosas para el comercio.
La crisis de extinción y la muerte en Virginia
El anuncio llega en un momento de extrema fragilidad para la especie. La población de la ballena franca del Atlántico Norte ha descendido a menos de 400 ejemplares. Estos animales realizan una migración anual peligrosa desde sus zonas de cría en las costas de Florida y Georgia hasta las ricas aguas de alimentación en Nueva Inglaterra y Canadá.
La urgencia de la situación se vio subrayada el pasado 10 de febrero con la confirmación de la muerte de una hembra de apenas 3 años frente a las costas de Virginia. Aunque la causa exacta del fallecimiento aún se investiga, la pérdida de una hembra joven —capaz de reproducirse en el futuro— es un golpe devastador para la recuperación de la especie.
“Otra ballena franca hembra —el futuro de esta especie— ha perdido la vida”, declaró Jane Davenport, abogada principal de Defenders of Wildlife. Davenport criticó duramente el cambio de política, señalando que la “aparente determinación del gobierno de Trump de debilitar la regla de velocidad para embarcaciones no podría llegar en peor momento”. Para los ambientalistas, la ecuación es simple: se necesitan urgentemente más protecciones, no menos.
El vaivén político de la conservación
La protección de la ballena franca se ha convertido en un campo de batalla político. Durante la administración Biden, existía un plan avanzado para ampliar las zonas de baja velocidad en la Costa Este y extender las restricciones a embarcaciones más pequeñas, medidas que los científicos consideraban vitales para reducir las colisiones.
Sin embargo, esa propuesta fue retirada abruptamente en los últimos días del mandato demócrata. Las autoridades federales argumentaron entonces que no había tiempo suficiente para procesar el inmenso volumen de comentarios públicos y finalizar las regulaciones antes del cambio de gobierno. Ese vacío regulatorio ha sido llenado ahora por una filosofía opuesta que prioriza la flexibilidad económica.
Mientras la NOAA promete que la tecnología podrá salvaguardar a los gigantes del Atlántico, los biólogos marinos advierten que, sin una reducción física de la velocidad de los barcos en los corredores migratorios, el riesgo de que la ballena franca desaparezca funcionalmente en las próximas décadas sigue siendo alarmantemente alto.
ALM







