Carlos Perea: de intentar cruzar la frontera a los 14 años a defender a la comunidad inmigrante en Santa Ana

La experiencia que vivió durante su adolescencia marcó su vida. Carlos Perea, quien fue dreamer y recientemente obtuvo su residencia permanente, hoy dirige el Instituto Harbor, desde donde impulsa políticas favorables a los inmigrantes y apoya a las comunidades vulnerables de Santa Ana.

Video Cruzó la frontera y la Patrulla Fronteriza lo detuvo: ahora lidera una organización proinmigrantes

LOS ÁNGELES, California.- Carlos Perea tenía apenas 14 años cuando intentó cruzar la frontera hacia Estados Unidos. La Patrulla Fronteriza lo detuvo y lo trasladó a un centro de detención.

“No sabía nada de los Estados Unidos, pero lo primero que supe es que a la gente con nuestro color de piel la tratan diferente”, afirma.

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Lo que vio allí se convirtió en una experiencia que todavía recuerda y que ayuda a explicar su compromiso con la comunidad inmigrante.

“Vi cómo mucha de nuestra gente llegaba golpeada y sangrada”, recuerda Carlos Perea.

Hoy, Perea es el director ejecutivo y fundador del Instituto Harbor para la Justicia Inmigrante y Económica.

Es una organización que trabaja para fortalecer la participación política de las comunidades inmigrantes y promover cambios en las políticas públicas del condado de Orange.

De dreamer a residente permanente

“Yo era dreamer y ya acabo de agarrar mi residencia”, cuenta. Sin embargo, alcanzar esa estabilidad no significa olvidar lo que vivió ni las dificultades que otras personas siguen enfrentando.

“No nos tenemos que olvidar de dónde venimos, y de lo que todos batallamos y de lo que aún nuestra comunidad batalla”, dice.

Esa es una de las ideas que definen su trabajo: mantener presentes las experiencias de quienes han tenido que abrirse camino en Estados Unidos y procurar que sus necesidades sean escuchadas.

El Instituto Harbor nació para responder a una necesidad

Muy cerca de los edificios federales de Santa Ana se encuentra la oficina del Instituto Harbor, un espacio al que acuden personas involucradas en la defensa de los derechos de los inmigrantes.

“El instituto fue fundado porque había una necesidad en el condado de Orange de hacer estudios para políticas proinmigrantes”, explica Perea sobre cómo surgió la organización.

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Para Perea, es importante que las conversaciones sobre inmigración no se limiten a las personas que llegan al país, sino que también incluyan a quienes trabajan diariamente para sostener a sus familias.

“Nuestros vendedores ambulantes, jornaleros y los que trabajan en el lavado de carros siguen siendo afectados”, señala.

Son trabajadores que, desde su perspectiva, necesitan apoyo y políticas que tomen en cuenta sus condiciones de vida y las dificultades que enfrentan.

Santa Ana, un punto de organización comunitaria

Perea también recuerda el papel que desempeñó Santa Ana durante las movilizaciones contra las políticas migratorias de la administración del presidente Donald Trump.

Según relata, hace aproximadamente un año la ciudad enfrentó un periodo de tensión por la presencia de agentes de la Patrulla Fronteriza, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Guardia Nacional.

En medio de ese contexto, el centro cultural se convirtió en un espacio importante para reunir a activistas y coordinar esfuerzos.

“El centro cultural fue importante porque fue nuestra base política y para organizarnos”, explica.

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