Resistió a disturbios y graves crisis y nunca había cerrado en sus casi siete décadas de historia. Por eso, su reapertura no pasó desapercibida. Música y globos amenizaron el gran evento que reunió a la matriarca del negocio, Virginia Ali, a sus 92 y a la alcaldesa de la capital Muriel Bowser.
El hot dog que enamoró a Obama, Bono y muchos más vuelve a las calles de Washington D.C.
Reabre el mítico local Ben's Chili Bowl, testigo de los principales acontecimientos socioculturales de la ciudad y local frecuentado por numerosas celebridades. Te contamos todas las curiosidades del tempo del chilly dog
Ben's Chili Bowl permaneció clausurado durante nueve meses para renovar el sistema de aire acondicionado, el cableado, las estufas, las parrillas y la plomería, en lo que supone su primer cierre prolongado en toda su trayectoria.

Sus perritos calientes han sido testigo de la historia reciente del país. Entre otros, de la investidura de Barack Obama, que comió allí pocos días antes de convertirse en presidente el 20 de enero de 2009. La fotografía que retrata su emoción al probar el perrito aún preside una de sus paredes.
También el expresidente francés Nicolas Sarkozy y su esposa, Carla Bruni, hicieron una parada durante una visita oficial a Washington. El Washington Post llegó a afirmar que en la década de los noventa se convirtió en talismán de la suerte de los candidatos a mandatarios: “ningún político de DC se planteaba presentarse a las elecciones sin pasar por Ben's”.
Pero su éxito viene de mucho más atrás. Ben's Chili Bowl fue fundado de 1958 por Ben Ali, un inmigrante de Trinidad que estudiaba odontología en la vecina Universidad de Howard y que abrió el local con platos que fusionaban la comida americana y los sabores caribeños de su infancia.
El edificio que eligió junto a su esposa pertenecía al histórico distrito de Greater U Street y había sido la primera sala de cine mudo de Washington. La avenida siguió siendo epicentro de la cultura, al punto de que en la década de los 50 fue conocida como ‘Black Broadway’ porque las grandes estrellas del jazz como Miles Davis, Duke Ellington y Nat King Cole la frecuentaban.
También volvió a ser testigo de la historia en los disturbios del 68, luego del asesinato de Martin Luther King Jr. Durante los altercados los activistas pidieron a Ali que mantuvieran el local abierto para resguardarse y el dueño consiguió el permiso para mantener abierto el restaurante tras el toque de queda. Se convirtió en una especie de Stonewall que resguardó a importantes activistas del movimiento estudiantil no violento.
Allí alimentaron tanto a policías y bomberos que acudían a auxiliar por los actos vandálicos, como a activistas negros. Los disturbios se saldaron con el declive económico del barrio que llevó al cierre de multitud de locales de la zona hasta los 70. Ali escribió en una ventana “Soul brother” tratando de disuadir los ataques violentos que asolaban los negocios de la zona.
También tuvo que hacer frente a la crisis de drogodependientes y dejó de vender tartas porque creía que los atraía. Otra amenaza que se llevó por delante decenas de negocios de la calle fue la construcción del metro que hizo que muchos restaurantes locales tuvieran que cerrar, pero Ali aprovechó para alimentar a los trabajadores de la construcción.
Desde 1991 el negocio no paró de crecer, se dice que es el único de la calle que sobrevivió a los disturbios del 68 y a la construcción del metro. Su despegue propició que hoy tengan tres locales abiertos en la ciudad.
Uno de sus clientes más célebres es el cómico Bill Cosby quien comenzó a frecuentarlo en la década de los 50, cuando servía en la Marina y acudía a los clubs de jazz con su entonces prometida. Casi tres décadas después, ya como figura consolidada, volvió a visitarlo y a asegurar que era capaz de comerse seis half-smokes seguidos.
Otras celebridades como Chris Tucker o Bono han sido clientes asiduos del restaurante que siguen regentando el hijo y la mujer de Ali. En 1999 le dieron su nombre al callejón de al lado del local.
El Rey Midas del hot dog murió en 2009 sin probar sus célebres platos porque era musulmán y no podía comer carne de cerdo. En su funeral el alcalde de DC calificó al restaurante como "uno de los mayores tesoros del Distrito de Columbia". El mítico local reabre sus puertas con su esposa y su hijo manteniendo su legado gastronómico para seguir alimentando la leyenda.