MANHATTAN, NY. – Ronald A. Hicks se convirtió en el décimo arzobispo en dirigir la Arquidiócesis de Nueva York, una de las jurisdicciones católicas más grandes e influyentes de Estados Unidos, tras la renuncia del cardenal Timothy Dolan.
Ronald Hicks asume como arzobispo de Nueva York y envía mensaje a la comunidad hispana
Con experiencia misionera en América Latina, dominio del español y una postura firme en defensa de los migrantes, Ronald A. Hicks inicia una nueva etapa en la Iglesia católica de Nueva York tras la salida del cardenal Timothy Dolan.
El relevo marca un cambio significativo de liderazgo para una Iglesia local que atiende a más de 2.5 millones de católicos, muchos de ellos inmigrantes y latinos
“El mensaje para todos los hispanos en Nueva York es simplemente que los quiero mucho, ha sido honor caminar con todos ustedes y en esta arquidiócesis vamos a seguir caminando juntos como hermanos y hermanas”, expresó Hicks.
Un relevo tras la era Dolan y cercanía con el Vaticano
Hicks, hasta ahora obispo de Joliet, Illinois, reemplaza a Timothy Dolan, una de las figuras más visibles del ala conservadora de la jerarquía católica estadounidense.
Dolan presentó su renuncia en febrero al cumplir 75 años, como establece el derecho canónico, aunque el Vaticano retrasó el relevo hasta que se concluyera un fondo de compensación de 300 millones de dólares para víctimas de abuso sexual que demandaron a la arquidiócess.
Dolan, de 76 años, conservará su título de cardenal, su birrete rojo y el derecho a votar en un cónclave papal hasta cumplir 80 años. A partir de ahora será arzobispo emérito de Nueva York,mientras se abre la posibilidad de que, en el futuro, Hicks sea elevado al cardenalato.

El nombramiento de Ronald Hicks se presenta en un momento clave para la Iglesia católica estadounidense, que vive una nueva etapa bajo el liderazgo del papa León XIV, el primer pontífice nacido en Estados Unidos.
Hicks es considerado un obispo muy cercano al estilo pastoral e ideológico de León XIV, particularmente en temas como inmigración, justicia social y acompañamiento a comunidades marginadas.
En noviembre pasado, respaldó públicamente un mensaje de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos que condenaba las redadas migratorias impulsadas por la administración del presidente Donald Trump,especialmente en Chicago
Aunque ambos crecieron en suburbios cercanos de Chicago,Hicks no conoció personalmente al entonces cardenal Robert Prevost, hoy papa León XIV, hasta 2024, cuando este visitó una parroquia bajo su jurisdicción.
Un líder con profunda conexión con América Latina
Ronald Hicks, de 58 años, nació y creció en South Holland, Illinois, y habla español con fluidez. Su trayectoria pastoral está marcada por un fuerte compromiso con los pobres y las comunidade latinoamericanas.
Entre 2005 y 2010, vivió en El Salvador, donde trabajó como director regional de un programa de orfanatos administrados por la Iglesia, con presencia en nueve países de América Latina y el Caribe.
Esa experiencia lo convirtió en una figura cercana a las realidades sociales, económicas y migratorias que hoy enfrentan millones de fieles latinos en Estados Unidos.
Hicks se graduó del seminario en1985, estudió filosofía en la Universidad Loyola de Chicago y obtuvo una maestría en teología en la Universidad de Santa María del Lago. Fue ordenado sacerdote en 1994
Antes de ser obispo, fue párroco en Chicago, decano de formación en el Seminario Mundelein y, en 2015, el cardenal Blase Cupich lo nombró vicario general de la arquidiócesis.
En 2018 fue designado obispo auxiliar y, en 2020, el Papa Francisco lo nombró sexto obispo de la Diócesis de Joliet, donde atendía a más de 520 mil católicos.

¿Qué significa su llegada para los católicos de Nueva York?
La llegada de Ronald A. Hicks a la Arquidiócesis de Nueva York genera expectativas de un liderazgo más pastoral, cercano y alineado con Roma, especialmente entre la comunidad latina, que representa una parte creciente y fundamental de la Iglesia local.
Su experiencia misionera, su defensa pública de los migrantes y su sintonía con el papa León XIV apuntan a una Iglesia más comprometida con la justicia social, el acompañamiento de los fieles y el diálogo en una ciudad tan diversa como Nueva York.
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