Guillermo Aguilar fue deportado a México después de pasar casi 40 años en Estados Unidos, pero lejos de sentirse en casa, asegura vivir con miedo, incertidumbre y una sensación constante de no pertenecer al lugar donde nació.
"Mi casa es Estados Unidos": el drama de Guillermo Aguilar, un beneficiario de DACA deportado a Monterrey
Los agentes de ICE lo arrestaron cuando iba en camino a su negocio en compañía de su esposa, que está embarazada. Pasó dos meses en un centro de detención y ha sido deportado a Apodaca (Monterrey, México) lugar en el que denuncia no sentirse seguro. A pesar de haberse convertido en un empresario de éxito en EEUU, no tiene acceso a su dinero
A los 5 años fue llevado por sus padres campesinos a territorio estadounidense, donde con mucho esfuerzo se forjó como un empresario exitoso en Carolina del Norte: tiene un taller mecánico, una compañía de grúas, otra de recolección de desechos de construcción y unas 25 casas en renta.
El mexicano era beneficiario del programa DACA, siglas de Deferred Action for Childhood Arrivals (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), una política migratoria creada en Estados Unidos que protege temporalmente de la deportación a ciertos inmigrantes que llegaron al país cuando eran niños y les permite trabajar legalmente.
Sin embargo, actualmente se encuentra en Apodaca, Monterrey, tratando de adaptarse a una realidad que le resulta ajena tras su deportación luego de ser detenido por agentes de ICE y haber estado dos meses en un centro de detención.
Ese día, los agentes de ICE lo rodearon cuando iba en camino a su negocio en compañía de su esposa, quien es ciudadana estadounidense y se encuentra embarazada.
"Soy de aquí, pero me siento extraño. Mi casa es Estados Unidos", confesó Aguilar al hablar sobre el impacto emocional que le provocó regresar a México después de construir su vida al otro lado de la frontera.
Guillermo tiene miedo de que le pase algo
El deportado relató que uno de los aspectos más difíciles ha sido enfrentar el temor constante ante un entorno que percibe como peligroso: "Adaptarme, tengo miedo de que me pase algo", expresó.
Guillermo también compartió el dolor que le provoca haber dejado atrás todo lo que construyó en Estados Unidos, desde estabilidad emocional hasta económica, pues no puede acceder al dinero de sus negocios sin una persona que lo represente legalmente en Estados Unidos y por la falta de identificaciones mexicanas.
"Eso es lo más feo, que a mí me hace casi llorar, de yo estar bien en Estados Unidos y llegar aquí, y tener las cosas allá, pero no las puedo tener", lamentó.
El mexicano vive en un pequeño cuarto en Apodaca que le rentó una persona que se conmovió con su historia. Desde ahí está preparando su defensa legal con la esperanza de regresar a su casa en Carolina del Norte y acompañar a su esposa cuando nazca su hijo.
"Yo he anhelado un niño, un hijo mío. Ahora que se me dio, mira las cosas que me pasan", dijo con lágrimas en los ojos al aferrarse a la esperanza de regresar a Estados Unidos y seguir viviendo el sueño americano.