Un hombre de Florida fue ejecutado el pasado 29 de septiembre por el brutal ataque con un martillo contra una mujer en 1995.
Se revelan las últimas palabras de Curtis Wilkie Beasley, el hombre ejecutado en Florida por atacar a una mujer con un martillo en 1995
Curtis Wilkie Beasley fue ejecutado en Florida por el asesinato de Carolyn Monfort en 1995. Antes de recibir la inyección letal, el hombre pronunció sus últimas palabras.
La cortina de la cámara de ejecución se abrió a las 6 de la tarde para Curtis Wilkie Beasley. Atado a la camilla, con una vía intravenosa en el brazo y su consejero espiritual a los pies, pronunció sus últimas palabras.
¿Cuáles fueron esas últimas palabras?
Beasley dijo que “quería disculparse por todos los errores que cometió”. Después, entre un jadeo y otro, el efecto de los tres fármacos comenzó a avanzar lentamente por su cuerpo.
Su respiración pasó de agitada a cada vez más débil, hasta que dio su último respiro. El alcaide revisó sus ojos y confirmó la muerte a las 18:12: Curtis Wilkie Beasley había muerto.
Beasley había sido condenado por asesinato en primer grado, robo y hurto mayor de vehículo por el homicidio de Carolyn Monfort, ocurrido en 1995 en su domicilio, al sur de Orlando.
De acuerdo con los registros judiciales, Beasley se había hospedado en la casa de Monfort mientras realizaba trabajos de limpieza y pintura en apartamentos cercanos.
La hija de Monfort intentó comunicarse con su madre durante dos días. Al no recibir respuesta, decidió ir a su casa, donde encontró una escena terrible que cambiaría su vida para siempre. El cuerpo de su madre estaba en un cuarto de lavado salpicado de sangre y presentaba múltiples golpes en la cabeza.
Cuando los investigadores llegaron al lugar, encontraron la cabeza de un martillo ensangrentada y envuelta en una toalla.
Las pesquisas llevaron a los investigadores hasta Beasley después de que un vecino informara haberlo visto conduciendo el automóvil de Monfort. A partir de entonces comenzó su búsqueda.
Los investigadores determinaron que Beasley había viajado a Miami y posteriormente se había mudado a Alabama, donde fue arrestado mientras trabajaba con un nombre falso para una compañía eléctrica. En 1998, Beasley fue declarado culpable y sentenciado a muerte.









