Enfermero mata a tiros a su vecino biólogo en Yauco y queda en libertad, ¿por qué?

Un juez absolvió de cargos al enfermero Eduardo Meléndez, quien disparó de muerte contra su vecino, el biólogo Roberto Viqueira, el 15 de julio de 2025. Videos del momento fueron clave para el veredicto que divide a los puertorriqueños.

Video Matan al biólogo Roberto Antonio Viqueira afuera de su casa en Yauco; esto se sabe del crimen

SAN JUAN, Puerto Rico - Un enfermero mató a balazos a su vecino biólogo, al cual supuestamente acosaba con el canto del coquí, que transmitía a través de una bocina que apuntaba hacia su casa.

Era un sonido que la entonces esposa del biólogo aún recuerda como "ensordecedor". Entonces, ¿por qué el juez Ángel Llavona Folguera absolvió al enfermero de los cargos de asesinato en segundo grado y tentativa de asesinato que le imputaban?

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Clave fueron las imágenes que captaron las cámaras de seguridad la noche del incidente. Ofrecieron un testimonio preciso, irrefutable, destacando, entre otros aspectos que, dos segundos antes de que el enfermero apuntara contra su vecino, éste le había disparado.

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El biólogo Roberto Viqueira disparó primero. No solo piedras. Y en ese incidente, ese martes 15 de julio, disparó en tres ocasiones. Su vecino, el enfermero Eduardo Meléndez, haló el gatillo 11 veces.

Su arma tenía tres 'settings' o funciones. Esa noche, utilizó la función que lanzaba una bala cada vez que apretaba el gatillo y otra al soltarlo. En total, fueron 22 balazos.

"Defensa propia", el veredicto

Durante el juicio, en la sala judicial del Tribunal de Ponce se estableció que las cámaras tenían un hora de retraso, así que en vez de las 11 de la noche, marcaban las 10.

A las 10:15:03 dispara el biólogo, desde su casa, la 37 en la calle Stark de la urbanización Estancias de Yiodomar, en Yauco, al sur de la isla.

Y a las 10:15:05 dispara el enfermero, desde la acera, a solo pasos de su casa, la 36.

Para el juez Ángel Llavona Folguera, del Tribunal Superior de Ponce, el enfermero actuó en "defensa propia".

"A este (caso) le he metido alma, vida y corazón. Lo mejor de mí", expresó el juez, el viernes 6 de febrero, antes de expresar su veredicto.

"Nadie en la ley está autorizado a tomarse la justicia en sus manos", apuntó el juez, recomendando llamar a la policía en casos como este para que les ayuden a resolver.

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Antes de los disparos, qué pasó

Pasadas las 11:10 de la noche, las grabaciones de las cámaras de seguridad recogen la polémica entre los vecinos de las casas 36 y 37 de la calle Stark.

Viqueira y su hoy viuda, Moshayra Vicente, increpaban desde su casa al enfermero. Le gritaban que habían descubierto la bocina con la que amplificaba el canto "ensordecedor" del coquí para mortificarlos.

No se la inventaron. Vecinos declararon a periodistas que llegaron a escuchar el sonido.

Durante el juicio, quedó consignado que ambos vecinos tenían conflictos desde 2020, cuando fueron al tribunal por una diferencia con la construcción de una verja.

Trascendió además que los Viqueira alegaban que Meléndez observaba a sus hijos cuando disfrutaban en la zona de la piscina.

El juez Llavona Folguera enfatizó que este caso no se trataba de los conflictos entre ambas familias, sino del incidente en el cual el biólogo Roberto Viqueira perdió la vida.

"Sal, hijo de put..., sal", se le escucha gritarle a su vecino enfermero. No, ni él ni su esposa llamaron a la policía.

El enfermero, desarmado, responde al desafío sin tampoco marcarle a la policía. "Estoy afuera, sal, dale".

"Está bueno ya", se escucha gritar a Moshayra Vicente, hoy viuda del biólogo.

"Sal hijo de put..., sal", repite el biólogo y agrega: "Cágate en la madre que te parió. Cab...."

"Hemos aguanta'o bastante, hemos aguantao bastante", reitera Vicente.

El enfermero les espeta: "Aquí estoy vamos". "Los abusadores son ustedes", agrega.

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"Hemos aguantao bastante", repite Vicente.

"Me cago en la madre que te parió, so e' cab...", expresa el biólogo antes de que las cámaras de seguridad lo capten lanzando piedras hacia la propiedad de su vecino, el enfermero Eduardo Meléndez.

"Qué estás haciendo, ¿tirando piedras pa' ca?", se escucha decir al enfermero, quien entra hacia su marquesina, busca un arma y sale caminando hacia la casa de su vecino.

Después, solo se escucha el sonido de los disparos.

6 balazos a más de 3 pies de distancia

Durante el juicio, el patólogo forense Carlos Chávez, del Instituto de Ciencias Forenses, declaró que Viqueira murió al momento.

Afirmó que recibió el cuerpo del biólogo el 17 de julio de 2025 para practicarle el proceso de autopsia.

Mencionó que la víctima tenía 49 años, medía 72 pulgadas (6 pies) y pesaba 112 kilos (247 libras).

Al momento de su muerte, Viqueira vestía una camisa de manga larga deportiva, un pantalón corto azul celeste y blanco y sandalias color crema.

Chávez señaló que el cuerpo tenía la cabeza deformada por heridas de bala.

Aunque inicialmente en el caso se habló de más de 20 disparos, el patólogo forense estableció bajo juramento que el cuerpo del biólogo Viqueira tenía 6 heridas de bala con trayectoria.

Todas, aseguró, fueron hechas de lejos. A una distancia de más de 3 pies (más de 30 centímetros). Así las describió:

A - Fue una herida regular, circular, en el lado derecho de la frente. Le perforó la piel, el hueso frontal y luego, dijo, tomó una dirección "hacia abajo". Le perforó el cerebro, la base del cráneo y el ojo derecho.
Según el patólogo, ese balazo destruyó estructuras vitales para seguir viviendo, como los ganglios basales y desprendió el tallo cerebral. La muerte, aseguró, fue instantánea.

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B - Fue detrás de la oreja izquierda. Le perforó la piel y tejido cabelludo, pero no entró a la cabeza. En su experiencia, el patólogo señaló que parecía ser parte de un proyectil que, tras chocar contra la pared, impactó la parte posterior de Viqueira. Hizo esa aclaración para que se entienda que no estaba de espaldas cuando recibió el balazo.

Esta herida no fue catalogada como letal. Sin embargo, aportó a este fallecimiento, aunque en menor grado, explicó el médico forense.

C - El tercer balazo que impactó el cuerpo del biólogo fue en el cuadrante superior derecho del abdomen. Le perforó el hígado, luego al páncreas y luego perfora al mesenterio, alojándose en la parte posterior del abdomen, en el músculo psoas izquierdo. El experto explicó que es una herida potencialmente letal por la hemorragia que provoca en la cavidad abdominal.
En su experiencia, Viqueira pudo haberla recibido cuando estaba cayendo o agachado.

D - El balazo que recibió en el muslo izquierdo, perforó tejido subcutáneo y el fémur antes de salir. Chávez explicó que el impacto deja saber que la persona que lo recibió estaba en el suelo.
Aunque este disparo le causó una fractura en el fémur, no se consideró letal en sí mismo.

E - Al frente de la pierna izquierda, otro balazo le perforó la tibia y la fíbula. Eso provocó que esos huesos se partieran, haciendo filos. Lucían como dos heridas en esa zona, porque los filos de los huesos rompieron la piel, deformando la pierna.

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F - De la parte de atrás del brazo izquierdo, también fue recuperado un fragmento de bala, que perforó tejidos y planos musculares. Según el forense, pudo ser parte de un proyectil que rebotara tras impactar una pared.

Alcohol y palabras de riña

Los resultados de los exámenes toxicológicos al cuerpo del biólogo Roberto Viqueira, reflejaron que tenía .19% de alcohol en la sangre al momento de su fallecimiento.

Su hoy viuda declaró que habían tomado algunos tragos esa tarde, desde las 4:00 p.m. hasta pasadas las 10:00 p.m.

El juez, al ofrecer su veredicto indicó: "Sabemos que el alcohol tiene unos efectos que desinhiben, pero sí hay un cambio en la manera en que la víctima lamentablemente (...) decidió resolver esa controversia, sin acudir a las autoridades".

"Vinimos al tribunal y no nos hicieron caso", le gritó desde la sala Moshayra Vicente, quien tuvo que ser retirada por los alguaciles.

"Viendo los videos... se desprende bien claramente (...) La víctima en este caso disparó tres veces con el ángulo hacia el acusado", apuntó el juez antes de absolverlo de todos los cargos.

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