LOS ÁNGELES, California - La historia de Gualterio Santos en Estados Unidos comenzó con un carrito lleno de rosas, unas cuantas palabras en inglés y la ilusión de encontrar una oportunidad.
De vender en las calles a tener su negocio: la sorprendente historia del 'Rey de las Flores'
Durante 34 años, las flores han sido el sustento de Gualterio Santos, un inmigrante mexicano que comenzó vendiendo ramos en las calles de Santa Ana y convirtió las dificultades en oportunidades.
Hoy, puede mirar atrás y reconocer en cada flor el esfuerzo, los sacrificios y los sueños que lo llevaron a convertirse en el hombre al que muchos conocen como ' El Rey de las Flores'.
Nació en Oaxaca, México, y cuenta que “unos primos me invitaron para venirme a Estados Unidos, a Nueva York. Y el mismo día que llegué, me pusieron a vender flores en las calles”.
Aquel primer día, permanece entre sus memorias más bonitas. Llegó a las seis de la mañana y, apenas dos horas después, ya tenía un carrito de supermercado lleno de rosas para vender.
Aunque no hablaba inglés, encontró una manera de comunicarse con sus clientes: “Mi primo me había dicho que yo les mostrara los cinco deditos y les dijera ‘five dollars’”.
La estrategia funcionaba. Los clientes se acercaban y compraban sus ramos. Hasta que uno de ellos solo le mostró dos dedos.
Santos explica que en ese momento pensó que el hombre quería pagarle dos dólares por un ramo y se negó, insistiendo en que costaba cinco. El cliente entendió la confusión, tomó dos ramos y le entregó diez dólares.
Aquella anécdota, que hoy recuerda con una sonrisa, representa también el comienzo de una vida de trabajo en un país donde tuvo que aprender a abrirse camino con las herramientas que tenía.
Nueva York: los años más difíciles
Detrás de las primeras ventas exitosas, confiesa que también hubo momentos de miedo y sufrimiento.
Durante sus primeros años en Nueva York, Santos enfrentó asaltos frecuentes. Le quitaban las flores, el dinero y, en ocasiones, la tranquilidad de salir a trabajar sin saber si regresaría a casa con lo necesario para sostenerse.
“Lo más difícil en Nueva York fue el racismo. Me asaltaron muchas veces, me quitaron las flores, me quitaron el dinero”, relata.
A principios de los años 90, asegura que la delincuencia golpeaba a quienes se dedicaban a vender flores en las calles. Algunos de sus amigos que realizaban el mismo trabajo fueron asesinados. “Gracias a Dios estoy vivo, porque Dios es grande”, dice.
El cambio a Santa Ana, California
Una conversación con una tía que vivía en Santa Ana, California, cambió el rumbo de su historia. Ella le habló de las oportunidades que veía para quienes vendían flores en esa zona y lo animó a probar suerte en la costa oeste.
En el año 2000, Santos llegó a California para comenzar de nuevo.
“California me ha dado mucho en cuestión de negocios y familia. Aquí encontré a mi esposa. He sido muy feliz y estoy agradecido con Dios, porque me ha ido muy bien acá en California”, afirma.
De la calle a abrir su negocio
Empezar de cero en Santa Ana no fue sencillo. Aunque en Nueva York, donde pasó 10 años, ya conocía el negocio de las flores, en California tuvo que buscar proveedores, encontrar bodegas donde comprar rosas y a prender a construir su propia clientela.
Un día normal podía iniciar a las tres de la mañana, cuando se dirigía al centro para comprar flores. Después regresaba a prepararlas y organizar los ramos. Entre las diez y las once de la mañana, salía a vender en las calles.
Las rosas requerían atención y cuidado. Algunas llegaban con espinas o pétalos dañados durante el traslado. Muchas provenían de Colombia, mientras que Santos también comenzó a traer flores de Ecuador.
Durante un tiempo vendió sus ramos en el cruce de la Primera y Bristol, en Santa Ana. Su actividad como vendedor ambulante le trajo rivales.
Santos recuerda que una mujer que tenía una florería se quejó ante la ciudad porque consideraba que él representaba una competencia para su negocio: "Yo vendía ramitos, ella tenía una florería, pero gracias a ella termine montando mi negocio".
Santos Flowers, así nació
Cansado de perder sus flores y recibir multas, decidió abrir su propia florería.
Lo que parecía un obstáculo se convirtió en una oportunidad para construir algo propio, dejar atrás la incertidumbre de las ventas ambulantes y consolidar un negocio.
“Ella quiso hacerme un daño y terminó haciéndome un favor”, recuerda entre risas.
Hoy, cuando se encuentra con aquella mujer, dice que incluso le da las gracias por lo ocurrido.
El sueño americano
Antes de alcanzar la estabilidad que disfruta hoy, Santos vivió en condiciones mucho más modestas. Cuando llegó a California, rentó un garaje porque los precios de las viviendas eran demasiado altos.
Ahora, al hablar de lo que ha conseguido, no se limita a mencionar su negocio. Habla de su esposa, de su familia, de tener un techo y de poder ayudar económicamente a sus seres queridos que siguen en Oaxaca, México.
“Estoy muy agradecido con Dios y con todos los que me han apoyado. Esto es el sueño americano: tengo salud, familia y un techo donde vivir. Me siento muy feliz”, expresa.
Después de 34 años de ganarse la vida con las flores, Santos se siente realizado. No olvida el lugar de donde viene ni a quienes dejó atrás.
“Es a lo que viene uno a este país: a triunfar. Siento que estoy logrando mis sueños y ayudando a mi familia allá en Oaxaca. México se extraña siempre y algún día podremos ir para allá”, dice.
Su experiencia también le ha dado una perspectiva distinta sobre quienes hoy recorren las calles ofreciendo rosas y ramos a los conductores y peatones.
“Me siento mal cuando veo a los vendedores en las calles, porque hay mucha discriminación y la gente les quiere pagar lo que ellos quieren. Piensan que sus productos no valen porque están en la calle, pero tienen mucho valor, porque se están ganando el pan de cada día para su familia”, señala.
Por eso, su mensaje para quienes están comenzando es sencillo: trabajar con honestidad, perseverar y atreverse a emprender.
“Yo, sin hablar inglés ni nada, pude salir adelante. Todos tenemos las mismas oportunidades. Solo hay que dedicarse a su trabajo, echarle ganas y emprender”, afirma.








