"Me salvó la campana", es una expresión que decimos coloquialmente cuando alguna intervención de último minuto nos rescata de alguna mala experiencia. Sin embargo, su origen tiene un tono funesto y del más allá...
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Para muchos ser "salvado por la campana" nos remota a tiempos de clases, en los que esperamos con ansia que suene el timbre,
buzzer o literal, la campana que demuestra el fin del curso y digamos, el profesor no puede ya dejar tarea o seguir cuestionando a los alumnos...
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También nos remonta a aquel popular show de finales de la década de 1980 'Saved by the Bell' de estudiantes populares y sus aventuras llenas de hormonas. Aunque en sí es una expresión que hemos usado desde hace muchas, muchas décadas.
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Algunos aseguran que la frase corresponde más a una partida de box, en la que los contrincantes tienen que agarrarse a golpes y si ya están a punto de ser noqueados, pueden literalmente ser 'salvados por la campana' que da por finalizado el round.
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Hay inclusive registros de inicios del siglo XX en donde la expresión 'fue salvado por la campana' se utilizaba en la prensa deportiva para algún boxeador que estaba a punto de perder en el round pero pudo seguir adelante en la pelea.
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Pero ese uso literal de la "campanita" tenía un propósito más antiguo y macabro, según viejos relatos de folclor estadounidense, y tienen que ver con el miedo a ser enterrado vivo...
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Desde el siglo XIX, con las nuevas colonias establecidas en Estados Unidos y la prosperidad que encontraron los nuevos habitantes de América, también llegaron terribles enfermedades, como la tuberculosis, llamada antiguamente tisis. Con ella murieron miles y miles de personas por todo el país.
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Pero así como caían enfermos y eventualmente morían ante esta terrible enfermedad, hubo también quienes quedaban tan débiles o hasta en estado comatoso que a simple vista parecía que ya habían fallecido.
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Recordemos que para aquel entonces los avances médicos no eran suficientes, por lo que una simple gripa podía ocasionar tu muerte y encontrar un buen médico preparado era difícil en zonas de baja población o apartadas de grandes ciudades.
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Aun así, se corrió el rumor o leyenda urbana de que algunas personas que se daban por muertas estaban siendo "enterradas vivas", un temor que evidentemente podemos tener hasta nuestros días.
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De esta manera, a alguien se le ocurrió hacer un ataúd especial en el que se amarraba un listón, soga o cordón de la mano o muñeca del muerto, que salía hacia el exterior de la tumba y terminando justamente en una campana.
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De esa manera, si a alguien se le enterraba y todavía seguía vivo, despertando a las horas o par de días después de su enfermedad, podía "tranquilamente" agitar su brazo y hacer sonar la campana, alertando a las personas alrededor.
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Inclusive había cementerios que tenían varios encargados de rondar las tumbas día y noche después de entierros, para estar al pendiente de alguna campana.
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Ahora, en realidad no hay registros escritos de que alguien en verdad haya sido rescatado de un terrible destino de morir asfixiado al hacer sonar la campana, pero sí hay ilustraciones de los ataúdes con tal instrumento.
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Otras maneras de evitar ser enterrado vivo fue la instalación de ataúdes de cristal o vidrio, para poder ver al cuerpo en el interior.
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Pero el miedo a ser enterrado vivo es algo con lo que todos nos podemos relacionar. Inclusive uno de los últimos deseos de George Washington era que no enterraran su cuerpo sino hasta un par de días después de muerto, "por si acaso".
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También las últimas palabras del compositor Chopin fue que le hicieran jurar que lo cortaran y revisaran que en verdad ya había fallecido, con tal de no ser enterrado vivo.
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Así, el "muertito" podía ser "salvado por la campana" amarrada en su ataúd y evitar ser enterrado vivo. ¡Ahora sabes qué significa la frase!