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El día que Hugh Hefner se sonrojó cuando le hablaron de porno

Contrario a lo que muchos pensarían, Hugh Hefner, fundador de Playboy y uno de los motores de la revolución sexual en Estados Unidos, se sonrojaba cuando le hablaban de pornografía. En esta entrevista publicada en 2009 en la revista colombiana DONJUAN, el difunto fundador de Playboy habla sobre la revolución digital, el sexo, su vida y el futuro de su compañía.
28 Sep 2017 – 11:58 PM EDT

Nota del autor: esta entrevista fue publicada por primera vez el 11 de noviembre de 2009 en la revista colombiana DONJUAN. En esta edición se eliminaron ciertos datos de la versión original relacionados con fechas y eventos que eran relevantes para hace ocho años y hoy ya no tendría sentido conservarlos. Aquí se puede ver la versión original.

–Hello there –dijo Hugh Hefner al otro lado de la línea, en su oficina de Los Ángeles Su voz de trompeta desafinada no hace pensar en el mundo que ha creado, lleno de rubias en shorts de jeans que conducen tractores, conejos, culos bronceados repletos de vellos rubios alrededor de una piscina y senos gigantes. Su voz recordaba a la de Popeye el Marino, y ese saludo, "Hello there", no hace pensar en un hombre multimillonario que llegó a vivir en su mansión de estilo victoriano con tres novias de 23 y 19 años, que hacía fiestas multitudinarias llenas de personalidades de Hollywood y que en épocas mejores tenía un jet privado, The Big Bunny, con 21 camas y discoteca a bordo. Su saludo es más el de un campesino que grita dentro de un pozo buscando a su perro.

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–¿Usted piensa que en la era de Internet las revistas van a desaparecer?

–Pienso que la generación de ahora lee menos que la de antes. Esto se debe a que tiene un pobre conocimiento de la historia. En todo caso, nunca va a ser lo mismo leer un libro o una revista que leer en Internet. No creo que los periódicos y las revistas vayan a desaparecer. Con los avances de la tecnología uno puede ganar o perder algo. Es una cuestión de énfasis, de qué puede dar cada medio.

Playboy es un patrimonio de la humanidad y una marca tan poderosa como Coca-Cola que se sostuvo por la capacidad de trabajo inagotable de su fundador. Su vida está contada en Hugh Hefner's Playboy, una especie de autobiografía de la revista que sólo un par de obsesos como Hugh Hefner y Benedikt Taschen, el célebre editor de libros de lujo, podían construir.

En seis volúmenes, en una edición limitada de 1.500 ejemplares autografiados por Hefner, se recopila una cantidad abrumadora de material: desde los cómics que hacía sobre sí mismo en la niñez –que demuestran que siempre tuvo la certeza de que iba a ser famoso–, textos de Gore Vidal, Norman Mailer, Jack Kerouac y Ray Bradbury, hasta entrevistas a Martin Luther King, John Lennon, Richard Nixon y Roman Polanski; fotos inéditas y 700 páginas de información sobre la vida de Hefner y la creación de la revista. Es una historia que los estudiantes de negocios y marketing deberían conocer a fondo para aprender cómo un hombre puede construir un imperio desde una cama giratoria convertida en escritorio, con mujeres desnudas alrededor, una dieta de galletas y hamburguesas y vestido todo el tiempo con pijamas de seda –el libro incluye un pedazo de tela de su pijama–.

–¡JAAAH! -gritaba Hefner riéndose con un graznido de pingüino. Al parecer en 2009 ya estaba un poco sordo porque entre el teléfono y él hay una secretaria que le repite las preguntas. Se las hace comestibles, como si fueran papilla para un bebé. Le pregunté sobre cómo cuida su salud. En 1985 tuvo un infarto.

–En primer lugar, yo escogí muy bien a mis papás. El ADN desempeña un papel muy importante en el desarrollo. Mi mamá vivió hasta los 101 años. Tengo un gimnasio que uso de vez en cuando, pero mis novias lo visitan todo el tiempo, y tengo un régimen normal y trato de cuidarme.

Hefner era el segundo hijo de una pareja de profesores campesinos de Nebraska de una religiosidad enconada, y creció en Chicago en un mundo de disciplina férrea. Su mamá no lo besaba porque temía transmitirle gérmenes y no cedió en sus ideas hasta que en el colegio le recomendaron ser más flexible en el hogar para mejorar el rendimiento académico del pequeño. Hefner tenía un IQ de genio, 152, pero era muy retraído y vivía en un mundo aparte.

-¿Cuál es su pesadilla recurrente?

–¡JAAAH! –rió de nuevo, como si su risa fuera un jingle publicitario–. Tengo una pesadilla desde la infancia. Consiste en que intento volver a mi casa y nunca encuentro el camino.

Hefner encontró su vocación en el dibujo. Hacía cómics sobre su propia vida, cosas que le pasaban en la cotidianidad, pero también tenía un mundo de fantasía nutrido por las historias de vaqueros y los cómics de Flash Gordon. Así sobrevivió a la secundaria. Luego estudió en la Universidad de Illinois psicología, escritura creativa y artes, trabajó como ilustrador para varias publicaciones, entre ellas Esquire, a la que renunció porque no le dieron un aumento de sueldo.

En ese momento comenzó a preparar Playboy sobre la mesa de su cocina. Terminó el primer número en diciembre de 1953 con la ayuda de 45 personas que le prestaron US$8.000, incluidos US$1.000 de su mamá. Desde entonces el imperio del conejo –escogido, al parecer, por ser un símbolo de virilidad– creció de forma desbordada y Hefner se convirtió en un defensor de la diversión sexual y la envidia de todos los hombres del mundo por su estilo de vida.

–Muchas personas quisieran ser como usted. Por eso, es inevitable preguntarle si hay algo que cambiaría de su vida si pudiera retroceder el tiempo.

–Ese es un juego muy peligroso. Yo publiqué en Playboy una historia de Ray Bradbury, 'A Sound of Thunder', que trata de un cazador que viaja al pasado en busca de un Tiranosaurio Rex, pero que por accidente pisa un insecto y altera el mañana. Este cuento expone el efecto mariposa, que consiste en que si uno cambia algo de su pasado, no se sabe qué podrá alterar del futuro. Yo he cometido errores en la vida, pero dudaría mucho en cambiar algo porque mi vida ha sido una gran aventura.

Aunque Playboy no fue la primera revista en mostrar mujeres desnudas –y nunca ha llegado a ser tan explícita como Private, la primera revista de porno explícito de gran circulación en el mundo, fundada en 1965 en Suecia–, sí fue la primera en tener una distribución mundial con editores en cada país, y en atraer anunciantes que nunca se habrían imaginado poner sus marcas bajo una portada con un desnudo.

–¿Qué es lo principal que debe tener una fotografía de Playboy?

–Lo más importante es que la modelo sea como una vecina, la fantasía del Girl Next Door, la chica de al lado. Mi idea no es buscar ni glamur, ni sofisticación, ni nadie famoso –dijo Hefner, a pesar de que son bien conocidas sus ofertas millonarias para desnudar a estrellas de Hollywood. Lindsay Lohan, por ejemplo, rechazó una oferta de US$500.000 y llegó a considerarlo por US$900.000–. El mensaje principal es que la gente vea en la portada a alguien común, la secretaria, la compañera de la universidad, la mujer que vio en el bus, la odontóloga o la que trabaja en la tienda.

En octubre de 2003, la revista Arena nombró a Hefner como el segundo hombre más poderoso de la industria del porno. Sin embargo, y a pesar de que en la respuesta anterior dice "mi idea no es buscar ni glamur, ni sofisticación", no considera que Playboy sea pornografía.

¿Cuál es su director porno favorito?

–¡JAAAH! Creo que nadie sabe el nombre del director de la película porno que ve.

–¿Y cuáles son sus actores porno favoritos?

–No soy un gran fan de la pornografía.

–¿Qué opina de la pornografía actual?

–Déjeme explicarme en mis términos. Nunca he considerado Playboy pornografía y nunca publicaría pornografía. La pornografía es una palabra negativa para describir imágenes sexuales explícitas y yo no publico imágenes explicitas. Playboy es una revista de estilo de vida que incluye imágenes con un contenido sexual glamoroso, forma parte de un paquete completo que no está para nada asociado a la pornografía –dijo, a pesar de que Linda Lovelace, la actriz de Garganta profunda (1972), posó para páginas interiores en 1973 y 1975, y Playboy Enterprises Inc. anunció en junio de 2006 la compra de ClubJenna Inc., la casa productora de porno fundada en 2000 por la actriz Jenna Jameson. Además, Hefner fue socio mayoritario de Spice Network, una cadena de canales porno Pay Per View.

El senador republicano William Hays, el gran abanderado de la censura a la pornografía en Estados Unidos, escribió un código de prohiciones de imágenes en el que condenaba cosas tan inocentes como los movimientos de baile que simularan el coito y los planos que mostraran los ombligos de las actrices. Al momento de su muerte, se encontró en su oficina una colección gigantesca de fotografías de ombligos que demostró que hasta la zona más inservible del cuerpo humano puede despertar pasiones tan oscuras como para prohibirla.

Sin embargo, reconociera o no su participación en el negocio de la pornografía, el papel de Hugh Hefner en la revolución sexual estadounidense fue clave. De hecho, su hija creó un instituto en Chicago para atender a las personas con sida y fundó el premio Hugh M. Hefner First Amendment Award, con el que premian a los defensores de la primera enmienda estadounidense, que a grandes rasgos dice que no se pueden emitir leyes que prohíban la libertad de culto, expresión y de prensa o el derecho del pueblo para reunirse de forma pacífica.

–¿Usted piensa que las películas porno podrán verse algún día en los cines de centros comerciales y las actrices porno serán la imagen de grandes marcas?

–En los años setenta se podían ver películas pornográficas en cines, pero diez años después se acabó por cuestiones religiosas. Pienso que el mundo debería estar más abierto a ver imágenes de contenido sexual, porque el sexo es una necesidad primaria que civiliza al ser humano y no le hace daño a nadie. Una sociedad enferma es la que considera que las imágenes de mujeres desnudas son obscenas.

–El vello púbico va y viene de moda. ¿Cuál cree usted que es su futuro?

–El vello púbico se fue y no ha regresado. Pienso que si regresa, tendría que ser en algún estilo particular.

–¿Quién mató a Marilyn Monroe?

–Marilyn Monroe –respondió. Hefner compró la cripta que está al lado de la ella en el corredor de Personajes Memorables del Westwood Village Memorial Park Cemetery, pero nunca la conoció en vida. En agosto de 2009, la dueña de otra de las criptas vecinas la subastó en eBay.com a partir de US$500.000. Tres días después, un japonés hizo la oferta final de US$4'600.000, pero poco después dijo que no tenía cómo pagarla.

–Dígame los tres trucos más importantes para conquistar a una mujer.

–Yo sólo tengo que decir "mi nombre es Hugh Hefner". Eso funciona muy bien para mí.

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