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criticas

IT: una efectiva película de horror pero también algo más

Publicado 13 Sep 2017 – 05:48 PM EDT | Actualizado 24 Mar 2018 – 04:43 AM EDT
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La novela It de Stephen King, publicada en 1986, y su fiel adaptación en una miniserie televisiva en 1990, son ya hitos de la cultura popular y del género de terror, puntos de referencia que propagaron un mito y exceden las consideraciones puntuales sobre sus méritos, fallas o excesos narrativos.

Ni la novela ni su adaptación son perfectas, pero tienen una indudable cualidad memorable y persistente.

Si Stephen King capturó con precisión en su novela ciertos temas poderosos y sugerentes que luego serían recurrentes en su obra —el terror y lo infantil, el poder de la memoria y la imaginación, los horrores que subyacen bajo una superficie de apariencia opuesta—, la adaptación a la pantalla expresó todo eso mediante imágenes y figuras que se volvieron icónicas. La nueva película It, dirigida por Andy Muschietti, es al igual que la anterior una adaptación bastante fidedigna de la novela de King (aunque sitúa la historia a fines de la década del 80 y toma únicamente la parte en la que los protagonistas son niños), pero inevitablemente dialoga también con la adaptación anterior y con toda esa iconografía.

En este intento de actualizar y modernizar el mito, desde lo visual hasta lo temático y conceptual, algunas cosas mantienen su fuerza original, otras no tanto, y otras sufren una notable reimaginación.

El payaso diabólico

Pennywise, sobra decirlo, es la figura central de esta fábula de horror, la encarnación concreta de las inquietudes y obsesiones que se propone explorar.

Es difícil pensar que la nueva versión, interpretada por Bill Skarsgard, alcance un impacto tan significativo y duradero como el viejo Pennywise.

Aquel interpretado por Tim Curry era un payaso simple y tradicional desde su aspecto, el clásico payaso de circo con una bola roja por nariz y una peluca extravagante, que no evidenciaba su cualidad diabólica de manera inmediata, un personaje más sutil y efectivo.

Esta nueva versión es más sofisticada y grotesca, incluso su mirada es directamente diabólica, pero al mismo tiempo su carácter no es tan completamente aterrador, y está sostenido, a lo largo de casi toda la película, por ocasionales jump scares, apariciones inesperadas y recursos de sonidos o efectos especiales.

También, amparado bajo la etiqueta « R-rated», este Pennywise es responsable de momentos de violencia más brutal y explícita, pero eso no necesariamente lo hace más terrorífico.

No ocurre como en la vieja adaptación, en la que Pennywise más bien se sentía como una presencia constante que flotaba (valga la referencia) amenazadora y cargaba toda la atmósfera con un aire aterrador.

Por extensión, It, con este Pennywise como la forma material que adopta ese mal demoníaco e inaprensible, no es una película de terror particularmente memorable, aunque sí tiene sus buenos momentos y, más allá de la utilización de trucos y recursos algo gastados, es muy efectiva.

Lo que hay que puntualizar, sin embargo, es que It no pretende, aparentemente, ser solamente una película de terror.

Los niños, el terror y la amistad

Stephen King, y otros creadores en la década del 80 ( Steven Spielberg, por supuesto), sabían que las experiencias vividas durante la infancia y los comienzos de la adolescencia tienen el potencial de marcar vidas, de moldear memorias emocionales y afectivas.

Especialmente las que despiertan reacciones fuertes e inmediatas, como el miedo o la fascinación, ocurridas durante este etapa de inocencia y aprendizaje adquieren una dimensión trascendente y definitiva, aún si años más tarde, ya desengañados y bajo la amenaza de otros miedos más sutiles, las recordemos con una mezcla de cariño, nostalgia y humor.  

Casi que la popularidad del género de horror se puede explicar por este afán de volver a experimentar, aunque sea por un rato, ese miedo irracional y profundo que podíamos llegar a sentir cuando éramos niños.

Es por eso que Stephen King puso a un grupo de niños como protagonista de esta historia. Si incluso las experiencias triviales pueden adoptar un significado trascendental en la infancia, mucho más las experiencias excepcionales y aterradoras.

Y el papel de la amistad en este escenario es esencial, porque el hecho de que estas experiencias sean compartidas no solamente permite lidiar mejor con ellas, sino que hasta puede llevarlas hacia un terreno aventurero, casi lúdico y disfrutable por momentos, aunque luego el terror o la desesperación dominarán.

Lo mejor de la película es la representación de este fenómeno.

La camaradería juvenil y las vivencias inolvidables que funcionan como antídoto al horror, que conjuran la aparición de Pennywise y de las otras manifestaciones personalizadas del miedo que adopta «Eso», creando una fuerza contraria capaz de combatirla.

It vuelve a esa sensibilidad juvenil un poco nerd y anclada en la década del 80, plagada de referencias y guiños a la cultura pop de esa época, que tan popular ha probado ser en estos tiempos, después del gran éxito de la serie Stranger Things.

La serie de Netflix, explícitamente diseñada como un homenaje a Stephen King entre otros, fue a su modo un remake de It antes que este remake literal de It, y cualquiera que haya disfrutado de ella también disfrutará de la película.

Pero, aunque con todo esto evidentemente la película atraviesa terrenos familiares y no especialmente novedosos,  It tiene su encanto particular a través de siete personajes entrañables, construidos con afecto y devoción, interpretados admirablemente por los jóvenes actores del elenco (algunos una verdadera revelación, como Jack Dylan Grazer), dejando espacio para entrever sus propias historias y arcos personales al mismo tiempo que se va creando y fortaleciendo el grupo, con su propia dinámica distintiva.

Toda la diversión, el humor y la emoción de la película reside en él.

De aquí se desprende además otro aspecto destacable de It: en la película, el mundo adulto es algo tan ajeno, oscuro y aterrador como ese mundo subterráneo que alberga a «Eso», igualmente cargado de demonios y atrocidades.

Esto es especialmente interesante, pensando en que la secuela inevitablemente tendrá que mostrarnos a los protagonistas, los siete perdedores ya no tan perdedores 27 años después, en esa parte de la trama de la novela que esta película dejó, acertadamente, afuera.

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