Chismes

Naya Rivera no se arrepiente de haberse operado el pecho a los 18 años

La actriz define sus implantes de pecho como los "8.000 dólares mejor invertidos" de toda su vida.
31 Ago 2016 – 11:20 AM EDT

La actriz Naya Rivera utilizó los ahorros que había reunido trabajando desde muy pequeña en series como 'Cosas de casa' para pagarse una operación de aumento de pecho en cuanto cumplió los 18 años, con el objetivo de solucionar así los problemas de inseguridad que había sufrido hasta entonces debido a su figura.

"Fui a hablar con mis profesores uno a uno para decirles que iba a estar ausente unos días. 'Me voy a operar', les dije muy contenta. Quería ponerme tet*s nuevas por una cuestión de confianza, no sexual. Nunca me había quitado la camiseta delante de un chico. Tampoco es que hubiera tenido muchas oportunidades de hacerlo, pero incluso si las hubiese tenido, mi sujetador siempre estaba relleno de servilletas de papel", confiesa la artista en un extracto de su libro autobiográfico, Sorry Not Sorry'.

Una década después de haber pasado por quirófano para aumentar sus atributos, la intérprete sigue sin arrepentirse de su decisión.

"Cuando regresé a la escuela, los chicos corrían para ver quién tenía la oportunidad de abrirme la puerta. La gente tiene opiniones muy distintas sobre la cirugía plástica, pero en mi caso, diez años después de haberme puesto pecho, aún me siento muy feliz cada vez que me miro al espejo y los veo. Probablemente hayan sido los 8.000 dólares mejor invertidos de toda mi vida", añade.


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Pero ese no es el único episodio de su adolescencia que Naya recuerda en su libro, donde también confiesa que en los inicios de su carrera interpretativa trataba de "evitar la comida a toda costa" como consecuencia de la traumática separación de sus padres y de una etapa caracterizada por la falta de ofertas laborales.

"Cuando estaba en el segundo año de carrera empecé a pensar que lo que había empezado como un juego estaba yendo demasiado lejos [en referencia a su papel en la industria del entretenimiento]. Así que empecé a evitar la comida a toda costa. Si mi madre me había preparado la comida para llevar ese día, o la acababa tirando a la basura o me inventaba cualquier excusa para no cogerla", reconoce.

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