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Así fue el desnudo de Chiquis Rivera

El 5 de junio, durante casi una hora, la cantante realizó la sesión de fotos más íntima de su vida. Esto es lo que yo vi, y sentí.
25 Jun 2018 – 4:08 PM EDT

He visto muchas mujeres semidesnudas en mi vida: no solo a mis amigas sino, como editora de moda y estilo de vida, también a decenas de modelos y famosas en sesiones exhaustivas de fotos. Por eso sabía perfectamente cuál sería mi papel en la sesión fotográfica de desnudo con Chiquis Rivera para Univision.

Había hablado con ella antes, cuando le mostramos la foto de la modelo Tara Lynn publicada en Elle Francia que nos serviría de inspiración. Creo que en el preciso momento en que vio esa imagen serena pero dominante decidió que se desnudaría para nuestra cámara. No tenía miedo alguno.

Nuestra misión era mostrar el poder detrás del cuerpo de una mujer que ha sido constantemente señalada, cuestionada y fue víctima de bullying, sobre todo, por su físico. Habíamos discutido ampliamente qué queríamos de su desnudo ―pero más importante qué no queríamos que fueran esas fotografías.

Es así que lo que en algunos casos parecen simples detalles, aquí no lo fueron: los vestuarios debían tener un poderoso toque retro, los accesorios una grandeza implícita, para la locación elegimos Villa Louise, una mansión de inspiración veneciana en Miami cuyos interiores nos dieron una exuberancia ecléctica, que combinaban lo mismo candelabros franceses del siglo XVII que alfombras marroquíes. Todo lo seleccionamos minuciosamente entre la producción y los editores como piezas fundamentales en la narrativa para mostrar a una Chiquis desconocida, incluso, para su gran público.

Así que esa mañana me sentía lista para sentarme con ella, resolverle sus dudas, hacerla sentir cómoda y sin inseguridades. Pero no fue necesario.

Las 22 fotos más íntimas y glamurosas de Chiquis Rivera

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En la intimidad

Chiquis entró a la habitación para el primer cambio y comenzó a quitarse la ropa. Volteé la mirada en un gesto de discreción. Ella no lo necesitó. Se movía por el cuarto con tranquilidad. Le tocó el turno al traje de baño, luego vino la bata, de ahí la lencería. Llegó a la sesión del desnudo tras tomarse las fotos en la piscina. Caminaba de un lado a otro con soltura y firmeza.

Fuimos pocos los que entramos a aquella habitación iluminada con la luz natural y el reflejo del mar que se filtraba por las cortinas de lino. Ella estaba serena. Sonreía. Manejaba su cuerpo con desenvoltura mientras se recostaba en la cama. Con seguridad.

Lo de ella era un gesto poco común entre las mujeres que ―famosas o no, delgadas o no, entre amigas o frente a un amante― hemos desarrollado increíbles maneras de cubrirnos una o varias partes del cuerpo con naturalidad. Cubrirnos sobre todo esas partes que nos generan conflicto. Las que tienen carne de más o de menos, o marcas o cicatrices o flacidez o una falta de perfección imaginaria.

Yo la admiré. Sí, tiene celulitis, tiene estrías, tiene un trasero importante y curvas pronunciadas, tiene además unas piernas fuertes y mucho más duras de lo que imaginé. Es una mujer grande y poderosa con una cintura pequeñísima.


Sorpresa honesta

Terminada la sesión, no pude dejar de escuchar el comentario generalizado de las chicas a su alrededor. Era de una sorpresa honesta (y hasta un toque ligero de envidia) que echaba por tierra todos los típicos prejuicios femeninos, Chiquis se sentía cómoda con su cuerpo. Algo que probablemente ninguna de nosotras sentía con el propio.

Entre toma y toma de la sesión, Chiquis me habló de su figura, de sus fajas y sus medias de red, del corto periodo “entre los 10 y los 16” en el que no se sintió bonita, de lo que se pone y de lo que no, de los hombres que la han amado así como es, así como está.

Recordé un texto de Susannah Meadows, publicado en la página feminista Lenny sobre los grandes regalos que nos dan los vestidores a las mujeres y que a veces pasamos por alto: “Un glorioso despliegue de cuerpos. Somos altas. Bajas. Pasadas de peso y no. Somos viejas y otras más viejas. Cada una perfectamente cómodas al desnudo”.

Con todo y un pasado tormentoso y una vida de escándalos frente a las cámaras, Chiquis Rivera nos había dado una lección de seguridad.

Creo que es hora de que no nos sorprenda tanto. Y que nos hagan más sentido los trabajos como este. Quizá deberíamos torturarnos menos con las figuras inalcanzables de las modelos de Instagram e identificarnos más con las mujeres reales; añorar menos parecernos a las de los desfiles de Victoria’s Secret e imitar más a las que se desnudan sin complejos; hacer oídos sordos a las que buscan culpabilizarnos por nuestro cuerpo y aprender más -de una vez por todas- de las mujeres que disfrutan, gustan y aman su cuerpo, ese único cuerpo que tenemos, como lo hace Chiquis Rivera.

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