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Dianisbeth Acquie

Lea el hermoso y conmovedor discurso de graduación de esta latina en Harvard

Lea el hermoso y conmovedor discurso de graduación de esta latina en Harvard

Dianisbeth Acquie reflexionó sobre lo que había aprendido sobre sí misma y lo que significa sentirse empoderada por su educación universitaria.

Dianisbeth Acquie
Dianisbeth Acquie

Por Nidhi Prakash

Para Dianisbeth Acquie, orgullosa latina de Brooklyn e hija de dos inmigrantes, no fue siempre fácil lograr su carrera universitaria. La semana pasada, ante un público que incluía a compañeras y compañeros que se autodenominan “Latinx”, ella reflexionó sobre lo que había aprendido sobre sí misma y lo que significa sentirse empoderada por su educación universitaria. He aquí su conmovedor discurso, dedicado a su familia y que pronunció durante su acto de graduación en Harvard, de donde se egresó summa cum laude.

Bienvenidos y gracias.

Ya han pasado siete veranos desde que pisé el campus de Harvard por primera vez. Esos eran los días cuando el nombre me pesaba en la lengua como un pesado terrón de azúcar. No recuerdo mucho sobre mis primeros momentos en este imperioso mundo de los muros cubiertos de hiedra, pero una memoria queda grabada en mi mente tal como si alguien la hubiera tallado con una navajilla. Mami, Papi y yo nos encontrábamos posados sobre unos incómodos bancos de piedra enfrente de los que fuera un Au bon Pain. Mi madre apuntó hacia las pesadas verjas de hierro con repentina urgencia. Me dijo, “Dianis, te veo aquí. Lo puedo ver”. En menos de un instante yo también me pude ver – graduándome de uno de los institutos más prestigiosos del mundo. Yo, la única hija de dos inmigrantes, la chica de Brooklyn que había asistido a un colegio católico ya un poco raído, yo, la joven que tienen ustedes delante, a punto de recibir su diploma de Harvard.

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Este diploma, el cual colgaré orgullosamente en la sala de mi casa, no es solamente mío. Lleva bordado mi nombre, pero no dice nada del hilo y la aguja que lo cosieron. Este diploma no se logró solamente mediante párrafos de seda que aprendí a escribir en un aula junto con estudiantes que se nutrieron de palabras como la disonancia y la yuxtaposición. Este diploma pertenece a mi madre, cuyas lágrimas han podido lavar el planeta entero el día en que dejó a su única hija en una extraña residencia estudiantil en una ciudad desconocida, y a mi padre, quien se desplazó decenas de veces a lo largo de la Costa del Este entre Nueva York y Cambridge para traerme de regreso a mi casa. Pertenece a mis padres, quienes se sacrificaron tanto para que su hija pudiera tener éxito en este país y probar del pastel de manzana prometido en el Sueño Americano. Esto pertenece a las personas que nunca aprendieron a leer para que yo algún día pudiera asistir a una universidad con una de las bibliotecas más importante del mundo, pertenece a las personas que trabajaron con su inglés “chapurreado” para que yo algún día pudiera recibir un diploma con mención en dicha materia.

Hoy sí puedo sentirme triunfante – veo la cinta que demarca la meta final, y los lentes color de rosa me enturbian la vista. Pero aquí las cosas no han sido fáciles. Ha habido días tortuosos cuando el peso de las ambiciones insatisfechas de quienes me han antecedido se amontona sobre mi pecho hasta que siento como si mi corazón se partiera en dos. Ha habido conversaciones que me han recordado de las plumas que mis padres han tenido que arrancarse para que yo tuviera alas con que volar. A veces pienso sobre cuando regresé a casa después del semestre de otoño en mi primer año y mi bisabuela me dijo con el timbre de voz de una mujer a quien se le parte el corazón, “Dianis, pensé que no ibas a querer más comida de la casa después de estar en Harvard”. Ha habido varias crisis teniendo que ver con el sentido de pertenencia. Pasé meses angustiada por lo que unos pocos compañeros y compañeras habrían insinuado cuando me dijeron: tú estás aquí por ser de una minoría. Con indiferencia y de manera despiadada me dejaron tambaleando. ¿Estaba yo aquí sólo por ser parte de una minoría, por ser latina? ¿Servían esos aspectos para eclipsar mis pasiones, mis talentos y mis sueños?

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Mirándolos a todos ustedes, rebosantes de alegría por un futuro brillante y a la vez nubloso, y radiantes de orgullo (y de lágrimas, tranquilos, a mí también me pasa), me doy cuenta de que tengo una respuesta. Estoy aquí y he tenido éxito porque soy latina – porque ser latina me ha enseñado a ser resistente, inteligente, valiente y amable. Me ha enseñado el valor de lo que son las comunidades y mi propio valor. Me ha enseñado todo lo que he aprendido en Harvard pero que nunca ha aparecido en el expediente de mis notas y que no veré en mi diploma. Tengo que agradecer a mi familia y a mis padres por haberme enseñado estas cosas. Pero también agradezco a Harvard, un lugar que me ha enseñado lo que significaba ser de tez morena, ser mujer y ser latina. Este fue el lugar donde aprendí a bailar bachata y saborear mi primera pupusa. Aquí es donde he conocido a algunas de las personas más valientes y amables de la comunidad de estudiantes universitarios y universitarias Latinx. En ellos y ellas he visto no sólo la grandeza que ofrece Harvard, sino también su bondad. Permítanme sólo un minuto para decirles: No permitan que este brillante fervor de bondad que arde dentro de ustedes se extinga con la dureza metálica del mundo. Cuando giren sus anillos de promoción para que el escudo mire hacia fuera y se dirijan hacia el mundo real, no le muestren a las personas lo que ellas esperan de los egresados de Harvard – analíticos e innovadores pensadores y pensadoras. El mundo siempre necesita no sólo más creatividad y lógica, sino que también necesita urgentemente más humanidad.

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Demuéstrenles a las personas compasión inagotable. Demuéstrenles dulce empatía. Enséñales tu latinidad y lo que has aprendido de tus razas con orgullo. Demuéstrales durante tu vida entera lo que yo he tenido el privilegio de ver en ustedes durante los últimos cuatro años.

Clase de 2016, no olviden a quienes les precedieron. Y no olviden a quienes vendrán después que nosotros. Muchas más promociones de los y las Latinx pasarán por Johnson Gate mucho más después de que ya no estemos, pero muchos y muchas Latinxs ni siquiera pensarán en venir a un lugar como Harvard porque se encuentran en comunidades donde la idea es impensable. Existen personas que han perdido la voz, que no pueden contar sus historias de la misma manera en que nosotros hemos podido hacerlo durante los últimos cuatro años. Se nos ha brindado la posibilidad de lograr una estimada educación de Harvard. Ahora nos toca devolver el favor y mantener el ciclo en movimiento usando los recursos que ahora tenemos. Como dijo una vez Toni Morrison, “Recuerda que tu verdadero deber es que cuando eres libre necesitas liberar a otra persona. Si tienes algún poder, entonces tu deber es empoderar a otra persona”. Sigan para adelante siempre, pero no se les olvide mirar para atrás para ver a quien pueden ayudar. Mis queridos compañeros y compañeras, tengo plena fe de que ustedes saldrán de Harvard y empoderarán a otras personas. Les agradezco el caleidoscopio de memorias que podré repetir en mi mente repetidas veces y también les agradezco los últimos cuatro años en que hemos madurado juntos. Ha sido mi placer y honor pasar cuatro años con ustedes.

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Mami, lo he logrado. Papi, lo he logrado.
Egresados y egresadas, lo hemos logrado. ¡Sí se pudo!
¡Felicidades!

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Fusion.net

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