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Michell Sánchez prepara un par de hamburguesas en su camión gourmet.

El negocio de los 'gourmet food trucks'

El negocio de los 'gourmet food trucks'

Gracias al interés por la gastronomía de calidad y las redes sociales ha surgido una nueva pequeña industria, los gourmet food trucks.

Michell Sánchez prepara un par de hamburguesas en su camión gourmet.
Michell Sánchez prepara un par de hamburguesas en su camión gourmet.

Revolución en la industria

MIAMI - Michell Sánchez tenía un buen trabajo. Vendía oro en bruto de Sudamérica y México en Estados Unidos para la producción de lingotes. A este cubano-americano de Miami le iba muy bien… hasta que llegó la crisis en 2008. Pasó más de un año sin hacer una sola venta de oro, viviendo de lo ahorrado en los buenos tiempos.

A finales de 2009 sólo le quedaban $80 mil de colchón. Reunió a su familia y se plantearon la pregunta: “¿Seguimos esperando a que mejore la economía o invertimos este dinero en otra cosa?”.

La madre de Michell, Teresa Pérez, había trabajado durante 20 años en restaurantes y propuso la idea que terminó cristalizando en Latin House Grill, uno de los camiones de comida gourmet más populares de Miami.

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Los  gourmet food trucks forman un movimiento que comenzó en California y Nueva York pero que se está extendiendo por todo Estados Unidos. Los puestos de comida en la calle han existido desde siempre, pero la conjunción del interés del público por diferentes gastronomías de calidad y la comunicación directa que permiten las redes sociales ha desembocado en una nueva industria que crece en medio de una economía en crisis.

Una inversión de miles de dólares

Para algunos es una forma de expandir el negocio de su restaurante, para otros un sacrificado hobby o simplemente la salida para crearse su propio puesto de trabajo después de quedarse sin empleo. En cualquier caso, todos los dueños de estos puestos móviles de comida de calidad son conscientes de que forman parte de una nueva tendencia, de que están de moda, y eso les gusta y les hace confiar en que recuperarán su inversión.

Porque cada gourmet truck supone, aproximadamente, una inversión inicial de $75 mil a $100 mil dólares. Un camión de segunda mano se puede conseguir por menos de $15 mil, pero hay que habilitarlo con neveras, cocinas, etc., y decorar el exterior con un diseño atractivo acorde con el tipo de comida que se sirva. Una empresa especializada en forrar vehículos con “pegatinas” gigantes puede llegar a cobrar cerca de $5 mil por el servicio.

Además, aunque toda la comida se prepare en el propio camión, siempre se necesita un almacén como base de operaciones donde acumular las materias primas e incluso guardar el vehículo por las noches. A estos gastos hay que sumarle los costos de tramitación de permisos que, si bien no son muy altos en el caso de Florida "unos $700- suponen un ir y venir entre diferentes oficinas del estado y la ciudad.

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Su éxito depende de las Facebook y Twitter

Toda este esfuerzo no tendría sentido si no existieran las redes sociales. Todos los camiones tienen sus cuentas de Facebook y Twitter, claramente destacadas en la propia carrocería, a través de las cuales hacen saber de forma instantánea donde están en cada momento y el menú del día.

“SATURDAY!!!!! Getting ready for tonight at Wynwood Food Truckers Meet Up (210 nw. 22nd lane) ....expect to see 20+... “, anuncia el twitter de Latin House Grill.

“Hace cinco años un puesto de comida tenía que estar siempre en el mismo lugar "explica Sánchez-. Ahora, en un minuto diez mil gentes saben dónde está. Las redes sociales han cambiado completamente esta industria”.

Marketing sobre ruedas

El trabajo no es fácil. Como cualquier negocio de hostelería, los horarios son sacrificados. Sánchez arranca la jornada a las 5:30 a.m. con la compra de la carne y demás productos para preparar sus hamburguesas, tacos y burritos.

Cada día de la semana se mueve por zonas diferentes, pero suele repetir día y lugar a la semana siguiente. Sirve cajas  que van de $10 a $15 con almuerzos -50 ó 60 en un buen día- y cenas "hasta 120 en alguna ocasión-, así que no deja el camión en el almacén hasta pasadas las 11 de la noche.

“Es duro, pero si quiero dinero, abro. Si quiero un día libre, cierro”, asegura Sánchez, que comenzó el negocio el 15 de julio de 2010. “Estoy cien mil por ciento más feliz que en el trabajo anterior”.

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Negocio de dos direcciones

Algunos de los camiones que se mueven por el sur de la Florida son “sucursales” de conocidos restaurantes, como la marisquería Garcia’s de Miami, que ha puesto su Fish Box en la carretera. O el Sakaya Kitchen con su camión Dim Ssäm à gogo. Sacar la marca a la calle les permite alcanzar a una clientela que antes no les conocía.

Richard Hales, chef de Sakaya Kitchen, asegura que mucha gente acude al restaurante después de probar su comida en el gourmet truck.

Pero para Sánchez, parte del beneficio es justamente al revés: “Si yo ahora pongo un restaurante, el día que se abra ya tengo 10 mil personas que lo conocen. Esto es un anuncio sobre ruedas”.

También postres

Los camiones gourmet "que al menos tres días a la semana se reúnen en un lugar determinado para formar una especie de feria de gastronomía rodante- ofrecen todo tipo de comidas: pescados, hamburguesas, crepes, sandwiches, tacos… y, por supuesto, tampoco faltan los postres.

Dolci Pecatti es el camión de las hermanas gemelas Natalie y Stephanie Yepes. Apodado por ella mismas como el “truck más dulce de la carretera”, sólo ofrecen helados totalmente artesanales, 12 sabores cada día que van cambiando según la temporada.

Natalie, diseñadora colombiana afincada en Miami, se fue en el 2008 a vivir a Argentina para realizar una maestría en marketing. Pero una vez en Buenos Aires se apuntó a un curso de elaboración de helados artesanales. A finales de 2010 su hobby se convirtió en su trabajo.

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Con la ayuda de su familia, Natalie reunió los $90 mil que le ha costado toda la inversión en el negocio. El camión lo encontró a través de eBay. Después de haber perdido varias subastas, se topó con una oferta de un camión de helados de segunda mano en Arizona. Quería verlo por sí misma, así que viajó hasta allá y terminó comprándolo por $15 mil.

Ahora Natalie se pasa el día de aquí para allá, pero siempre anunciando donde está en Facebook y Twitter, haciendo “check-in” desde su celular. Totalmente “conectada”, incluso acepta el pago con tarjetas de crédito a través de un lector instalado en su iPad.

Una gran familia

Pero lo que más destaca de su nueva aventura empresarial es el espíritu de compañerismo que hay entre los camiones. Ella siempre trata de ponerse junto a otro que da comidas, ya que dice que la gente se para a pedir un almuerzo, pero no tanto simplemente para pedir un helado.

“Se ha hecho una familia con el tema de los camiones "comenta-. Nos ayudamos. Es demasiado trabajo, pero es muy gratificante. La gente disfruta. Es todo un evento seguirnos y saber dónde estamos”.

Esta gran familia es de muy reciente formación. El camión gourmet pionero en Miami, el Latin Burger de Jim Heins, echó a rodar en diciembre de 2009. Pero la primera reunión de un grupo grande de vehículos a modo de feria se produjo el primer martes de diciembre de 2010. Desde entonces estos food courts no han hecho más que repetirse en diferentes zonas de la ciudad. A uno de los últimos Heins calcula que acudieron unas tres mil personas.

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El pequeño de negocio de los camiones de comida gourmet sólo acaba de arrancar, pero parece que ha llegado para quedarse.

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