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Joe Arpaio y Donald Trump durante la campaña electoral de 2016.
Daniel Morcate
Opinión

Miembro de la unidad política de Univision Noticias.

Trump y Arpaio, unidos en el fanatismo

Trump y Arpaio, unidos en el fanatismo

“No debería extrañarnos que su acción desafiante haya sido apenas un ensayo para perdonar luego a los aparentes implicados en el Rusiagate”.

Joe Arpaio y Donald Trump durante la campaña electoral de 2016.
Joe Arpaio y Donald Trump durante la campaña electoral de 2016.

El presidente Donald Trump se dio el lujo de declarar que había perdonado a Joe Arpaio mientras el Huracán Harvey tocaba tierra porque presumió que “los ratings serían mucho más altos”. El sarcasmo con que mezcló la catástrofe de Texas y el perdón al exalguacil de Maricopa, en Arizona, demuestra una vez más su insensibilidad e incompetencia para ocupar el máximo cargo en la nación. Aquella noche del pasado viernes, los millones de víctimas potenciales de Harvey se merecían toda la atención del país y sobre todo de nuestros líderes y autoridades. Y las víctimas de la persecución y la discriminación de Arpaio a lo largo de décadas no se merecían que el mandatario lo exculpara con tanta frivolidad y cinismo.

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Con prepotencia y arrogancia, Arpaio abusó de su poder como alguacil para usar perfiles raciales con la intención de detener a hispanos que pudieran ser inmigrantes indocumentados. No pocos fueron a parar a centros de detención en Maricopa a pesar de ser ciudadanos o residentes legales. También humilló a los presos obligándoles a vestir calzoncillos rosados; en los veranos los agrupó con crueldad en carpas donde los expuso a temperaturas de más de 100 grados Farenheit. Irresponsable y criminalmente dejó de investigar casos flagrantes de maltrato y violación infantil para volcar los recursos de su departamento policial hacia la persecución de inmigrantes. Encarceló a periodistas que informaban o criticaban sus excesos de poder. Malgastó más de 100 millones de dólares en fondos originalmente destinados a las cárceles. Investigó a jueces que emitían fallos adversos a sus prácticas abusivas. Y se pavoneó de haber investigado en Hawaii supuestas evidencias del “nacimiento africano” del presidente Barack Obama.

Fue esta última bajeza la que lo hermanó en el fanatismo y el racismo con Donald Trump. Hace cinco años ambos fueron los cabecillas nacionales del llamado “birtherism”, es decir, del movimiento racista que promovió las dudas e incluso negó que Obama fuera ciudadano estadounidense por nacimiento, lo que habría implicado que no era elegible para ser presidente. Desde entonces los dos personajes fueron uña y carne. Arpaio hizo intensa campaña a favor de la candidatura presidencial de Trump . Y en la Convención Nacional Republicana, celebrada en Cleveland en julio de 2016, proclamó que el gobierno de Obama “se preocupaba más por los inmigrantes ilegales que por los ciudadanos estadounidenses”, una de las tantas falacias sobre las Trump erigió su dudoso triunfo electoral.

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El inmerecido perdón que le brindó a Arpaio es el segundo gran espaldarazo que Trump le ha dado al fanatismo y al racismo desde que asumió la presidencia. El primero tuvo lugar semanas antes cuando colocó en el mismo plano moral a los nazis y supremacistas blancos que violentamente se manifestaron en Charlottesville, Virginia, con las personas que salieron a las calles a repudiarles. Estas y otras acciones deleznables –como vetar a las personas transgénero en las fuerzas armadas– demuestran que el mandatario está decidido a dividir a los estadounidenses por raza, estatus migratorio y orientación sexual, con la intención de enfrentarlos y manipular mejor a quienes considera su base de apoyo político. Esta será sin lugar a dudas la marca distintiva de su gobierno mientras dure; o mientras se lo permita el Partido Republicano que lo llevó a la Casa Blanca.

El perdón que Trump le ha obsequiado solo hace más grotesco el pernicioso legado de Arpaio en Arizona. Sus prácticas discriminatorias ya le han costado a los contribuyentes 66 millones de dólares en honorarios de abogados, entrenamientos de policías y un sistema de alerta para detectar la mala conducta por parte de los agentes de la oficina del alguacil de Maricopa. El año próximo los contribuyentes deberán pagar otros 26 millones de dólares para cumplir con un mandato judicial de reestructurar ese cuerpo policíaco, el cual se había descarriado por la mala influencia de su jefe atrabiliario. Más preocupante todavía es la posibilidad de que la decisión de Trump aliente a otros representantes del orden a comportarse como Arpaio, a colocarse del lado equivocado de la ley con el pretexto de combatir la inmigración ilegal, confiando todo el tiempo en que el presidente, o algún sucesor que se le parezca, estará dispuesto a apañarlos y justificar sus abusos.

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Trump emitió su perdón sin esperar a que una corte federal sentenciara a Arpaio por desacato criminal. El alguacil había ignorado una y otra vez la orden de dejar de discriminar a los hispanos. Trump tampoco consultó al Departamento de Justicia. Esto demuestra el poco respeto que tiene por el estado de derecho y por la tradicional separación entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia. No debería extrañarnos que su acción desafiante haya sido apenas un ensayo para perdonar luego a los aparentes implicados en la colusión entre su campaña electoral y el régimen autocrático de Vladimir Putin.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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