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Secretary Julian Castro and candidate Hillary Clinton

León Krauze: ¿Cómo está su español, Secretario Castro?

León Krauze: ¿Cómo está su español, Secretario Castro?

El autor considera que la posible candidatura de Marco Rubio requerirá de un contrapeso inmediato entre los demócratas

Secretary Julian Castro and candidate Hillary Clinton
Secretary Julian Castro and candidate Hillary Clinton


Por León Krauze, conductor de noticias de Univision KMEX, periodista y autor

Aunque no lo parezca, la batalla por la candidatura del partido republicano a la presidencia de Estados Unidos poco a poco comienza a aclararse.

Si bien es cierto que Donald Trump sigue encabezando la mayoría de las encuestas, la dinámica de la elección primaria ha dado un giro que tarde o temprano favorecerá a políticos de carrera.

Cuando eso ocurra, la nominación republicana probablemente se decidirá entre los senadores Ted Cruz y Marco Rubio.

Los momios parecen favorecer a Rubio, que ha sabido aprovechar su fortaleza como orador para consolidar sus aspiraciones, a costa incluso de su padre político, Jeb Bush.

El gran reto para Rubio será sobreponerse a las previsibles críticas por la defensa que hiciera del proyecto de reforma migratoria del llamado “Grupo de los Ocho”. Si lo consigue se hará también de la nominación de su partido.

La candidatura de Rubio a la presidencia implicaría una serie de desafíos particularmente complejos para Hillary Clinton.

Primero, Clinton tendría que sortear la diferencia de edades. Rubio avisó desde el principio mismo de su campaña que enarbolaría la bandera del cambio generacional para derrotar a Clinton, casi un cuarto de siglo mayor que él.

Pero el enfrentamiento entre Rubio y Clinton ofrece una incógnita mucho más interesante, una variable inédita en la historia política de Estados Unidos: ¿qué efecto tendría en el voto hispano –que será crucial– el español impecable de Marco Rubio?

En otras palabras: ¿podría bastar el manejo experto del castellano para reducir la brecha hispana entre demócratas y republicanos?

El español ya ha jugado un papel decisivo en algunos casos. Así ocurrió en la última elección para alcalde de Los Ángeles.

En abril del 2013, Univision Los Ángeles organizó un debate entre los aspirantes al ayuntamiento de la ciudad, Eric Garcetti y Wendy Greuel.

Antes del encuentro se acordó que los candidatos hablarían exclusivamente en inglés. El equipo de Greuel quería evitar que Garcetti, que habla un español pausado pero elegante, usara su destreza políglota como argumento.

No le faltaba razón. Durante la campaña, Garcetti había aprovechado cualquier ocasión, por nimia que fuera, para hablar en español.

Tan descarado y recurrente había sido el recurso que durante el debate le preguntamos a Garcetti si hablar castellano bastaba como carta de presentación con los votantes hispanos.

Respondió que no. “Si piensan votar por mí porque hablo español, no lo hagan”, dijo Garcetti (naturalmente) en español. “Voten por mí por mis ideas, pero no porque hablo español”.

Semanas más tarde, Garcetti ganaría la elección con el apoyo del 60% de los votantes hispanos. Después del triunfo, el nuevo alcalde angelino y Bill Carrick, uno de sus asesores más cercanos, dieron una entrevista a Univision explicando el acercamiento de Garcetti con los hispanos.

Ambos identificaron la comodidad del candidato con el idioma como una variable decisiva. ¿Habría ganado Garcetti sin esa capacidad bilingüe? Es imposible saberlo, pero los resultados de la estrategia hablan por sí mismos.

Por supuesto, sería incorrecto aplicar todas las lecciones de Los Ángeles a la hipotética dinámica de una elección presidencial entre Clinton y Marco Rubio.

Para empezar, más allá de su destreza hablando español, las posiciones de Garcetti siempre fueron y han sido pro-inmigrante: el idioma fue solo la cereza en el pastel.

Aun así, la pregunta es pertinente: ¿podría el idioma funcionar como argumento electoral en noviembre del 2016?

De acuerdo con una encuesta reciente de Univision, cuatro de cada diez votantes que se sienten más cómodos comunicándose en español preferirían, en efecto, a un candidato hispanoparlante.  No son números desdeñables, y mucho menos en una elección apretada.

Si algo hay de cierto en todo lo anterior, la candidatura de Marco Rubio requerirá de un contrapeso inmediato entre los demócratas.

Hillary Clinton necesitará encontrar una figura que logre equilibrar la balanza de la empatía con los votantes hispanos, alguien cuyo manejo del idioma español sea al menos similar al de Rubio, con el valor añadido de haber realmente defendido la agenda hispana en el ejercicio cotidiano de la política.

Entre los demócratas, esa es una lista con un solo nombre: Julián Castro. Hasta hace unos meses, el joven exalcalde de San Antonio, actual Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, estaba todavía afinando su español, idioma que no aprendió en casa.

En entrevistas con medios hispanos, todavía prefiere el inglés. Le quedan pocos meses para sentirse cómodo en el idioma de sus antepasados inmediatos. Su futuro, y el de su partido, podría depender de ello.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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