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Clinton, Trump
Arturo Sarukhan
Opinión

Consultor internacional, exembajador de México en Estados Unidos

Deshojando la margarita

Deshojando la margarita

Se antoja difícil que Trump pueda revertir las ganancias en estados bisagra que en 2008 y 2012 le dieron el triunfo al partido Demócrata. Y sin embargo…

Clinton, Trump
Clinton, Trump


Faltan aún más de cinco meses y medio para que los estadounidenses acudan a votar a las urnas el 8 de noviembre. Eso representa, en todo proceso electoral —aquí y en China— una eternidad, y cualquier cosa puede pasar. Y sí, siempre es muy riesgoso darle demasiado peso a una sola encuesta. Pero la encuesta más reciente de Quinnipiac —una de las instancias encuestadoras más relevantes y de mayor reputación y peso en el entorno político-electoral estadounidense— divulgada a principios de este mes sobre preferencias electorales en tres de los llamados “estados bisagra” clave (Florida, Pennsylvania y Ohio), sugiere que la contienda presidencial que se avecina será mucho más competida y cerrada de lo que muchos pensaban tan solo hace unas cuantas semanas.

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Adicionalmente, el hecho de que este proceso de elección primaria haya roto con todas las reglas del manual electoral y confundido a todos los expertos y analistas tiene tanto a Demócratas como a Republicanos lidiando con la misma serie de interrogantes: qué tipo de candidatura articulará Donald Trump en una elección general y cómo debe concebir y diseñar su campaña Hillary Clinton para confrontarlo. Por ello, aún con todo el camino electoral que falta por recorrer y con el peligro que conlleva otorgarle un peso desmedido a una sola encuesta a estas alturas del partido, la encuesta de Quinnipiac podría encerrar algunas lecturas preliminares sobre lo que podría estar en puerta durante la campaña presidencial.

Parto del supuesto de que los dos candidatos serán Clinton y Trump. Y parto también de la tesis de que si uno observa el mapa del colegio electoral, que es donde en realidad se decide una elección presidencial en Estados Unidos, se antoja difícil que Trump pueda revertir las ganancias en estados bisagra que en 2008 y 2012 le dieron el triunfo al partido Demócrata.

Y sin embargo…

Una de las creencias populares de esta elección es que Donald Trump, el virtual candidato Republicano, es masivamente impopular entre mujeres y minorías. La encuesta de Quinnipiac muestra que esto es cierto. Hillary Clinton, quien poco a poco y a pesar de la enorme tracción político-electoral que mantiene el senador Bernie Sanders, se va acercando al número de delegados requeridos para alzarse con la nominación Demócrata, le lleva una ventaja al empresario neoyorquino entre votantes no blancos de 43 puntos en Florida, 60 puntos en Pennsylvania y 62 puntos en Ohio. Con las mujeres, Clinton le lleva a Trump una ventaja de 13 puntos en Florida, 19 puntos en Pennsylvania y 7 puntos en Ohio.

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Estos números son consistentes con otra creencia popular: que la ex Secretaria de Estado derrotará holgadamente a Trump este próximo noviembre. Sin embargo, esto no es lo que muestra la encuesta: ambos candidatos están técnicamente empatados (un margen de +/- 2 a 3 puntos) en Florida y Pennsylvania, mientras que en Ohio Trump lleva una ventaja mínima de 43 contra 39. Estos números, y otras tendencias y factores a nivel nacional, muestran que la lucha por quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca será mucho más dura de lo que se prevé y seguramente muy ríspida. El liderazgo Republicano ya subestimó a Trump; sería un error para los Demócratas incurrir en el mismo error.

¿Qué está ocurriendo? De entrada, Trump goza de una ventaja significativa entre votantes blancos en los tres estados: 19 puntos en Florida, 11 puntos en Pennsylvania y 17 puntos en Ohio. No sorprende por ende que su margen de ventaja sobre Clinton entre hombres blancos es aún mayor: 36 puntos en Florida, 32 en Pennsylvania y 29 en Ohio. Entre el segmento del electorado blanco, el genero sí importa. A Clinton le va 15 puntos mejor entre mujeres blancas que entre hombres blancos en Florida y 17 puntos mejor en Pennsylvania.

Estos números conducen al segundo factor que permite que en este momento Trump esté subvirtiendo la creencia popular: la ventaja de Trump entre hombres le permite en este momento neutralizar la ventaja que Clinton tiene entre mujeres.

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Tercero, la mayoría de los analistas y observadores presuponen que así como Clinton será nominada al final del día por un partido que se unirá en torno suyo, Trump encabezará a un partido Republicano desgastado por un contienda primaria inicial a 17 bandas, y profundamente dividido por la polarización que se dio entre cúpula partidista y bases y entre aquélla y Trump. Si estos primeros esbozos que se infieren de esta primera encuesta de Quinnipiac con respecto a cómo podría darse la contienda presidencial después de las respectivas convenciones nacionales en julio resultan tener sustento, solo la primera parte de este postulado parecería ser cierto.

A Hillary Clinton la apoyan el 83% de los Demócratas de Florida, el 82% de los de Pennsylvania y el 81% de los de Ohio. Pero los números de Trump en esos tres estados son comparables: 79% de los Republicanos en Florida, 82% en Pennsylvania y 80% en Ohio. Una posible explicación de estos números, sobre todo tomando de nuevo en cuenta los esfuerzos invertidos por un numeroso grupo de líderes y fondeadores del partido a lo largo de las primarias para descarrillar su candidatura o negarle el número necesario de delegados para alzarse con la nominación, es que en este periodo de la historia política estadounidense, caracterizado por la aguda polarización partidista y la balcanización ideológica, es mucho más difícil que se den defecciones al otro partido por discrepancias intra-partidistas.

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En este mismo sentido, ello además explicaría lo que ha venido ocurriendo recientemente y que es el paulatino arropamiento del liderazgo Republicano —y de legisladores y gobernadores del GOP— a la candidatura de Trump. Es cierto; el actual Líder de la Cámara de Representantes, los dos candidatos Republicanos y los dos presidentes del partido más recientes —además de Jeb Bush— han manifestado serias reservas, sino es que rechazo abierto, a la nominación de Trump. Y un grupo nutrido de expertos y exfuncionarios de administraciones Republicanas en las áreas de política exterior y seguridad nacional han criticado, vía una carta abierta, las posiciones del virtual candidato de su partido. Pero ni esas reservas detendrán un proceso de apoyo —por muy a regañadientes que sea— en torno a la candidatura de Trump, y la carta firmada por los expertos a los que aludo aquí es más significativa por los que no la firmaron y no aparecen en ella que por los que la suscriben.

Los dos precandidatos, Clinton y Trump tienen, además, otra cosa en común. Son los dos políticos en Estados Unidos con los negativos más altos (es más, Trump tiene los negativos más altos de cualquier candidato de ambos partidos desde que se empezaron a efectuar este tipo de encuestas), y ello se refleja también en la encuesta de Quinnipiac levantada en estos tres estados bisagra. En Florida, el 37% de lo votantes tienen una opinión favorable de Clinton mientras que el 57% tienen una opinión desfavorable; los números de Trump en ese estado son idénticos a los de ella. En Pennsylvania y Ohio se repite prácticamente el patrón: 37-58 para Clinton por 39-55 para Trump, y 34-62 para Clinton por 38-61 para Trump, respectivamente. Ninguno de los dos candidatos es visto como “honesto” y “confiable” o es percibido como alguien preocupado por “personas como usted” en los tres estados en los que se levantó la encuesta. Y esta vulnerabilidad de Clinton, patente al interior del propio partido Demócrata entre los grupos progresistas que han venido apoyando a Sanders y entre votantes independientes puede ser —y seguramente será— explotada por Trump y los Republicanos en la contienda presidencial.

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Pero, a pesar de las percepciones negativas de los votantes en estos tres estados, estos son perfectamente capaces de hilar más fino con respecto a las diferencias y características que distinguen a los dos precandidatos. Por un lado los votantes encuestados creen que Trump haría un mejor papel en el manejo de la economía y por un muy estrecho margen, en confrontar al terrorismo. Por el otro, los votantes piensan que Clinton es mucho más inteligente que él y que posee valores y estándares morales mucho más elevados que Trump.

Y es en este terreno en el cual Clinton goza de una enorme ventaja sobre su casi seguro rival en la contienda presidencial. Por márgenes muy amplios, en los tres estados en los cuales se levantó la encuesta, los votantes consideran que la ex Secretaria de Estado tiene el temperamento idóneo para confrontar y manejar las crisis internacionales. Y por márgenes aún más elevados, creen que Trump no posee esas virtudes. Es más, sus negativos en este rubro son estratosféricos. Solamente el 34% de los votantes en Florida consideran que su personalidad le permitirá encarar crisis internacionales, comparado con 62% que no lo creen así. Los datos de la encuesta en Pennsylvania son muy similares, pero en Ohio son aún peores los números: 29% a 63%. No es descabellado pensar que con estos números, una versión actualizada del emblemático spot de campaña de Clinton en 2008 sobre la “llamada telefónica a las 2 AM” podría hacerle mucho daño a Trump una vez arrancada la contienda presidencial.

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Adicionalmente, este rubro pareciera representar un flanco más de vulnerabilidad para Trump y un alivio para quienes hemos denunciado la xenofobia, demagogia e irresponsabilidad imperante en el discurso y posicionamiento electorales del empresario. La encuesta de Quinnipiac no detecta un aumento en la aceptación del discurso nativista de Trump entre el electorado en general. La construcción de su lamentable y cacareado “muro hermoso” con México, por ejemplo, divide a los votantes en Florida por la mitad, mientras que votantes en Pennsylvania y Ohio lo rechazan por mayorías importantes. Y cuando a los votantes de los tres estados se les pregunta cómo deben ser tratados los inmigrantes indocumentados que se encuentran en Estados Unidos, la opción de permitirles quedarse y eventualmente solicitar la ciudadanía fue la más apoyada, con 57% a favor en Florida, 58% en Pennsylvania y 54% en Ohio. Sólo pequeñas minorías en esos tres estados consideran que a los migrantes indocumentados se les debería deportar. Qué paradoja sería si el tema que le generó la tracción política y electoral en la primaria Republicana con un amplio sector de militantes o simpatizantes Republicanos acabase siendo uno de sus talones de Aquiles en la elección general.

Al final del día, lo más notable de esta encuesta es que muestra que las primarias han modificado muy poco las preferencias y tendencias electorales. En agosto del año pasado, Trump le llevaba una delantera estadísticamente insignificante de 43% a 41% en Florida; ahora ella lleva la delantera por un estadísticamente insignificante margen de 43% a 42%. En Pennsylvania llevaba una ventaja pequeña de 45% a 40% y hoy esta es de 43% a 42%. En Ohio, una ventaja favorable a Clinton de 43% a 38% se ha invertido a una ventaja para su contrincante potencial de 43% a 39%.

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Esto demuestra que no será fácil incidir de manera significativa en segmentos del electorado y de la opinión pública que ya se ha formado un concepto general de ambos contendientes potenciales, que nada está escrito aún y que seguramente serán la calidad de las campañas o incluso eventos exógenos, fuera del control de ambos candidatos, los que acaben incidiendo en inclinar el resultado de la contienda en noviembre.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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