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Una mujer ondea una bandera estadounidense en los alrededores de la embajada de ese país en La Habana, el 20 de julio de 2015, cuando la sede reabrió sus puertas. 

Cuba: ¡Llegaron los yanquis!

Cuba: ¡Llegaron los yanquis!

La Habana se prepara para izar la bandera de EEUU en la nueva embajada este viernes, un día después del cumpleaños de Fidel Castro. 

Una mujer ondea una bandera estadounidense en los alrededores de la emba...
Una mujer ondea una bandera estadounidense en los alrededores de la embajada de ese país en La Habana, el 20 de julio de 2015, cuando la sede reabrió sus puertas. 

Por Lioman Lima, desde La Habana

El Monte de las Banderas de La Habana, un manojo de 138 astas diseñado en 2006 para ocultar una pizarra informativa de la entonces Sección de Intereses de Washington, tendrá desde este viernes una nueva integrante.

Un día después del cumpleaños de Fidel Castro y en el mismo lugar que fue, por décadas, epicentro de marchas, discursos, tribunas y protestas, estará la insignia nacional de Estados Unidos. Como una trastada política del destino, desde la posición reservada a ella, parecerá que dirige el concierto de banderas que el gobierno cubano creó para que “ondearan dignas frente a los ojos del imperio”. 

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Pero la enseña estadounidense que se izará por primera vez en la capital de Cuba en más de 50 años, con la presencia del secretario de Estado John Kerry, será quizás la más grande, la más alta; pero no la única. 

Desde diciembre pasado, cuando los gobiernos de Cuba y Estados Unidos anunciaron el deshielo diplomático entre las dos naciones, una fiebre de banderas gringas invadió La Habana y otras regiones del país

Lo que hasta hace muy poco podía ser penalizado con multas y hasta cárcel  - detectar personas que portaran “símbolos del enemigo” era una de las tareas de la acuciosa Policía Nacional- se convirtió en una desenfadada moda que ha llegado a camisetas, bolsos, gorras, pantalones y hasta decoraciones de tiendas particulares, cafeterías, carros, carritos de granizado, taxis y bicitaxis, unas bicicletas de tres ruedas usadas como alternativa para el transporte público.

“Te cuesta a peso (más de un dólar) la banderita”, explica Mercedes Rodríguez, una vendedora de un local de artesanías de la céntrica calle Obispo, en La Habana Vieja. Allí, entre negras de barro con trajes típicos y grandes nalgas, pulseras y mil baratijas con la inscripción “Cuba” está un manojo de banderitas gringas, el nuevo producto-sensación traído desde la Florida, Ecuador o Venezuela, los mercados negros emergentes para la importación de textiles y otros artículos de primera o ninguna necesidad a la isla.

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Ahora son la fiebre… Ya tú sabes, vienen los yanquis…”, dice entre risas la vendedora y, a la vez, resume un pensamiento que se ha instalado en el imaginario común: para muchos cubanos, el restablecimiento de las relaciones entre los dos países implicará una “invasión americana”, la misma que temió por casi 50 años Fidel Castro. Pero que ahora, en lugar de misiles y cohetes, podría tener la forma de McDonald’s y pollo congelado. 

“Es llamativo, pero a la vez preocupante, el cambio que se puede advertir en el imaginario de ciertos grupos sociales desde el anuncio del pasado 17 de diciembre”, señala una socióloga y profesora universitaria cubana, que solicitó el anonimato por temor a perder su trabajo en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de La Habana.

“Muchas personas han confundido este proceso de normalización con una especie de futura norteamericanización (sic) de Cuba. Es, claro está, una visión equivocada, pero que también tiene causas muy básicas”, agrega. 

La especialista opina que, durante muchos años, una de las bases de la política de la Revolución cubana, de su doctrina, de su imagen y proyección internacional, fue la “lucha antimperialista”.  “Era algo que se nos enseñaba a los cubanos como un valor y un deber. Y ahora, de alguna manera, todo eso se ha venido abajo. Es para muchos, lógicamente, la pérdida de un referente”.

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Más del 80 % de la población actual de Cuba nació después del inicio de la revolución, que concentró su discurso durante cinco décadas en una implacable disputa con el país vecino. Los libros de textos escolares, las pancartas en las calles, la mayor parte de la propaganda en medios audiovisuales y casi todos los discursos de los principales líderes aludían a Estados Unidos como el “enemigo” y destacaban la superioridad de Cuba, al valor y la preparación militar de su población para hacer frente a un inminente ataque del “imperialismo”. 

¿Aires de cambio?

El que camina por las calle de La Habana bajo el tórrido sol de agosto ya no encuentra grandes pancartas contra el viejo Godot de la revolución. Ya es casi una rareza lo que, hasta hace ocho meses, formó parte inevitable de lo cotidiano. 

Las omnipresentes vallas y muros con letreros de dibujos torpes, tipografía de inspiración soviética y mensajes del tipo "Cuba sí, yanquis no", "Yanquis go home", "Abajo el imperialismo" o la célebre arenga de Fidel Castro "Señores imperialistas, ¡no les tenemos absolutamente ningún miedo!" ya forman parten de la nostalgia y el pasado combatiente en casi toda la isla. 

Tampoco la televisión cubana pasa más sus antológicas propagandas contra los gobernantes de turno de la Casa Blanca, que eran satirizados cotidianamente y comparados con Hitler u otros halagos semejantes. 

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Y los medios impresos y digitales, tan solícitos en adjetivos, caricaturas e improperios hacia la política estadounidense, reportan con un llamativo laconismo sobre lo que fue noticia a 90 millas de La Habana.

Varios periodistas cubanos consultados por Univision explican la causa: la llamada “línea de mensaje”, la política informativa que dicta a los medios oficiales el Departamento Ideológico del Partido Comunista para el tratamiento de determinados “temas sensibles”, es clara: suavizar la mano; pero a la vez, machacar que los pasos dados por Washington para el restablecimiento de las relaciones son tímidos, lentos y que nada cambiará hasta que no se levante el bloqueo/embargo.

De las medidas tomadas por el gobierno de Cuba nada se dice. Ni en la isla ni en ninguna otra parte. Tal vez porque casi nada se ha hecho o al menos, nadie se ha enterado. Solo se habla de la conexión wifi en algunos parques y avenidas, a un precio de dos pesos en moneda convertible por hora: más de dos dólares al cambio corriente, en un país donde el salario medio no supera los 25 dólares. 

Sin embargo, para el politólogo cubano Julio César Guanche, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas no solo debería facilitar el acceso internet, sino también llevar a superar ciertos atavismos que han sumido al país en un provinciano control de la información y el debate. 

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Para lograr esto el profesor universitario cree que  Cuba necesitaría construir un escenario de distensión, que contribuya a reformular el complejo simbólico de la “plaza sitiada”, que ha justificado por mucho tiempo la limitación del debate público y la canalización efectiva de discrepancias.

Pero las señales de los tiempos parecen indicar que al gobierno cubano no le resulta nada fácil desistir de su ya legendaria tozudez. Solo el pasado fin de semana unos 90 disidentes fueron apresados en La Habana durante una protesta. Mientras, sigue pesando ante la opinión pública internacional la retención en Cuba de la artista de la plástica Tania Bruguera, que ha sido perseguida, golpeada y acosada por proyectar una performance en la que les daría a los cubanos un espacio para opinar sobre el deshielo. 

El frustrado intento de Bruguera de poner un micrófono en la Plaza de la Revolución, para que los asistentes compartieran visiones sobre lo que sucedía, se convirtió de alguna manera en una verdadera presentación de lo que pasa en la isla; una metáfora de lo que acontece a nivel político y que ha demostrado, claramente, el estrafalario temor de las autoridades cubanas a la voz del que disiente. 

Bienvenidos a Cuba - Adiós

La atmósfera de incertidumbre que pesa sobre los cielos rojos de Cuba se ha convertido también en un circo político que atrae y aleja espectadores y testigos en dos sentidos.

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Pese a la temporada baja, miles de extranjeros llegan desde hace meses de todas partes del mundo para observar "los últimos tiempos del castrismo". En temporadas en las que generalmente los hoteles y casas de alquiler acumulan polvo y telarañas, las habitaciones encienden sus luces en la noche de forma inusitada. 

El flujo de turistas internacionales ha aumentado en 15% respecto a 2014. Pero el de estadounidenses superó la cifra del año pasado en más de 50%

De acuerdo con el profesor de la Facultad de Turismo José Luis Perelló Cabrera, entre enero y junio viajaron desde Estados Unidos a la isla, de forma directa, 57,170 personas. Otras 18,700 lo hicieron a través de terceros países y se prevé que las cifras se multipliquen después de la inauguración oficial de la embajada.

En sentido contrario, una oleada de cubanos ha tomado el avión o las balsas en dirección norte, este, oeste o sur, por temor de que acaben los privilegios que les ofrece el gobierno de Estados Unidos al arribar a sus puestos fronterizos. 

Michel Núñez González llegó a inicios de agosto a Miami, un paso que había valorado en otras ocasiones; pero no lo decidió hasta que vio los riesgos de que desaparezca la Ley de Ajuste Cubano, que otorga residencia temporal, permiso de trabajo, seguro médico y bonos alimenticios a los inmigrantes ilegales cubanos.  

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"Fue una decisión que ya había meditado antes, pero ahora el riesgo es más fuerte y prefiero estar más seguro del lado de acá. ¿Por qué? Porque no creo que exista, en lo cercano, un futuro para mí en Cuba. No creo que haya un futuro en la isla, al menos no para los cubanos. El futuro que viene con todo esto a Cuba es para los grandes inversores y para aquellos que detentan el poder", dijo el fotorreportero, de 35 años. 

Solo en los tres primeros meses de 2015, unos 1,000 cubanos fueron detenidos, interceptados o rescatados durante su fuga hacia Estados Unidos por diferentes países, una cifra que supera en 118% a la reportada en 2014, según un mapa de inmigración ilegal publicado por Diario de Cuba

Hasta julio pasado, unos 5,000 fueron detectados por las autoridades hondureñas en su tránsito hacia el norte; unos 8,000 pasaron por Panamá y cerca de 13,000 por México, cifra ya cercana a los más de 17, 000 reportados en ese país en el pasado año fiscal.  

Welcome, compañero Kerry

Mientras tanto, La Habana se prepara para la llegada John Kerry este viernes. Una preparación silenciosa pero diligente. Casi nada se ha dicho del arribo del secretario de Estado en los medios locales, ni siquiera se ha publicado una semblanza. Solo el sitio oficioso Cubadebate ha levantado una nota, publicada originalmente en La Jornada y que culmina con una posdata: “Chávez vive”.

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Nada nuevo. Pero el cubano atento que camina por las calles de La Habana puede darse cuenta, por los movimientos inusuales de la ciudad, que alguien importante está por llegar.  

Desde finales de julio, cientos de pintores de brocha gorda y reparadores de baches salieron en manadas a varias avenidas principales a remendar las vías, maquillar las fachadas de edificios en decrépito estado o a demoler algunos que ya no aguantan más. Una técnica muy frecuente aquí cuando se quiere mostrar a los distinguidos visitantes lo bien conservada que se mantiene la capital. 

Una nota de prensa publicada en días pasados parece confirmar lo que ya era una realidad a ojos vista: funcionarios estadounidenses que organizan la ceremonia en la embajada de La Habana dijeron a la agencia AP que Kerry planea dar un breve paseo por la ciudad. 

Esto será después de dejar una nueva integrante frente al Monte de las Banderas, el monumento que, por cierto, dividirá la nueva embajada de otra antológica construcción del pasado: la Tribuna Antimperialista.

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