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Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras

Presidente de Honduras afirma que su país ya no es el más violento del mundo

Presidente de Honduras afirma que su país ya no es el más violento del mundo

Juan Orlando Hernández informó que la tasa de homicidios se redujo a 20 por cada 100,000 habitantes, desde 56,7 del año anterior.

Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras
Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, afirmó este lunes que su país dejó de ser el país más violento del planeta, dudosa reputación que le corresponde ahora su vecino El Salvador.

El gobernante hondureño alude cifras preliminares del Ministerio de Seguridad de su país, según las cuales la tasa de homicidios bajó en unos 20 asesinatos por cada 100,000 habitantes desde que asumió el poder en enero de 2014. Hace un año era de 56,7 por cada 100,000 habitantes.

El Salvado llevó la tasa de homicidios el año pasado a un récord de 103 por cada 100,000 habitantes.

Hernández atribuye el logro en seguridad a la aplicación de una estrategia militar contra pandilleros y carteles del narcotráfico.

"Honduras dejó de ser el país más violento en la faz de la tierra, quebramos la tendencia", dijo el mandatario en la presentación de su informe anual de labores ante el Congreso.

"Con los esfuerzos de seguridad hemos salvado más de 3,000 vidas de los hondureños (...) y en dos años se ha reducido en un 70 por ciento el paso de la droga por el territorio hondureño", agregó en su discurso.

Según cifras preliminares del Ministerio de Seguridad, en 2013 se cometieron 75,1 homicidios por cada 100.000 habitantes y un año más tarde bajó a 67,5.

El Observatorio de la Violencia, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, había reportado en 2014 una reducción a 68 homicidios por cada 100,000 habitantes respecto a los 79 de 2013. El ente todavía no ha publicado cifras de 2015.

Desde que asumió el poder en enero de 2014, Hernández delegó en los militares la inteligencia policial y las operaciones antinarcóticos, al tiempo que desplegó en las calles la policía militar de orden público para patrullar las hostiles barriadas hondureñas dominadas por las pandillas.

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La estrategia repercutió en el notable descenso de las cifras criminales, que en 2012 habían llevado a Honduras al podio de los países más violentos con una tasa de 90 homicidios por cada 100,000 habitantes, y se ha convertido en un elemento clave en la aprobación del mandatario.

Sin embargo, la militarización también ha levantado críticas de activistas de derechos humanos, que denuncian asesinatos, torturas y detenciones ilegales por parte de los uniformados asignados a la protección ciudadana.

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