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Motaz Alafandi con su hijo Sami y su esposa Alia en su casa en Dallas

Sirio en EEUU: “¿Por qué nos tienen miedo?”

Sirio en EEUU: “¿Por qué nos tienen miedo?”

La familia Alafandi llegó al país hace un año como miles que huían de la guerra civil en su país. Ahora vive con miedo de que tras el periplo que emprendieron para llegar a Estados Unidos puedan ser expulsados por una decisión política.

Motaz Alafandi con su hijo Sami y su esposa Alia en su casa en Dallas
Motaz Alafandi con su hijo Sami y su esposa Alia en su casa en Dallas

Dallas, TEXAS.- Motaz Alafandi es sirio y musulmán. Dice que no es terrorista ni está asociado a Estado Islámico. Llegó hace un año a Estados Unidos huyendo, precisamente, del terror.

El gobierno de Bashar al Asad lo apresó en 2011 en una cárcel gubernamental en Damasco y lo torturó por participar en una protesta callejera que demandaba "libertad".

Alafandi vive ahora en Richardson, un suburbio residencial al noreste de Dallas, Texas, el segundo estado de la unión que ha acogido más refugiados sirios desde el inicio de la guerra civil en 2011, según datos del Departamento de Estado.

Motaz Alafandi, uno de los más de 200 sirios que viven en Texas Univision


Le espanta la posibilidad de ser expulsado del país, luego de que una treintena de gobernadores –la mayoría republicanos– anunciaran su negativa de recibir nuevos sirios tras los atentados de París el viernes 13 de noviembre.

“Me entristece cuando escucho a la gente decir que no debemos entrar a Estados Unidos. No entienden que somos gente inocente que huye de torturas, muerte y para ayudar a nuestras familias a sobrevivir”, dice este sirio de 47 años.

La placidez del apartamento donde vive con su esposa y tres de sus cuatro hijos no refleja la crudeza de su pasado reciente ni el periplo que afrontó la familia para llegar hasta aquí.

En el nuevo hogar, todo lo que tienen son donativos: la mesa de madera del comedor, los sofás color café de la sala, la litera del pequeño Sami, el reloj que marca las 8 de la noche. Todo lo que tenían lo dejaron atrás: una casa en Harasta (al noreste de Damasco), una fábrica de cosméticos, madres, padres, hermanos.

Una ONG donó muebles y ropa a la familia Alafandi
Una ONG donó muebles y ropa a la familia Alafandi


Ahora, en Texas, Alafandi trabaja como valet parking en un edificio del centro de Dallas. Entra a las 3 de la tarde y sale a las 12 de la noche. A veces, para ganarse un extra, toma los turnos de otros compañeros y llega a casa a las 3 de la madrugada.

Su situación migratoria es incierta. En febrero, él y su esposa solicitaron el Estatus de Protección Temporal (TPS) que permite trabajar a personas que huyen de conflictos armados en sus países.

Pero la oficina de correo perdió los tan esperados documentos. De nuevo, tuvieron que llenar los formularios y pagar las tasas. “Sin eso nadie quiere darme empleo”, lamenta la esposa, Alia Alrefai, una maestra de árabe.


Chequeo tras chequeo

En el último año fiscal, Estados Unidos recibió a 1,682 sirios, una cifra pequeña si se le compara con los 70,000 refugiados que el país ha acogido anualmente desde 2012 procedentes de distintos países.

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha prometido además que, para 2016, admitirán a otros 10,000 sirios. Alemania aspira a recibir 500,000 refugiados al año.

Todos huyen de una guerra civil que empezó en 2011 y ha dejado más de 200,000 muertos, según la ONU.

Es un conflicto de Al Asad –catalogado como “dictador” por el presidente Obama– con unos mil grupos rebeldes en un complejo rompecabezas que mantiene fragmentado al país árabe.

Pero la cooperación de la comunidad internacional con los sirios se complicó. Los ataques del grupo terrorista ISIS en París, donde murieron 130 personas, dispararon la sensación de inseguridad entre algunos ciudadanos y políticos.

Además de los gobernadores, la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, aprobó el jueves 19 un proyecto de ley para suspender la acogida de sirios, a la espera del voto del Senado y bajo la amenaza de veto de Obama.

“¿Por qué nos tienen miedo?”, se pregunta Alafandi. “Solo buscamos un refugio para vivir”.

“Creo que no es justo. No todos los sirios son terroristas. Solo queremos vivir y educar a nuestros hijos”, replica su esposa.

"No hay que temerle a los refugiados" Univision


Incluso antes de los ataques en París, los solicitantes de asilo y refugio provenientes de Siria ya eran sometidos a rigurosas evaluaciones para ser aprobados, explica Sara Kauffman, directora del Servicio de Refugiados de Houston.  “ Es una de las formas más difíciles de entrar a Estados Unidos. Hay gente a quien le toma hasta dos años culminar el proceso”.

En una ponencia publicada el pasado 19 de noviembre en la página del Departamento de Estado, Simon Henshaw, secretario adjunto principal de Estado para Población, Refugiados y Migración, explicó los “intensos” chequeos de seguridad a los que son sometidos los refugiados sirios.

Sus expedientes son clasificados y pasan por las manos del Centro Nacional contra el Terrorismo, el centro de chequeo antiterrorista del FBI y los departamentos de Estado, Seguridad Nacional y Defensa.

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En entrevistas en el extranjero deben ofrecer detalles biográficos que van desde la historia de sus familias, amigos, actividades sociales, políticas y empleos, entre otras preguntas. Solo después de todas las revisiones, pueden entrar a Estados Unidos.“Hay unos cuatro millones de refugiados sirios registrados. Cuando oyes ese número y ves que en Texas solo han aceptado 200, te sientes realmente frustrado”, opina Kaufmann.

Siria, en Texas, esperando asilo Univision


 

El periplo hasta Dallas

Durante 14 años, Alafandi vivió en Arabia Saudita y trabajó como gerente de ventas de una empresa de publicidad. En 2011, cuando finalizó su contrato, perdió la residencia en el país. Entonces, comenzó a buscar nuevos destinos. Volver a Siria, el país que lo torturó durante una de sus visitas familiares, no era una opción.

Una de las pocas fotos que conservan tomada en Arabia Saudita
Una de las pocas fotos que conservan tomada en Arabia Saudita


“Quería ir a Europa”, cuenta el hombre. Pero para hacerlo tomaron el camino más largo por recomendación de un amigo: viajaron primero como turistas a Estados Unidos, donde permanecieron una semana. De allí siguieron a Suecia, donde solicitaron asilo político con la intermediación de un coyote (un traficante de personas).

Fuimos rechazados porque debíamos solicitar refugio en el primer país seguro al que llegáramos”, explica Alafandi. Al hacer el trámite, utilizaron solo la identificación siria y no sus pasaportes. “Hicimos lo que nos dijo el traficante, pero el gobierno sueco dijo que eso generaba sospecha, que ocultábamos algo”. Entonces volvieron a Estados Unidos.

“Alguien desde Canadá nos habló de un acuerdo entre los dos países. Nos explicaba que la única excepción de ese acuerdo eran los menores de edad”, dice. Entonces, de acuerdo con la recomendación, enviaron a su hija de 17 años, Yara. La idea inicial era que ella pidiera asilo y, una vez aceptada, el resto de la familia haría lo mismo. “Nos rechazaron”, lamenta de nuevo.

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“Ahora nosotros estamos atrapados aquí y ella allá”. Ellos esperan la respuesta de su asilo y su permiso de trabajo. A ella le han negado tres veces la visa estadounidense ante las sospechas de que quiera quedarse. Hace un año se dieron el último abrazo con su hija Yara.

A veces siento que no lo voy a lograr, me siento sin esperanzas”, explica. Luego, piensa que “es un asunto de tiempo”, se levanta y sigue el trayecto de la nueva vida en Estados Unidos. “No sabemos cuándo es que esto va a terminar”.

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