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Guerra contra el narcotráfico en México, ¿ya se perdió?

Guerra contra el narcotráfico en México, ¿ya se perdió?

A pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano para combatir el crimen organizado, la violencia no da tregua en el país.

Al principio de su mandato en el 2006, el entonces presidente de México Felipe Calderón decidió que la estrategia de su gobierno contra el narcotráfico tendría como prioridad la captura o asesinato de los líderes del crimen organizado y la fragmentación de las organizaciones criminales.

Pensó que así lograría disminuir no solo la violencia criminal sino el flujo de drogas a Estados Unidos. Lo que ocurrió fue diferente.  

En los meses que siguieron a la aplicación de la estrategia del gobierno, la violencia en México explotó.

Para el experto Eduardo Guerrero, esa dramática tendencia no miente. Algo andaba mal en la estrategia del gobierno mexicano. La fragmentación de los cárteles dio a luz un México aún más inestable.

Según declaró Guerrero: “Tuvimos un aumento de la violencia tremendo que inicia en mayo del 2008 cuando estas células empiezan a pelear entre ellas. Empiezan los enfrentamiento y sigue aumentando tremendamente la violencia y esto catapulta el índice de homicidios a niveles nunca antes vistos en el México contemporáneo.”

A pesar de la ola de violencia que desató el plan gubernamental, a pesar de las graves secuelas que han dejado el surgimiento de múltiples células criminales, el gobierno se mantuvo firme en la estrategia.

En la nueva coyuntura empezaron a florecer otras actividades criminales de gran impacto sobre todo en zonas no urbanas.

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Como explica Eduardo Guerrero: “Después de todos estos arrestos de capos, muchos de estos mandos medios de cárteles terminan desertando y formando nuevas células criminales ya no dedicadas al tráfico internacional, como la gran organización lo hacía, sino ahora pequeñas mafias locales que se dedican sobre todo a la extorsión y al secuestro.”

Y aunque la captura de los grandes capos ha continuado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (incluyendo la detención de figuras tan destacadas como Joaquín “El Chapo” Guzmán), la violencia no ha cesado.

¿Cómo explicar la permanencia de la criminalidad en el interior de México?

La respuesta para Eduardo Guerrero está en las corruptas policías municipales: “El problema en México es que nuestras policías locales pues prácticamente no existen o son muy débiles y esas células criminales tienen una gran capacidad para cooptar a las policías locales, hacerlas aliadas y con ellas trabajar, en conjunto, la extorsión y el secuestro mismo.”

La debilidad de las policías municipales llevó a muchas autoridades locales a aliarse con el crimen organizado, creando zonas enteras sin ley en las que puede pasar hasta lo inimaginable.

Y esa es la dura realidad mexicana. Sin autoridades locales que resistan el llamado del crimen, el México profundo, ese que está lejos del amparo de las autoridades que protegen las grandes ciudades, seguirá siendo vulnerable. Y sin ese México no hay paz posible…en muchos sentidos, dirían algunos, no hay México posible.

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