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Más minorías en ruta de la escuela a la prisión

Más minorías en ruta de la escuela a la prisión

Informe revela que las expulsiones y las suspensiones impactan desproporcionadamente a los niños de color

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Por Carmen Graciela Díaz @carmen7graciela

Un maestro le llama la atención a un estudiante prescolar. A ese niño o esa niña, cuando tiene apenas entre 3 y 5 años, lo suspenden o lo expulsan por problemas de conducta o quizás porque no le tuvieron suficiente tolerancia. Esa medida disciplinaria, drástica y temprana en su vida, puede hacer que ese alumno sea más propenso a tener bajo rendimiento académico, abandonar la escuela, delinquir y acabar en la prisión. Es la llamada "ruta de escuela a prisión" (conocida en inglés como "school-to-prison pipeline").


Más de tres millones de estudiantes de kindergarten a escuela secundaria fueron suspendidos de clases en el año escolar 2011-2012 y sobre 250,000 de estos fueron referidos a agencias de cumplimiento de la ley. Pero una investigación lanzada el jueves revela que las acciones disciplinarias de la escuela como las expulsiones y las suspensiones impactan desproporcionadamente a los niños de color. 


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Mientras los estudiantes afroamericanos conforman 18% de la matrícula prescolar, ellos representan el 42% de las suspensiones prescolares, revelan datos del Departamento de Educación de Estados Unidos que recoge el informe “Point of Entry: The Preschool-to-Prison Pipeline” del Center for American Progress (CAP) y el National Black Child Development Institute.


Los niños hispanos no están exentos de este problema: ellos representan el 29% de la matrícula de prescolar, 25% de ellos son suspendidos de clases una vez y 20% son suspendidos más de una vez, según la investigadora asociada del equipo de educación temprana del CAP Maryam Adamu, quien escribió el informe con Lauren Hogan.
La "ruta de escuela a prisión" se refiere a prácticas de disciplina escolar como suspensiones y expulsiones que tienen como secuela que los estudiantes abandonen la escuela y se encaminen al sistema penal. Como ha dicho el CAP en un informe anterior, estas tendencias podrían atribuirse al uso de tácticas punitivas disciplinarias del sistema de justicia penal que se cuelan en las aulas de Estados Unidos.

“Vemos una correlación entre ser suspendido o expulsado en prescolar y los niños que reportan sentirse desconectados de la escuela -el lugar donde van todos los días y donde deberían sentirte bienvenidos- y aquellos que luego son suspendidos en la carrera escolar y abandonan los estudios. La encarcelación entonces es un derivado de esto”, dice Adamu en torno al impacto que tienen estas medidas disciplinarias cuando los niños deberían estar construyendo relaciones positivas con sus compañeros, los maestros y la institución escolar.


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Este estudio subraya que desde los años 2000 se ha discutido la relación entre la “ruta de escuela a prisión” y la sobrepoblación de personas de color, primordialmente afroamericanos e hispanos, en el sistema criminal judicial.   


Pese a que el informe se enfoca en los estudiantes afroamericanos por estar sobrerrepresentados en la data, Adamu hace hincapié en que la “ruta de escuela a prisión” no le conviene a ningún niño. 


Como se resalta en este reporte, la práctica de suspender y expulsar a los niños, especialmente aquellos menores de 5 años, puede truncar el desarrollo infantil, reducir las posibilidades de éxito académico e incrementar las probabilidades de los niños y jóvenes de encarar eventualmente las autoridades. 


Los motivos para tales medidas disciplinarias de cero tolerancia varían, de acuerdo con el informe. “Hay muchas razones por las que los estudiantes puedan ser suspendidos desde prejuicios de los maestros hasta comportamientos que señalen que están lidiando con problemas emocionales. Pero también esas expulsiones pueden deberse a 'niños siendo niños' porque aunque se estén comportando mal, ellos están en pleno desarrollo cuando tienen entre 3 y 5 años”, asevera Adamu.


El informe, a su vez, pretende concienciar en torno a la criminalización de los niños, especialmente los afroamericanos.


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En comparación a sus pares blancos, los hispanos son dos veces más propensos a ser expulsados mientras los estudiantes afroamericanos tienen 3.5 más probabilidad, según la campaña Dignity in Schools basándose en datos de 2011-12 del Civil Rights Data Collection del Departamento de Educación de Estados Unidos. Los estudiantes con discapacidad, asimismo, tienen sobre dos veces más probabilidad (13%) de ser suspendidos en comparación a alumnos sin discapacidad (6%), estipuló un informe de 2014 del Civil Rights Data Collection.


Ante estas tendencias, el CAP y el National Black Child Development Institute recomiendan que las escuelas cuenten con servicios de apoyo emocional y de comportamiento así como consultas de salud mental para la niñez temprana, que las familias tengan un papel activo en el desempeño escolar de sus hijos y que los maestros sean más tolerantes ante la diversidad, entre otras medidas. 

“Tenemos que preguntarnos cómo construir una educación temprana, y a nivel general, que sea comprensiva de los distintos trasfondos culturales de los alumnos, y que los maestros puedan relacionarse y conectar con los estudiantes para desarrollar un sistema prescolar nacional con mayor justicia social y equidad racial”, sostiene Adamu.

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