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Dos estudiantes aprenden de salud pública en la Escuela Secundaria de Apopka.

Cómo la oleada de boricuas en Florida Central afecta las escuelas públicas

Cómo la oleada de boricuas en Florida Central afecta las escuelas públicas

La intensiva migración puertorriqueña en los alrededores de Orlando ha obligado a fortalecer los programas de inglés como segundo idioma.

Dos estudiantes aprenden de salud pública en la Escuela Secundari...
Dos estudiantes aprenden de salud pública en la Escuela Secundaria de Apopka.

Aldis Ruiz sale en las mañanas a la carretera 192, en Florida Central, y los ve. Grupos de niños que dejan los moteles para esperar el autobús escolar. Como ella, y como sus cuatro hijos, la mayoría son puertorriqueños, que llegaron escapando de la crisis económica en la isla. “Hay muchísimas madres como yo. Los hoteles están completamente llenos de personas normales, no de turistas. Se ven muchísimos padres en la misma situación”, dice esta madre soltera, que lleva un año viviendo así.

Porque, mientras el gobierno de Puerto Rico marcó otro hito en la crisis financiera la semana pasada al incumplir el pago de 367 millones de dólares, familias enteras siguen dejando la isla. Y el destino preferido, como se ha dicho anteriormente, ya no es Nueva York, sino Orlando y sus alrededores. Mientras la población del estado libre asociado ha descendido en un 9% desde 2000, al área de Florida Central habrían llegado más de 314,000 boricuas.

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Esta fuerte migración se está sintiendo en las escuelas públicas de la zona. En el condado de Orange, donde se ubica Orlando, pasaron de recibir 764 estudiantes que vivían en Puerto Rico en 2010 a 1,438 en 2015. Eso es un aumento de alrededor del doble en sólo cinco años. Por su parte, en el condado aledaño de Polk, 1,600 estudiantes son puertorriqueños y en Osceola, aunque no entregan números separados, ya que estadísticamente Puerto Rico es parte de Estados Unidos, la población estudiantil proveniente de este país es altísima.

“Yo llevo aproximadamente trece años trabajando para el condado de Osceola”, dice una maestra de biología que prefiere mantenerse en el anonimato . “En los últimos años, sobre todo en 2015, el incremento de estudiantes puertorriqueños ha sido muy grande. Pero me preocupa un poco si el sistema está preparado para recibir tantos alumnos que no dominan el idioma”.

Esta maestra, que es boricua, dice que hoy un 80% de sus alumnos son puertorriqueños. “A veces se ve un poco de rezago. En sus habilidades de estudio y de preparación de proyectos llegan con un poco de desventaja”, explica. “Pasa que llega un estudiante a comienzos del año y para la mitad de año ellos todavía no se ha adaptado en términos de lo que se espera. Muchas veces en ellos se ven problemas de comportamiento y académicos. Lo ideal a esa altura es ya verlos crecer”.

Aldis Ruiz y sus niños antes de la escuela en Orlando, Florida.
Aldis Ruiz y sus niños antes de la escuela en Orlando, Florida.

Pero, en el caso de los hijos de Aldis Ruiz, la experiencia ha sido muy positiva. Luego de un año, su hija mayor es totalmente bilingüe. “Además, yo tengo una niña de educación especial y en Puerto Rico no le daban suficiente dedicación para estos temas”, explica esta mujer. Y, a pesar de que sus hijos se han debido cambiar tres veces de escuelas, cada vez que se han mudado de hotel en la zona, dice que los niños están felices. “Hay mucha comunicación con los maestros. Acá están aprendiendo mucho más, están mucho más adelantados que en mi país”.

En el condado de Polk dicen que este cambio demográfico no ha generado conflictos. “Tenemos un influjo de estudiantes puertorriqueños llegando, pero no lo vemos como un problema. Es un desafío como crecimiento, por la cantidad de estudiantes de inglés”, dice Juan Seda, vocero de las escuelas de este condado. “Pero tenemos un programa suficientemente grande. Nuestro número total de estudiantes de inglés son poco más de 11,000, y de ellos 1,600 son de Puerto Rico, sin contar los nacidos en Estados Unidos”.

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En Polk, el crecimiento de estudiantes puertorriqueños ha sido de entre 2 y 3% al año, y se espera que siga aumentando. Mientras tanto, en el condado de Orange dicen que están haciendo esfuerzos para buscar más maestros que hablen español, los que incluyen trabajar con universidades y otras instituciones para atraer profesores.

Alumnos en el Nap Ford Charter School, en Orlando.
Alumnos en el Nap Ford Charter School, en Orlando.

“Durante los últimos tres años, las Escuelas Públicas del Condado de Orange han hecho alrededor de quince ferias laborales en Orlando”, dijo un vocero de estas instituciones. “Los candidatos a maestros de Puerto Rico y otros países hispanos han participado y se les ofrecen empleos en ese mismo lugar”.

Sin embargo, hay preocupación entre la comunidad escolar. “Como padre, he visto un aumento de los estudiantes hispanos, pero no he visto un aumento en los maestros certificados para enseñar inglés como segunda lengua”, dice Mady Plumey-Cruz, puertorriqueña que fue presidente de la Asociación de Padres (PTA) del condado de Orange durante 2015 y 2016. “Debido a que el estado de Florida requiere tantos exámenes, necesitamos asegurarnos que existan las herramientas necesarias para el éxito de los estudiantes de inglés como segundo idioma”.

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Pero, además de la cantidad de maestros, hay otros dos problemas que necesitan ser resueltos. Uno es el de la participación de los padres en el proceso escolar, la que se ve limitada por el idioma. Esto está comprobado que tiene directa relación con mejores calificaciones y el éxito en el futuro.

Y el otro potencial problema es el del costo psicológico en los estudiantes de este proceso de cambio. “La transición, dejar familia y amigos puede ser muy difícil. Muchos adolescentes experimentan ansiedad y depresión, tienen que manejar un lenguaje que les es desconocido”, explica Cristali Capielo, una psicóloga que ha estudiado estos procesos. “Muchos de los que llegan no tienen el inglés básico que necesitan para aprender de los maestros”.

De acuerdo a Capielo, esto es un problema especialmente complejo en las escuelas, porque muchos de los psicólogos en estas instituciones son expertos en temas de exámenes para analizar discapacidades y problemas de aprendizaje, pero no necesariamente estos otras situaciones como las anteriormente nombradas.

Y, finalmente, está el costo psicológico en los mismos padres, como explica Aldis Ruiz. “El otro día estuve apunto de irme. Extraño a mi familia y a mi gente”, recuerda. Sin embargo, sus hijos son para ella una fortaleza que la hace quedarse. “Ellos están muy contentos acá. Están conformes con lo que tienen en el hotel, la piscina, los cuartitos en la cama. Y ya han hecho amigos en la escuela”.

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Natalie Delgadillo contribuyó en la investigación de este artículo.

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