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La ciudad de Cap Haitien necesita mayor planificación y apoyo en el manejo de la basura.

Cap Haitien y el desafío de manejar la basura en el país más pobre de Latinoamérica

Cap Haitien y el desafío de manejar la basura en el país más pobre de Latinoamérica

Uno de los muchos problemas de la segunda ciudad más grande de Haití es el manejo de los desechos, que muchas veces contaminan las aguas y su tierra. Un nuevo proyecto podría contribuir a su solución.

La ciudad de Cap Haitien necesita mayor planificación y apoyo en el mane...
La ciudad de Cap Haitien necesita mayor planificación y apoyo en el manejo de la basura.

Los fines de semana, Ryan Delaney, originario de Seattle y cofundador de la empresa Carbonroots International en Cap Haitien, tiene una rutina fija. Maneja durante 30 minutos para llegar a “algunas de las playas más hermosas del caribe”, según explica. Ahí descansa antes de retomar sus actividades, el lunes en la mañana.

“Me encantan las playas y aquí muchas veces eres la única persona en pisar la arena, porque los turistas aún no han llegado. Este es un lugar maravilloso, de hecho fue la capital del imperio francés en el hemisferio occidental”, dice.

Desde que se instaló en Cap Haitien, en 2012, para abrir una empresa que explota el carbón de manera sostenible, Ryan Delaney ha descubierto las maravillas de ésta, la segunda urbe más importante de Haití.


Se trata de una ciudad que combina una naturaleza privilegiada con riqueza patrimonial e histórica, pero Delaney también ha visto de cerca los retos a los que se enfrenta. Porque, a pesar de todas sus riquezas –sus playas blancas y su agua cristalina, la imponente ‘Citadelle’ construida por el rey Henry Christophe cuando Haití aun era una colonia francesa y la atractiva arquitectura del centro, que recuerda la del Barrio Francés de Nueva Orleans– este lugar no escapa de la realidad del país al que pertenece. Haití es el estado más pobre del hemisferio occidental, según el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, y tres cuartos de sus habitantes viven bajo el umbral de pobreza.

Cap Haitien en 2004. La situación ha mejorado, pero todavía son necesari...
Cap Haitien en 2004. La situación ha mejorado, pero todavía son necesarios muchísimos progresos para resolver sus problemas sanitarios.

“Cap Haitien es una especie de microcosmos de todo Haití”, resume Delaney, cuya empresa produce carbón fabricado a partir de desechos orgánicos que vende a un precio inferior al carbón de madera, masivamente usado en las casas y responsable de la desforestación casi total de Haití. “Al igual que el resto del país, Cap Haitien tiene una historia impresionante, un gran potencial turístico, sin embargo se enfrenta a un gran número de problemas de infraestructura”.

Ubicada a 275 kilómetros de la capital Puerto Príncipe, en la costa noreste del país, Cap Haitien se extiende entre el mar y la montaña. Cuenta con más de 500 mil habitantes. Muchos llegaron en las últimas décadas producto de las catástrofes naturales que obligaron a la población de las áreas rurales de Haití a buscar nuevas oportunidades de trabajo en la ciudad.

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En los últimos años, a pesar de la inestabilidad política, Cap Haitien se ha convertido lentamente en un destino turístico más atractivo, en especial por la presencia del puerto de Labadie, donde atracan los cruceros de Royal Caribbean. Solo el año pasado, este recibió a 650 mil visitantes. El turismo conoció un nuevo impulso en 2014, cuando American Airlines abrió un vuelo directo a Cap Haitien desde Miami. Hoy, hay dos nuevos hoteles en construcción –entre ellos un Marriot– que duplicarán la cantidad de piezas disponibles. Quienes viven ahí aseguran que en los días de semanas los principales restaurantes de la ciudad se llenan.

Pero Cap Haitien es también una ciudad en permanente estado de crisis. “Hasta los años 70 o alrededor de 1975 tenía aproximadamente 60 mil habitantes con una infraestructura para 40 mil. Y hoy se estima que están en cerca de 600 mil habitantes con esa misma infraestructura”, dice Jean-Louis Testud, vicealcalde de la municipalidad francesa de Suresnes, que tiene desde 1998 un programa de cooperación con la municipalidad de Cap Haitien. “Todos los desechos se tiran en el manglar, que sirve de base territorial para las villas miserias. Con cada lluvia tropical o ciclón se corre el riesgo de tener cientos o miles de muertos y desde el punto de vista sanitario es un espanto”.


Frits Ohler fue representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en Haití entre 2012 y junio pasado y vivió en Cap Haitien a comienzos de los 90. Explica que desde esa época, la ciudad fue creciendo de manera desproporcionada, tragándose los pueblos aledaños y los terrenos agrícolas circundantes. A eso se sumaron nuevas construcciones en el borde costero al este de Cap Haitien. Fue este crecimiento demográfico que llevó la ciudad, ya superada por las necesidades de su población original, al borde del colapso.

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“La mayor parte de esta expansión se hizo sin planificación real, y muchos de los lugares construidos son vulnerables a las inundaciones”, dice Ohler. “A eso se suma la desforestación que en Cap Haitien ha llevado al aumento de sedimentos en ríos y otras corrientes de agua, lo que bloquea los sistema de drenaje, multiplica y agrava las inundaciones”.

Un perfil urbano de Cap Haitien realizado por ONU Habitat confirma las observaciones de Testud y Ohler. El documento dice que “ la red de saneamiento es deficiente, así como el servicio de recolección de los desechos” y agrega que hay una fuerte contaminación en el aire por la central de petróleo instalada en el puerto, lo que “contribuye a la proliferación de enfermedades como la malaria y la tifoidea”.

El problema de la basura es sin duda la principal urgencia. Estudios internacionales revelan que la falta de manejo de desechos tiene graves consecuencias sobre la salud: contamina el suelo y las aguas subterráneas, favorece la transmisión de enfermedades y de problemas respiratorios y digestivos. Además, produce gases de efecto invernadero. En Cap Haitien, el circulo de la pobreza obliga a muchos de sus habitantes a vivir en los manglares donde llega una parte importante de la basura, lo que agrava la situación.

“Tradicionalmente, hace 30 años, la gente esperaba que llegara la lluvia para que se llevara la basura hacia la bahía. Eso sigue ocurriendo hoy”, dice Frits Ohler. Debido a la prevalencia de cólera, la mayoría de la gente trata de tomar agua potable que compra por poco dinero en pequeñas que luego botan en la calle. “Los desagües están completamente tapados por esos desechos. Por otro lado, la ciudad tiene una laguna muy grande donde llega mucha de la basura y que está rodeada de algunas de las villas miserias más pobres del país. Es un lugar que parece sacado del infierno. Sin embargo, eso no impide que los lugareños pesquen ahí pequeños peces y camarones, y se los coman”.

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Jean Frantzdy, director general de la municipalidad de Cap Haitien, revela con cifras la dimensión del problema. Explica que en su ciudad, la producción de desechos es de 15 a 20 mil toneladas al año. Si bien existe un servicio que permite mantener el centro relativamente limpio, en los otros barrios, no hay un sistema que funcione de manera adecuada.

“El tema de la gestión de desechos sigue siendo un problema mayor en la ciudad. Y eso ocurre desde la prerecolección y recolección hasta la valorización y el enterramiento de la basura”, dice Frantzdy. “Eso hace que encontremos desechos en los canales, los ríos, en el litoral y en todos lados en la calle, por falta de un servicio eficiente que intervenga a lo largo de la cadena”.

Vista de Cap Haitien desde las alturas. La ciudad está rodeada de agua y...
Vista de Cap Haitien desde las alturas. La ciudad está rodeada de agua y montañas, las que han sido contaminadas.

La municipalidad no se ha quedado con los brazos cruzados. Desde 2006, busca, con el apoyo de las autoridades de Suresnes, resolver el problema. En 2011, de hecho, consiguió 3,4 millones de euros (3.72 millones de dólares) de financiamiento de la Agencia Francesa de Desarrollo para distintos proyectos, incluido uno de manejo de desechos. Para llevarlo a cabo, Cap Haitien se unió a dos municipalidades vecinas, Limonade y Quartier Morin, para construir una planta de recuperación y de compostaje que debiera estar lista en 2017.

La municipalidad planea además la construcción de un centro de enterramiento de los desechos financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, aunque la fecha para el inicio de las obras aún no se define. Pero eso no ha sido suficiente. A pesar de los esfuerzos realizados, explica Frantzdy, la población no deja de “cuestionar las autoridades” sobre la situación sanitaria de la comuna, que se agrava cada vez más.

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Sacar Cap Haitien de su precariedad no es fácil. Conrad Schutt, quien trabaja como intermediario entre el puerto de Cap Haitien y los cruceros Royal Caribbean, es haitiano de nacimiento y se crió en esta ciudad. Considera crucial para el desarrollo del turismo que Cap Haitien sea más limpio. Pero explica que, a pesar de su intención de mejorar las cosas, la municipalidad no cuenta con los recursos para hacerlo.

Esto es como si te mandaran a pelear una guerra solo con un palo. Hay tanto que se puede hacer pero ¿cómo lo haces? Así como están las cosas hoy no hay fondos, solo sueños y esperanzas”, dice.

Schutt lamenta que Haití se haya “acostumbrado” a vivir de la asistencia de los países desarrollados. Para poder salir adelante, insiste, es necesario buscar soluciones que involucren a los haitianos y los haga responsable de los resultados.

“El modelo actual no es sustentable. Depende de la asistencia de otros y no hay seguimiento. Ves gente venir, gastar millones de dólares y luego irse”, dice Schutt.

Pasar a un modelo más sustentable que implique una mayor participación de los haitianos y oportunidades de empleo a largo plazo es justamente a lo que aspira el alcalde Jean-Claude Mondésir. Por eso, este año la municipalidad postuló al concurso Reto de los Alcaldes de Bloomberg Philantropies, con un proyecto que se funda en el trabajo comunitario y que llevó la ciudad a estar entre los 20 finalistas. La idea es crear un mecanismo que permita que los ciudadanos mismos conviertan la basura orgánica en compost para darle una finalidad útil.

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“Centramos nuestro proyecto en la movilización, la sensibilización comunitaria y en la valorización de los desechos biodegradables en compost. Esperamos que eso lleve a un cambio de comportamiento en la población, una mejora de la situación sanitaria, la creación de empleo y el uso del compost por los agricultores”, dice Jean Frantzy, de la municipalidad.

Es una esperanza compartida. En los cerca de veinte años que lleva viajando a Cap Haitien, Jean-Louis Testud ha sido testigo del camino recorrido por la municipalidad.

“Cuando llegamos a fines de los 90, el alcalde de esa época no sabía por qué era alcalde, los directivos eran sus amigos y cada vez que había un cambio político todos salían. Hoy ya no es así”, dice Testud. “Los directivos son elegidos en función de sus competencias y hay una continuidad en el trabajo entre una gestión y otra. Tenemos un equipo que funciona, aunque tengan recursos ínfimos, y en el tema de la basura, ellos solos encontraron la manera de empezar a solucionarlo”.

Ryan Delaney también nota avances. Como proveedor de carbón sustentable, dice ver cómo los haitianos se entusiasman frente a la posibilidad de hacer algo para detener el daño ambiental en su país, donde un 98% de los árboles han sido talados.

“La gente entiende las consecuencias de la desforestación. Entiende que si cortas los árboles el terreno se desliza hacia el océano y empieza a matar a los peces y destruye los corales”, dice elaney. “Entienden que provoca cambios climáticos. Pero no tiene cómo resolver ese problema, porque tienen que alimentar a su familia. Para eso tienen que cocinar y no pueden darse el lujo de comprar otra cosa que madera o carbón”.

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Conrad Schutt cree que los haitianos tienen la misma consciencia frente al problema de los desechos. Pero nuevamente les faltan alternativas para cambiar de práctica.

“Los haitianos no son sucios, Haití no es un país sucio. Pero si no tienes donde botar la basura, ¿qué puedes hacer? Nadie puede esperar que la gente se quede durante un mes con los desechos en su casa. Hasta ahora el estado no ha entregado un lugar donde tirarla y no es culpa de la municipalidad tampoco, porque no tenía los medios para hacerlo”.

Para Jean Frantzdy, la nueva planta de recuperación, el futuro centro de entierro y el proyecto del Reto de los Alcaldes son pasos alentadores.

“El panorama es sombrío por ahora, pero tenemos la esperanza de darle a la ciudad el brillo que tuvo en el pasado”, concluye.

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