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El Barrio Antiguo de Monterrey, lleno de vida, como debe ser.

Cómo Monterrey controló la violencia y recuperó su Barrio Antiguo

Cómo Monterrey controló la violencia y recuperó su Barrio Antiguo

La inseguridad y el abandono mató la vida de la zona más tradicional de la ciudad mexicana. Sin embargo, los ciudadanos, ayudados por la recuperación del espacio público, han logrado reconquistar este vecindario.

El Barrio Antiguo de Monterrey, lleno de vida, como debe ser.
El Barrio Antiguo de Monterrey, lleno de vida, como debe ser.

La noche del 22 de mayo de 2011 Rodrigo Ríos trabajaba en su oficina mientras, del otro lado de la pared, sonaba la música de un DJ en la repleta sala principal del Café Iguana, en Monterrey. Entonces vino el estruendo. Al principio creyó que era una explosión, luego se enteraría de que en verdad eran balas. Miembros del cártel del Golfo habían comenzado a disparar en la entrada de su local acabando con la vida de cuatro personas, entre ellos dos de sus empleados.

Café Iguana era uno de los sitios más populares del Barrio Antiguo, zona que históricamente había sido el corazón de Monterrey, la tercera área metropolitana más poblada de México. Con una arquitectura que data de los siglos XVIII y XIX y ubicado en pleno centro de la ciudad mexicana, las calles y locales nocturnos de este barrio siempre estaban llenos de jóvenes que iban a divertirse hasta el amanecer. Sin embargo, en ese momento estaba comenzando a decaer.

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Desde 2009 Monterrey, donde se concentra gran actividad empresarial e industrial, vivía bajo el azote de mafias del narcotráfico que se disputaban el control del territorio: el cártel de Los Zetas y el del Golfo. En los puentes de las avenidas principales se hizo común encontrar cadáveres colgando, así como escuchar tiroteos en las noches. La violencia se extendía por todo el estado de Nuevo León y se intensificó en 2011, el año con más homicidios en su historia: 2,174.

En el Barrio Antiguo se vivía una situación similar: había peleas, secuestros y tiroteos. El 6 de diciembre de 2010 dentro de San Pedro Night Club, uno de los clubes más concurridos, asesinaron de dos disparos en la nuca a su propietario y el 6 de mayo de 2011, tirotearon a un hombre afuera de otro de sus bares, el Antiguo Monasterio. El ataque al Café Iguana fue el tiro de gracia.

“Yo pensaba que iba a volver a abrir. Creo que fue como la adrenalina después de un golpe, que te levantas como si no hubiera pasado nada. Pero al poco tiempo fui pensando las cosas y dije ‘no se puede’. Emocionalmente ya no podía, no me sentía seguro”, explica a CityLab Rodrigo Ríos, más conocido como 'Fony' entre la gente de Monterrey.

Tras el cierre del Iguana, el vecindario, que consta de 16 manzanas y es zona protegida por su valor histórico, se transformó en una suerte de pueblo fantasma donde nadie quería estar. Pero hoy la situación es otra: desde hace poco más de un año en sus calles se ven familias, adultos mayores, jóvenes, ciclistas y turistas, de día y de noche. El mercado cultural que hacen los domingos en la calle Mina se llena a más no poder. Hay nuevos espacios, muchas fachadas están en mejor estado y su calle principal, la avenida Morelos, luce otra cara.

El rediseño de las calles fue clave para cambiarle la cara al Barrio Ant...
El rediseño de las calles fue clave para cambiarle la cara al Barrio Antiguo.

Cómo pasar de la violencia a la fiesta

A finales de 2014 la Secretaría de Obras Públicas del municipio remodeló los 53,820 pies cuadrados de la avenida Morelos, que también estaba abandonada y era el estacionamiento de más de cien autos. Arreglaron la calle, ampliaron las aceras, pusieron bancos y bolardos, incluyeron señalamiento, iluminación, sistemas de riego y cubiertas de lonas y dejaron solo un carril para la circulación de autos ligeros. Se convirtió en un espacio urbano donde los transeúntes pueden andar a sus anchas y el Barrio Antiguo comenzó a reinventarse.

Detrás de este proceso hay un nombre clave: Indira Kempis, directora del Laboratorio para la Convivencia Urbana. Había llegado a Monterrey unos años antes (es originaria de Morelos) y, poco después del ataque al Café Iguana, se apareció en el vecindario con ganas de buscar soluciones, pero ni siquiera tenía una oficina. Fue Fony quien le prestó un espacio de su propiedad cerca del Iguana. Allí se instaló, puso su escritorio afuera, en la calle, y comenzó a trabajar.

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“A la violencia se le confronta no con una actitud pasiva. Lo primero que había que recuperar era la calle que nos había expulsado a todos los jóvenes, hacer visible que es nuestra y que nadie tiene por qué demostrarnos lo contrario con violencia”, explica Kempis.

Al principio, la gente tenía miedo, pero logró organizar eventos con jóvenes interesados en humanizar la calle. También tocó puertas en organismos públicos y conversó con Margarita Arellanes, quien era la alcaldesa del municipio Monterrey. Y se reunió con la gente del barrio (el vecindario ya no es especialmente residencial y los propietarios y residentes llegan a unas pocas decenas). Así se formó un equipo de trabajo informal con el que empezaron a pensar en la nueva calle Morelos.

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A la par, el gobierno de Nuevo León había emprendido una serie de estrategias para controlar la violencia entre 2011 y 2012. Depuró los cuerpos policiales, duplicó la inversión en seguridad (12.6% del presupuesto, antes era 6.8%), creó la Universidad de Ciencias de la Seguridad y formó un nuevo cuerpo policial que ofrecía mejores condiciones económicas a los agentes, la Fuerza Civil. Los ataques comenzaron a disminuir.

Para 2013 al grupo de Kempis se había unido Gabriel Todd, director del recién creado Instituto Municipal de Planeación Urbana y Convivencia de Monterrey (Implan). Él formalizó el proyecto de renovación ante la Secretaría de Obras. También se les unió Fony y volvió a abrir el Café Iguana a finales de ese mismo año. En la fachada dejó las marcas de más de 30 balazos a manera de recordatorio. “Son las cicatrices que tenemos”, dice.

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Luego de reuniones, discusiones, planos que se hacían y se rehacían, se definió la nueva calle Morelos. A través de la alcaldesa, consiguieron lo más difícil: que el Ayuntamiento de Monterrey aprobara la ejecución de la obra, valorada en en veinte millones de pesos (1,126,460 de dólares).

Como especialista en urbanismo social, Kempis asegura esta no es una experiencia común en la ciudad ni en México. “Es el gobierno el que dice sí, el que decide, pero no con este proceso. Me atrevería a decir que es un proceso único: nace sin dinero, sin confianza, sin seguridad de lo que va a pasar, pero nace”, explica la directora del Laboratorio para la Convivencia Urbana. “Es un proyecto que habla de la sobrevivencia de personas que pensaron en algún momento que todo estaba perdido, pero esa calle pudo enseñarnos que sí era posible”.

La obra obtuvo el segundo lugar del XXIV Cemex Building Award, en la categoría Congruence in Accessibility. También ganó el Premio Nacional de Desarrollo Regional y Urbano, en la categoría Movilidad Urbana Sustentable.

“La Morelos gana premios por su función, por sus beneficios, porque la gente camina. La parte ética es que le demostramos a muchos que sí vale la pena invertir en nuestro centro, en el Barrio Antiguo”, dice Kempis.

El miedo se fue, pero todavía queda por avanzar

La calle Morelos ha sido un beneficio, no solo desde lo estético o funcional. Para Monterrey, una ciudad con déficit de espacios públicos, ha sido un aporte. También ha reactivado y diversificado la economía del Barrio Antiguo, que hoy cuenta con restaurantes, gastrobares, tiendas y hostales (solo en el último año han abierto 25 locales nuevos). Para apoyar la seguridad, el Municipio ya no da permisos para discotecas o sitios nocturnos en la zona y regula la densidad de los locales.

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Además de la Morelos, el Barrio tiene cuatro avenidas en sentido este-oeste que se han reactivado con la renovación, pero aún hay deterioro. El Implan ya tiene planes para reformar las avenidas Abasolo y Padre Mier, pero no hay fondos. Su director, Gabriel Todd, nos explica que en octubre de 2015 hubo cambio de gobierno estatal y municipal y la gestión actual no se ha interesado en el proyecto y han dado prioridad a otros gastos: “Estoy haciendo gestiones con fundaciones que nos colaboren para ir más rápido con los proyectos ejecutivos, son caros”.

El dueño del Café Iguana dejó las marcas de bala en su muralla, como un...
El dueño del Café Iguana dejó las marcas de bala en su muralla, como un testimonio de lo que no debe volver a suceder.

Mientras tanto, el Implan intenta atender o canalizar los aspectos negativos: hay drenajes por cambiar, la basura no se levanta a tiempo y en la Morelos muchos autos no respetan las aceras. Aunque hay patrullaje constante, han tenido incidentes aislados, como asaltos o la detención de un par de distribuidores de drogas, y en la periferia ocurrió un tiroteo recientemente.

Indira Kempis también continúa su labor de reinvención del espacio público en el vecindario: “Para mí la calle Morelos ha sido el mejor laboratorio de este reto titánico. Cuando terminamos y se inauguró la obra pensé que había acabado mi trabajo: ‘lo logramos, sobrevivimos y se acabó’. Ahora, viendo todos los impactos negativos y positivos, obviamente hay que hacer una evaluación y volver a lograr esfuerzos de cooperación. Estoy haciendo ese trabajo”.

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Pese a que aún falta por hacer, Fony superó el miedo. Trabaja de la mano con otros propietarios para que se respeten las normas y se han propuesto abrir sus espacios desde más temprano, para no limitarse a actividades nocturnas.

Sus temores ahora son de otro tipo: “El mayor miedo que me da es que vuelva a pasar lo mismo, que vuelva a cerrar y me quedé otra vez sin saber qué voy a hacer. Yo he hecho esto toda mi vida; soy arquitecto, me puedo dedicar a otra cosa, pero no me gusta”, dice Ruiz. “Me da miedo que el gobierno se descuide y vuelva a pasar. Creo que el gobierno, ya sea municipal o estatal, tiene que darle seguimiento a esto y valorarlo”.

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