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Medellín es la segunda ciudad más grande, pero la más densamente poblada de Colombia.

¿Cómo deben crecer las ciudades colombianas? Este atlas intenta responderlo

¿Cómo deben crecer las ciudades colombianas? Este atlas intenta responderlo

Con el fin de la guerrilla, los expertos prevén gran crecimiento en el país. El Atlas de Expansión Urbana busca ayudar a la planificación de 109 municipios.

Medellín es la segunda ciudad más grande, pero la más densamente poblada...
Medellín es la segunda ciudad más grande, pero la más densamente poblada de Colombia.

Hace cinco años, los investigadores del Instituto Marron, en la Universidad de Nueva York lanzaron el primer atlas de expansión urbana del mundo. En este proyecto interactivo mostraban cómo han cambiado 200 ciudades en cinco continentes a lo largo casi tres décadas. Desde París a Bagdad, las ciudades seguían creciendo a ritmos acelerados, expandiendo su huella urbana más rápido que su población. En casi treinta años, las ciudades alrededor del mundo se hacían menos densas y más grandes.

Sin embargo, Colombia es el caso opuesto. Tras estudiar por casi cinco meses más de 100 municipios, los resultados muestran que las urbes de ese país son cada vez más densas. Las ciudades en Colombia se están expandiendo a paso lento, mientras que su población aumenta rápidamente. En palabras simples: hoy, las ciudades colombianas tienen más gente, pero menos espacio.

La densidad poblacional en ciudades colombianas
Algunas aglomeraciones como Bogotá o Medellín son dos, tres o hasta cuatro veces más densas que megaciudades como París, São Paulo, Tokio o Buenos Aires.
Los números son la cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado.
FUENTE: Dirección de Desarrollo Urbano – DNP | UNIVISION
La densidad poblacional en otras ciudades del mundo
Bogotá es cuatro veces más densa que Madrid, y Medellín es casi tres veces más densa que São Paulo.
Los números son la cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado.
FUENTE: Demographia | UNIVISION


Puede que el conflicto colombiano haya tenido que ver con el hecho de que las ciudades colombianas no crecieran con el mismo patrón que el resto de las ciudades del mundo. En un escenario de posconflicto, es posible que Colombia tienda a corregir esa tendencia y que las huellas urbanas comiencen a crecer”, dice Nicolás Galarza, planificador urbano colombiano e investigador del Instituto Marron de la Universidad de Nueva York.

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Aunque en el primer mundo la densificación muchas veces es vista como algo deseable, ya que permite mejor transporte público y mejor aprovechamiento de recursos, esto no constituye una regla de oro. En el caso de muchas ciudades, el ser más densas puede ser sinónimo de saturación y hacinamiento cuando no cuentan con una planificación urbana eficiente. Barranquilla es un ejemplo de esto: a pesar de no ser especialmente extensa, los tiempos de viaje entre el trabajo y el hogar son de un promedio de 54.7 minutos, de acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo. No tener espacio también puede implicar falta de áreas verdes o sobrepoblamiento de servicios.

En ese sentido, la particular densidad de Colombia fue uno de los hallazgos más importantes del primer atlas de expansión urbana de este país, único estado en el mundo en tener su estudio propio. El atlas fue diseñado y desarrollado a partir de imágenes satelitales –tomadas en 1990, 2000 y 2015– mientras que los datos de población fueron provistos por estadísticas oficiales del gobierno nacional.

Si quiere tener mejores ciudades, el Departamento Nacional de Planeación deberá hacer frente al problema de la saturación, anteriormente nombrado. Al igual que en el resto del mundo, las urbes colombianas se están haciendo cada vez menos caminables: las vías –calles, autopistas y arterias– se hacen más angostas, las manzanas o cuadras más grandes y los espacios públicos o abiertos más escasos. En este ámbito, Galarza menciona que la anteriormente nombrada Barranquilla, así como Cartagena y Cúcuta, están entre las urbes más saturadas.

“Es un hallazgo negativo, porque a menos espacio asignado a vías, y sin un transporte público de calidad, es probable que tengamos ciudades más saturadas, congestionadas, viajes más largos y peores calidades de vida”, explica Galarza. Según datos de la Dirección Nacional de Planeación, Colombia necesitará 5,6 millones de nuevas viviendas para satisfacer la llegada de nuevos habitantes a las áreas urbanas del país en 2050.

Las conclusiones del atlas llegan en el momento más oportuno. Las ciudades colombianas deben actualizar sus planes de ordenamiento territorial, los que tienen una duración de doce años y que definirán las próximas políticas urbanas de los municipios del país. El estudio permitió, también, poder entregar información sobre ciudades históricamente marginadas de este tipo de investigaciones dada su ubicación geográfica aislada y su baja población. Localidades pequeñas ubicadas en departamentos remotos como Vichada –en la frontera con Venezuela– o Amazonas, territorio vecino a Brasil y Perú, pueden beneficiarse con la información dada en este tipo de investigaciones.

“Antes de planificar cualquier cosa, hay que saber qué pasó en el pasado, identificar tendencias, identificar la información que existe, y para eso está el Atlas de Expansión Urbana”, dice Galarza.

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La firma de la paz y el fin de la guerrilla entre las FARC y el gobierno son una oportunidad única para que Colombia comience a repensar cómo quiere diseñar sus ciudades en el futuro. Gracias a la estabilidad tras los acuerdos, se espera que el país experimente un crecimiento económico importante. “En la medida que eso suceda, la gente consume más espacio. Tiene casas o departamentos más grandes, necesita más hospitales, más colegios, más vías, más parques”, dice Galarza. Para el equipo del Instituto, el problema de las ciudades colombianas sería crecer desordenadamente sin planificar. Precisamente, esto es lo que el estudio busca prevenir: una expansión descontrolada, donde no se tomen en cuenta las necesidades de una ciudad en crecimiento.

“El llamado que hacemos a las ciudades es a que sean pragmáticas. Esta, es una oportunidad para corregir todo”, dice Galarza. Un todo que significa modernizar los actuales sistemas de transporte, planificar la construcción de nuevos barrios y espacios públicos, y mejorar el acceso a los servicios.

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