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Activismo y arte se unieron para teñir las aguas del Parque Bolívar, uno de los más emblemáticos de Medellín.

En Medellín, estos artistas quieren que el homicidio no sea algo ‘normal’

En Medellín, estos artistas quieren que el homicidio no sea algo ‘normal’

Mediante intervenciones como teñir las fuentes de rojo, un colectivo denuncia que, a pesar de las mejoras, la violencia está lejos de desaparecer en esta ciudad.

Activismo y arte se unieron para teñir las aguas del Parque Bolívar, uno...
Activismo y arte se unieron para teñir las aguas del Parque Bolívar, uno de los más emblemáticos de Medellín.

Cuatro fuentes se tiñeron de color sangre en el centro de Medellín. La imagen –terrible, mitológica– recordó el dolor a una ciudad que hace tan solo veinticinco años fue la más violenta del mundo. Pero el pasado sábado 29 de julio el agua no se manchó por la muerte humana sino por la anilina vegetal que un grupo de activistas diluyó para protestar en contra de los homicidios, que ocurren casi a diario en la ciudad.

Durante este año ha habido 428 asesinatos en la ciudad, un aumento de un 2% en comparación con el mismo período de 2016. La acción artística, llamada #NoMatarás, justamente buscó llamar la atención de este dato y lo logró. Mientras el gobierno local rápidamente acusó a los activistas de haber afectado bienes públicos por un valor de 17,000 dólares y sugirió abrir una investigación contra ellos, cientos de ciudadanos respaldaron la acción a través de redes sociales, medios y eventos públicos para manifestar su preocupación por el incremento en los asesinatos.

La fuente Pies Descalzos, ubicada junto al Museo del Agua, fue interveni...
La fuente Pies Descalzos, ubicada junto al Museo del Agua, fue intervenida para crear conciencia sobre los asesinatos y homicidios que a diario ocurren en Medellín.

Cómo un grupo de artistas tiñó color sangre las fuentes de Medellín

Maira Duque, de 24 años, estaba temblando durante la mañana del 29 de julio. En más de cuatro años como activista, esta era la primera vez que sentía miedo por lo que estaba haciendo. Todas las fuentes que iba a teñir estaban en el centro de Medellín, un lugar por el que circulan más de un millón de personas al día y el sector donde ocurren más homicidios.

“Yo no tenía miedo de la gente sino de la policía: ya le habíamos preguntado a varios abogados qué implicaciones podía tener la acción y nos dijeron que el peor escenario era que nos metieran en la cárcel tres días. Eso asusta mucho, pero igual salí de la casa con dos bolsos en los que llevaba nueve cajas de anilina vegetal color rojo. La había probado en baldes plásticos en mi cocina el día anterior: diluía bien y rápido”, relata Duque.

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Cuando llegó a la primera fuente, sacó una de las cajas y se la entregó a otro de los tres miembros de #NoMatarás que ejecutaron la acción. Todavía no sabían si sería suficiente cantidad para convertir el agua en mensaje o si podrían escabullirse antes de que las autoridades notaran el cambio en el color.

Habían decidido realizar la acción pocos días antes en medio de una coyuntura política complicada en Medellín. Gustavo Villegas, secretario de Seguridad y mano derecha del alcalde, fue capturado y enviado a la cárcel el 4 de julio, acusado por la Fiscalía de entregarle información confidencial a bandas criminales que están asociadas al narcotráfico y que ejercen un control territorial y económico en muchos sectores de la ciudad. Además de eso, julio fue el mes más violento del año, con 60 asesinatos, en comparación con los 51 de ese mes en 2016 o los 40 de 2015. “Ante esa situación, a un grupo de amigos y a mí nos pareció inconcebible que no hubiera una movilización ciudadana para proteger la vida”, le dijo Duque a CityLab Latino.

Homicidios mes por mes en los últimos tres años, según datos de la Alcaldía de Medellín. Las cifras ya no son las de los noventa, pero estos artistas creen que todavía se puede hacer mucho más.

Duque y el resto del equipo habían identificado un problema: la preocupación por los homicidios solo se percibía en los barrios más afectados por las acciones de bandas criminales y en grupos pequeños de académicos o activistas, pero no era un tema de conversación en los buses, en los cafés, en el día a día.

“Queríamos trascender esos círculos y convertir esto en una discusión que involucrara a más personas y sectores de la ciudad. Si queremos que la muerte deje de ser percibida como algo normal, como paisaje, nuestras acciones tienen que salirse de lo común”, dijo Duque. Y esa mañana de sábado su mensaje empezó a regarse por Medellín cuando vaciaron la primera caja de anilina en el agua.

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Daniel Suárez, 26, otro de los líderes de #NoMatarás, llegó en bicicleta a teñir la segunda fuente. Estaba igual de nervioso a Duque. Para él la preocupación no era tanto la policía sino la incertidumbre de cómo iban a reaccionar las personas ante la imagen del agua color sangre. “Podían acusarnos de contaminación del agua –aunque el producto que usamos es inofensivo–, y no leer el mensaje: que cada vida importa y que con cualquier muerte nos desangramos como ciudad”, dijo.

Suárez, quien trabaja en una agencia publicitaria, es uno de los creativos más influyentes detrás del movimiento. Cuando salió la noticia de la captura del secretario de seguridad, por ejemplo, propuso ir a lavar el nombre de la alcaldía. La imagen de los activistas en la entrada del edificio municipal cepillando con agua y jabón el escudo de la ciudad creció como espuma en redes sociales.

La instalación creada por el colectivo Low Carbon City, cuando la ciudad...
La instalación creada por el colectivo Low Carbon City, cuando la ciudad sufrió por la contaminación ambiental.

El referente principal a la hora de planear la acción de las fuentes fue el artista argentino Nicolás García Uriburu, quien en 2010 tiñó de verde un río contaminado en el barrio de La Boca, en Buenos Aires.

La estrategia que Suárez, Duque y otros dos amigos tenían para la mañana del 29 de julio era sencilla: mientras uno arrojaba anilina, otro le cuidaba las espaldas; escapaban juntos y después llegaban los otros a tomar las fotos. Todo salió de acuerdo a los planes y en menos de tres horas las cuatro fuentes quedaron como una herida abierta ante los ojos de miles de ciudadanos.

Cuando Duque llegó a tomar la última foto, encontró la fuente acordonada por la policía y escuchó que tenían la descripción física de los responsables, sus amigos. Los estaban buscando. Ella tomó la foto y de inmediato escondió sus manos en los bolsillos: las tenía manchadas de rojo desde el día anterior.

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El activismo después del proceso de paz


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Durante los últimos cuatro años, Medellín ha sido escenario de varias acciones simbólicas de protesta que han permitido el crecimiento de una red diversa de activistas, o ‘artivistas’, como prefieren ser llamados. En 2014, por ejemplo, en el marco del Foro Urbano Mundial y para conmemorar a los secuestrados y desaparecidos por el conflicto, encerraron en una jaula gigante la escultura de una paloma hecha por Fernando Botero. O el año pasado, en medio de una crisis ambiental que ubicó a la ciudad entre las diez más contaminadas de América Latina, intervinieron esculturas del mismo artista y les pusieron tapabocas gigantes. Maira Duque y Daniel Suárez se conocieron en esas acciones y desde entonces han colaborado con muchos de quienes ahora se identifican como #NoMatarás.

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Para William Fredy Pérez, coordinador de Investigación del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia en Medellín, ese boom de activismo es resultado directo del proceso de paz. “Es normal que en el contexto de posacuerdo haya una liberación de la protesta, porque ya el gobierno no tiene un estigma disponible para deslegitimar a quienes la hagan. Antes los llamaban 'guerrilleros' para desactivar su efecto, pero ahora esa táctica no funciona”, dice Pérez. Además, sostiene, es esperanzador que, en una ciudad donde hasta hace poco se asesinaba a quienes hacían denuncias públicas u organizaban protestas cívicas, los jóvenes estén renovando los repertorios de protesta para llamar al cambio.

Aún así, la respuesta de la administración de Medellín a la acción de las fuentes fue de choque. El alcalde dijo públicamente que abriría una investigación para encontrar a los responsables y, si era el caso, sancionarlos. Indignados por esa criminalización de la protesta, los activistas, que ya habían publicado un comunicado pero que planeaban quedar anónimos, decidieron revelar sus nombres. En señal de respaldo, cientos de ciudadanos que se identificaron con su acción se unieron al hashtag #FuiYo. Y entonces el efecto de la protesta se hizo viral: en pocos días dio el salto de los muros de Facebook de ciudadanos de Medellín a las pantallas de la televisión nacional.

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Medellín: entre el milagro y la violencia

Medellín se ha convertido en un referente urbano mundial. En su momento fue la ciudad más violenta del mundo, con 7,273 homicidios en 1991, pero hoy es un ejemplo de progreso. La forma en la que se ha usado la arquitectura y el urbanismo para integrar una sociedad fragmentada por dinámicas de violencia y exclusión le ha merecido premios internacionales, entre ellos el reconocido Lee Kuan Yew World Prize en 2016. Sin embargo, mientras la imagen de la ciudad mejora en el exterior, todavía tiene conflictos profundos que afectan directamente la calidad de vida de sus habitantes, como una tasa de desempleo superior a la media nacional, una crisis ambiental y el control que las bandas criminales tienen en el territorio y la economía.

Aunque es cierto que la violencia se ha reducido drásticamente en comparación con los años de la guerra contra el Cartel de Medellín, el índice actual de 21 asesinatos por cada 100,000 habitantes al año sigue siendo alarmante: según la Organización Mundial de la Salud, cuando en una ciudad hay 10 o más homicidios por cada 100,000 habitantes se puede hablar del homicidio como epidemia.

Para Pérez, el investigador de la Universidad de Antioquia, el incremento actual de los homicidios se explica por un desajuste en las lógicas de las bandas criminales. “Cuando capturan un capo o muere un líder de una de esas organizaciones, se crean disputas por asumir las jefaturas; fruto de eso, surgen enfrentamientos que incrementan las muertes”, explica el académico. “De hecho, cuando se consolidan hegemonías de esas bandas, disminuyen los homicidios. Aunque aumenta la violencia, representada en extorsiones, coerciones sobre los comportamientos, fronteras y delitos sexuales, hay una disminución de la violencia homicida”.

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Las acciones de #NoMatarás señalan precisamente esas dinámicas. “El objetivo es que este movimiento, a través de acciones de protesta pacífica, genere una conversación necesaria y logre salvar vidas”, dijo Daniel Suárez a CityLab Latino.

Activistas 'limpiaron' el nombre de la alcaldía tras la captura...
Activistas 'limpiaron' el nombre de la alcaldía tras la captura del secretario de Seguridad.

En un principio, la Alcaldía de Medellín, consideró que la protesta de #NoMatarás no fue pacífica, pues “muestra de una manera agresiva algo que pasa en la ciudad de Medellín”, según dijo a CityLab Andrés Tobón, nuevo secretario de Seguridad. Sin embargo, reconoció que la acción no afectó a nadie y que su reacción inicial se debió a que no se sabía si las fuentes habían sido contaminadas (muy pronto se comprobó que no).

Según el alcalde, cambiar el agua de las fuentes terminó costando alrededor de 1,000 dólares. Los activistas de #NoMatarás, entonces, para no dejar desviar la atención, decidieron hacer una campaña de crowdfunding para recoger ese dinero: lograron la meta en menos de 48 horas. Al finalizar la campaña, convirtieron las contribuciones en monedas que lanzaron a una de las fuentes del centro: cada una representando un deseo por la vida. Cuando terminaron esa acción simbólica, volvieron a recoger las monedas y decidieron entregárselas al alcalde para pagar los daños ocasionados. “Nosotros sabemos que nuestras acciones son incómodas por transgresoras, pero el objetivo no es dañar la imagen del alcalde sino propiciar un diálogo incluyente. Lo ideal es trabajar juntos con la alcaldía para resolver los problemas que nos preocupan”, dijo Maira Duque.

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La semana pasada, después de haber intentado sin éxito concertar una cita con el alcalde, decidieron abordarlo mientras grababa un programa de televisión en el centro, muy cerca a una de las fuentes que dos meses atrás habían sido teñida de rojo. En medio de un corte de comerciales, seis de los activistas se acercaron y le ofrecieron las monedas. En un tono conciliador, Gutiérrez respondió: “Yo no les voy a recibir esa plata. Vamos mejor a buscar un proyecto, que ustedes lo inviertan en algo que beneficie a la comunidad y yo me comprometo a poner más recursos de la Alcaldía para apoyarlos”. Y además añadió en cámaras que pedía disculpas públicas si en algún momento sus comentarios parecieron criminalizar la protesta.

El problema [de los homicidios] no es un problema de la alcaldía sino que es de todos los ciudadanos. Todas las buenas ideas que combaten el homicidio son bienvenidas”, explicó el secretario de Seguridad. Gracias a las acciones de protesta, ya se han organizado reuniones formales entre los activistas de #NoMatarás, otros actores cívicos de la ciudad y la alcaldía. En septiembre y lo que va de octubre, los asesinatos se han reducido en la ciudad. Es incierto si se debe a pactos entre bandas o a la estrategia de las autoridades oficiales, pero lo que está claro es que las acciones de estos jóvenes han contribuido a que los demás ciudadanos no vean los homicidios como algo normal, uno de los efectos de ser parte de una larga historia de violencia.

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