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Las diferencias entre el expresidente Rafael Correa, a la izquierda, y su sucesor y exaliado, Lenín Moreno, comenzaron en la transición de una administración a otra.

Una cámara oculta para espiar el despacho presidencial de Ecuador agrava la discordia entre Lenín Moreno y Rafael Correa

Una cámara oculta para espiar el despacho presidencial de Ecuador agrava la discordia entre Lenín Moreno y Rafael Correa

El presidente ecuatoriano Lenín Moreno denunció el hallazgo de una cámara oculta en su despacho, supuestamente controlada vía celular por su antecesor y antiguo aliado, Rafael Correa.

Las diferencias entre el expresidente Rafael Correa, a la izquierda, y s...
Las diferencias entre el expresidente Rafael Correa, a la izquierda, y su sucesor y exaliado, Lenín Moreno, comenzaron en la transición de una administración a otra.

QUITO, Ecuador.- Una cámara oculta está en el centro del nuevo rifirrafe entre el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, y el presidente saliente y antiguo aliado, Rafael Correa. Poco antes de cumplir sus primeros cuatro meses frente al gobierno, Moreno ha denunciado el hallazgo de una cámara oculta en su despacho, controlada a distancia mediante un teléfono celular que supuestamente maneja Correa.

La Fiscalía se ocupó de la queja del presidente inmediatamente y desplazó a un equipo al Palacio de Carondelet para comprobar la existencia del dispositivo. Tras cinco horas de pericias, los investigadores salieron de la sede de gobierno y ratificaron la existencia de una cámara escondida y anunciaron un informe en diez días.

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El presidente Moreno señaló desde el principio a su antecesor, quien habría colocado allí el dispositivo hace siete u ocho años, según las primeras indagaciones del nuevo Servicio de Protección Presidencial.

“El presidente Correa no tuvo la delicadeza de informarme que había instalado una cámara y que él la monitoreaba desde su teléfono celular”, dijo el mandatario frente a su gabinete reunido este viernes en Guayaquil. Poco después escribió en su cuenta de Twitter que se trataba de “un delito de violación a la intimidad”.

El interpelado no tardó en responder desde Bélgica, donde reside con su esposa —de origen belga—desde que dejó el poder en mayo de este año. En Twitter escribió que todo era parte de “un show”: “Cámara oculta manejada desde mi celular! Si el presidente Moreno prueba aquello, que me vaya a la cárcel. Si no, que renuncie a la Presidencia, ni siquiera por malo, sino por ridículo. ¡Qué vergüenza!”.

La cámara oculta es un capítulo más del divorcio entre Moreno y Correa, que a pesar de ser compañeros de partido empezaron a tener diferencias en los primeros días de la transición. La primera piedra de choque fue la iniciativa de Moreno de crear un frente anticorrupción y pedir ayuda a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El exmandatario publicó entonces una columna de opinión en la prensa para cuestionar a su sucesor por sacrificar “la soberanía y la institucionalidad del Estado”.

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La ruptura fue más evidente cuando Moreno empezó a dialogar con todos los grupos y organizaciones políticas del país, incluso aquellos que fueron marginados durante la década del mandato de Correa, como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador. Entre estos gestos simbólicos está una reunión en la sede de gobierno con los dueños de los medios de comunicación privados que fueron arrinconados con una Ley de Comunicación aprobada en 2013.

Moreno se negó a ser un presidente por delegación y empezó a manejar su agenda propia. Ahora cuenta con el 80% de aprobación y la posibilidad de convocar a una consulta popular para desmontar el correísmo es cada vez más cercana.

La transparencia de las cuentas del Estado fue otro punto de quiebre. La nueva administración recibió una deuda pública que bordea el 60% del PIB (57,788 millones de dólares), un nivel de endeudamiento que había sido negado por el régimen anterior. Como respuesta, el exmandatario argumentó de todo: que Moreno no sabe de economía, y que aquello era montaje para alegar que no había dinero para cumplir con las promesas de campaña.

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La disputa entre ambos líderes permeó al partido de Gobierno y los correístas empezaron a tomar distancia de los morenistas. Correa llegó a pedir a sus fieles, a través de redes sociales, que se desafilien del partido y formen uno nuevo.

El mayor seguidor de Correa resultó ser el actual vicepresidente del país, Jorge Glas, que tuvo el mismo cargo en el gobierno de Correa y cayó en desgracia cuando su nombre fue mencionado por terceros en los audios que entregó uno de los delatores de Odebrecht a la Fiscalía ecuatoriana.

Moreno lo despojó de sus funciones a inicios de agosto y poco después fue vinculado a la investigación de la trama de corrupción. Pero él se niega a renunciar y con cierta frecuencia aparece en las radios para contar su verdad, incluso amenazó con demandar a los medios de comunicación que se han hecho eco de las investigaciones de la Fiscalía.

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Correa le aconsejó desde la distancia que asuma el cese de sus funciones como una condecoración y llegó a jurar que daría la vida y su patrimonio por él. Esto lo dijo en su segunda arenga digital, que ahora hace a través de Facebook Live, y en la que deslegitima a su sucesor.

Moreno ha sido más sutil en devolver los golpes, al principio de la disputa usó su Twitter para definir el síndrome de abstinencia. “Reacción provocada por la reducción o suspensión brusca de una sustancia de la que se tiene dependencia como el azúcar, el alcohol, las drogas… o el poder”. Ahora, tras el hallazgo de la cámara oculta, posteó el significado de fisgón: “Aficionado a husmear la vida de los demás”.

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