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Al menos 10 muertos, inundaciones y edificios en ruinas: así quedó Cuba tras el paso del huracán Irma

Al menos 10 muertos, inundaciones y edificios en ruinas: así quedó Cuba tras el paso del huracán Irma

Desde hace varias décadas, en Cuba hay viviendas en peligro de derrumbe y la infraestructura no está preparada para enfrentar fenómenos meteorológicos extremos. El huracán, que dejó al menos 10 muertos en la isla, apenas removió lo que ya era suficientemente débil. Elaine Díaz relata cómo fue el paso de Irma por Cuba desde La Habana.

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LA HABANA, Cuba.- Eduardo Campos nació en 1946 y podría haber muerto el 10 de septiembre en La Habana por el impacto del potente huracán Irma si no hubiera sido por el miedo que le tiene a su propia casa.

Después de que huracán pegara con fuerza en La Habana, en el número 744 de la calle Ánimas, entre Gervasio y Belascoaín, Centro Habana, ocurrió un derrumbe parcial de la cubierta de su edificio que acabó con la vida de sus vecinos más cercanos, los hermanos Roydis y Walfrido Antonio Valdés Pérez. De ellos sabemos que venían del reparto Frank País, en la provincia Granma, que tenían 54 y 51 años, que Roydis estaba enfermo, y que el día en que murieron el techo de la parte del edificio que les tocaba se desprendió.

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El 744 no destaca entre tanto edificio de la calle Ánimas. Tiene apenas dos pisos y sus balcones no están ni más ni menos deteriorados que los del resto de la cuadra. Si alguien no señalara el lugar y advirtiera que “ahí fue la cosa”, pocos podrían imaginar que ese edificio estaba más en peligro de derrumbe que el resto de los edificios de Centro Habana. Ahora quedan 4 familias, afirma Eduardo, “aunque siempre hay uno por allí y otro por allá metido en un cuarto”.

Nadie dice casa o apartamento cuando habla del lugar que habita en el número 744. Poco sabemos de lo que hay al interior porque el peligro de un próximo derrumbe imposibilita el paso. Eduardo se refiere a su vivienda como “cuarto”. Otros, ni siquiera eso.

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El “cuarto” de Eduardo fue lo que le tocó después del divorcio y la permuta de su apartamento en la zona 9 de Alamar hace siete años. Cuando pasó el huracán, él no estaba allí, sino en casa de una prima y una sobrina. A su cuarto no puede entrar porque “está igualito que donde se mataron los otros dos. Los cuartos estaban pegados uno con el otro”, dice. La escalera de caracol que da acceso al sitio donde duerme se cayó y, desde entonces, espera en la acera en frente del edificio.

El lunes 11 de septiembre, el primer secretario del Partido Comunista de Cuba del municipio pasó por la zona y prometió evacuar a todas las familias. Les llevaron desayuno y almuerzo. A las 3 de la tarde de ese día, Eduardo espera el ómnibus que lo trasladará hasta su futuro albergue.

Así fue el paso del huracán por Cuba

  • El 6 de septiembre de 2017 se declaró la fase de alerta en las provincias centrales y orientales ante la proximidad del huracán Irma. Se cancelaron las salidas de trenes nacionales, se trasladaron los estudiantes becados a sus casas, se evacuó al ganado hacia zonas altas, se agilizó la venta de la canasta básica de la población y se comenzaron a proteger a los ciudadanos más vulnerables, sobre todo aquellos ubicados en zonas costeras. En ese momento, Irma se encontraba azotando las Islas Vírgenes Británicas. Varios días después sabríamos que destruyó el 90 % de ese territorio. En los conos de trayectoria, el ojo de Irma debía pasar lo suficientemente al norte como para no preocupar en demasía a los residentes del Occidente cubano.
Fotos: El huracán Irma hace añicos muchos de los ruinosos edificios de La Habana
  • El 7 de septiembre, el ojo seguía sin tocar territorio nacional según los pronósticos.

  • El 8 de septiembre, todos los mapas mostraron a Irma barriendo la costa norte cubana. Esa noche, el ojo tocó Cayo Romano, en la provincia de Camagüey. Cuatro días después buena parte de la ciudad aún permanecía a oscuras.
  • En la madrugada del 9 de septiembre, las condiciones del tiempo comenzaron a deteriorarse en Caibarién, Villa Clara. Las olas superaban el límite de la costa y las lluvias habían iniciado desde la tarde. Cuando Irma entró a Caibarién, ya había dejado daños considerables en varios pueblos camagüeyanos: Esmeralda, Vertientes, Nuevitas, Sierra de Cubitas, Cayo Cruz. A las 9:15 de la mañana del día 9, el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil decretó la alarma ciclónica para Artemisa, Mayabeque y la capital. No obstante, en La Habana que se habita fuera de los noticiarios, los partes meteorológicos y las reuniones de los Consejos de Defensa, todavía se miraba los pronósticos con la certeza de quien cree que se va a salvar. Irma pasó por Cuba con categoría 5, con categoría 4 y con categoría 3 de la escala Saffir-Simpson pero es difícil distinguir entre tanto desastre las diferencias del daño entre una categoría y otra. A las 9:30 de la noche del 9 de septiembre, las olas en el Malecón habanero sobrepasaban los 9 metros. Y tras las olas, la inundación.

El saldo del huracán

Hasta el momento el gobierno cubano ha confirmado 10 muertos en la isla, siete de ellos en La Habana. Las cifras exactas de las pérdidas materiales no han sido reveladas aún en los medios locales. Con precisión apenas sabemos que 80 árboles del Jardín Botánico de Camagüey cayeron. Y que el depósito de gas licuado de la ciudad cabecera está lo suficientemente dañado como para no poder abastecer a la población en estos momentos. Sin gas licuado, no se podrá cocinar.

FOTOS: Destrozos e inundaciones en Cuba por el paso Irma


En Cienfuegos, 574 viviendas resultaron afectadas. De ellas, 130 se derrumbaron totalmente. Después de los derrumbes totales vienen los albergues transitorios y nada es menos transitorio en Cuba que un albergue. Tras periodos prolongados de espera, el Estado distribuye viviendas en urbanizaciones ubicadas en la periferia de la capital y con terminaciones tan deficientes que ya presentan daños antes de ser habitadas.

El 744 de la calle Ánimas no se derrumbó totalmente. No obstante, Eduardo recuerda que “en varias ocasiones han venido a evacuar, pero los vecinos no aceptan porque quieren una oferta mejor”. Los vecinos del 744 probablemente llevan casi toda su vida en el 744. Por eso no les asusta y no se evacúan. Temen perder lo poco que tienen. Varias imágenes grabadas por vecinos residentes en las zonas bajas del barrio del Vedado muestran a personas nadando durante la inundación para robar los almacenes de las tiendas donde saltaban cristales.

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En un país donde escasean hasta las piezas de repuesto es difícil persuadir a algún ser humano de que lo poco que tiene es suficientemente poco como para dejarlo atrás. Por eso cuesta que las familias de las cuadras cercanas al hospital Amejeiras abandonen sus viviendas. Tanto así, que María Lombillo jura que nadie pasó por su casa. “Nadie, aquí no vino nadie, ¿evacuarse?, pshhhh”. Hasta que su hermano, un joven de alrededor de 20 años le grita: “Mija, si por aquí pasaron y tú dijiste que no te ibas a evacuar”.

Pero Eduardo es diferente. Se da cuenta de que “estar ahí es entregar la vida” y quiere que lo saquen “para donde sea”. Antes del ciclón, le tenía tanto miedo a su casa que dormía en el parque Maceo, a tres cuadras del edificio aproximadamente. Eduardo viene de Alamar, una urbanización construida sin ganas en el este de La Habana, pero que todavía no ha cumplido los 80 años de vida útil. Los edificios más longevos de Alamar tienen 47 años. Cuando Alamar, que fue construido con materiales peores y mano de obra menos calificada, cumpla los 60 años, será como Centro Habana.

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