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Bertha ha puesto un cartel en la puerta de su casa para que sus hijas no abran la puerta a desconocidos ante el temor de que los agentes de migración puedan ir a buscarla.

"Yo soy prioridad de deportación para Donald Trump"

"Yo soy prioridad de deportación para Donald Trump"

Bertha, una madre nicaragüense de dos niñas de 11 y 22 años, lleva casi la mitad de su vida en Miami. Ella y su esposo tienen una orden de deportación desde 2010 cuando perdieron un caso de asilo. Ahora que su expulsión es prioridad para el gobierno de Trump, relata cómo el miedo se ha convertido en un fantasma omnipresente.

Bertha ha puesto un cartel en la puerta de su casa para que sus hijas no...
Bertha ha puesto un cartel en la puerta de su casa para que sus hijas no abran la puerta a desconocidos ante el temor de que los agentes de migración puedan ir a buscarla.

MIAMI, Florida-. El 8 de noviembre, la noche de las elecciones, mi hija pequeña Leah, de 11 años, no durmió. Dijeron que Donald Trump ganó como a las 3 de la mañana más o menos. Esa niña llegó hasta esa hora despierta. Yo la mandaba a dormir y no había manera. Ella me decía: "Mamá: él está ganando" y cada vez que daban un boletín me decía: '"Mom: he's winning, he's winning…" Yo le decía: "Andá a acostarte". Se fue a la cama, ¿se habrá dormido? No lo sé, pero yo no dormí desde ese momento. Fue horrible. Yo me pasé como tres semanas llorando porque no lo podía creer.

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Después, por la mañana, le miré el teléfono a la niña y le había puesto a una amiga: "He won" (ganó) y tenía muchas caritas (emoticonos) de llanto. Desde entonces, me decía: "Mamá, pero ¿no vas a manejar ya, verdad?". Y yo le decía: "Tengo que manejar para trabajar", pero yo sé que a ella le da miedo que un policía me pare manejando y me entregue a migración por no tener papeles. Esa niña se me paraliza cada vez que yo voy manejando con ella y se pega un policía atrás. Esos son los momentitos que yo quisiera grabar y enseñarle al mundo.

Leah también me ha dicho que no quiere que yo salga más en televisión, que no de más entrevistas como en los últimos años en los que he sido activista, que ella es la que va a salir ahora a dar la cara por mí, porque ella es ciudadana estadounidense y sabe que a ella no le pueden hacer nada y por eso me dijo: "Yo quiero pelear por mi mamá, yo quiero hacer todo".

Ella dice que no quiere que le separen de su mamá ni de su papá ni quiere vivir en otro país. Pero yo a veces me pongo a hablar con ella, le digo que Nicaragua es bonito, que el día que ella conozca Nicaragua no va a querer regresar. Yo trato de ir suavizando ese tema porque uno no sabe lo que va a pasar mañana.

Mi nombre es Bertha. Soy de Bluefields, Nicaragua. Vine hace 17 años ya casi a este país. Cuando llegué a Miami, una de las primeras cosas en que me enfoqué fue en ver la manera de arreglar mis documentos. Traté por todos los medios, gasté con todos los abogados que te puedas imaginar, gasté miles de dólares en algo que no tuvo frutos. Todo el tiempo me cerraron las puertas diciendo que no calificaba para diferentes tipos de visa.

Desde ese entonces vivo aquí como indocumentada, pero le he agarrado tanto amor a este país que ya me considero parte de él. Además, si vienes a sacar cuentas, ya la mitad de mi vida casi la he pasado aquí. Iba a cumplir 22 cuando llegué y casi tengo 40.

Bertha llegó a EEUU hace 17 años con una hija de un año y aquí tuvo a su...
Bertha llegó a EEUU hace 17 años con una hija de un año y aquí tuvo a su segunda hija.

A Miami vine muy joven, con 21 años. En Nicaragua había empezado a estudiar en la universidad Informática Administrativa y trabajaba en una cafetería. Mi esposo trabajaba en un barco donde ganaba 400 dólares al mes y mi trabajo no me ayudaba mucho. Tenía que pagar la universidad y darle de comer a mi hija mayor, Christell. Allí es donde pensé que tenía que buscar otros horizontes, no tanto por mí sino por el futuro de mi hija.

Al principio de mi vida en EEUU, entre 2003 y 2006, tenía un permiso de trabajo y cuidaba ancianos. Después me lo quitaron y me puse a limpiar casas y desde entonces ese es el trabajo que hago: limpio casas y cuido niños.

En esta ciudad creció mi hija Christell, de 22 años, que es una 'Dreamer' beneficiada por la acción diferida de Obama, DACA. Desde 2012, ella comenzó a trabajar en una escuela a tiempo parcial y hoy es una de las mejores empleadas. Además está en la universidad, en Miami-Dade College, porque cuando se integró a este trabajo se dio cuenta que su sueño son los niños con necesidades especiales. Tiene mucha paciencia para lidiar con ellos y dice que quiere ser maestra.

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Mi hija pequeña, Leah, nació aquí en 2005. Mi esposo todavía tenía permiso de trabajo y tenía seguro médico, así que la niña nació bajo el seguro que él pagaba. No nos servimos del gobierno.

En 2010, mi esposo y yo nos enteramos por casualidad que teníamos una orden de deportación, unos cuatro años después que nos la dieron. Nosotros en su momento pedimos asilo y el juez nos lo negó e hizo la solicitud de expulsión, pero a nosotros nunca nos dejaron saber.

Me enteré años después cuando fui donde la abogada que trató de arreglar mi situación y me informó que tenía una orden de deportación. Eso fue aterrador. No había conocido el miedo antes como en ese momento. Yo salí de esa oficina y sentí que todo el mundo me miraba. Era casi como que yo llevaba un letrero en la frente que decía 'deportación'. Entonces dije: "Bueno, ahora sí hay que cuidarse".

Ahora que ganó Trump, el miedo se agudiza más porque él ya ha dicho que va a buscar a todos los indocumentados; porque para él todos somos criminales. Pero no es crimen estar indocumentado en este país. Nosotros venimos aquí como seres humanos buscando un mejor futuro para nuestros hijos. Yo creo que no es un pecado.

El temor en los indocumentados a ser detenidos está presente hasta en lo...
El temor en los indocumentados a ser detenidos está presente hasta en los actos más cotidianos.

Y aunque es cierto que Barack Obama es el presidente que deportó a más inmigrantes hasta ahora, antes no había ese odio del americano hacia el inmigrante que Trump sembró durante su campaña.

Él llegó y despertó algo que dormía. Hoy mi miedo ya no es solo que me agarre un agente de inmigración, sino también que me entregue la misma gente que sigue a Trump. Él puso a la mitad del país en contra de nosotros cuando nosotros llevábamos tiempo contando nuestra historia, tratando de sensibilizar a la gente, de mostrarles que no venimos a aprovecharnos de ningún beneficio de este país. Venimos a trabajar, a darle a nuestros hijos lo que nosotros no pudimos tener, pero ya hoy no hay forma. Tienen el corazón tan duro que simplemente te dicen: "No me importa. Estás ilegal y andate de mi país". Entonces ya no hay esa sensibilidad por el ser humano y eso es lo que más me aterra a mí.

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Con los nuevos memorandos emitidos por el gobierno de Trump, como mi esposo y yo tenemos una orden de deportación, nuestra expulsión del país se ha convertido en prioridad. Ahora yo sé que a mí si me para la policía por cualquier motivo, voy a ser deportada y separada de mis hijas.

Pero, como activista en los últimos años, me di cuenta de cuáles son mis derechos como ser humano. El que no tenga documentos no significa que no tengo derechos en este país o en ningún otro país del mundo. Me he dado cuenta de que tengo mucha gente protegiéndome detrás y el día que me cojan voy a tener a una gran comunidad peleando por mí.

Si fuera deportada, Bertha tiene claro que se llevaría a su hija pequeña...
Si fuera deportada, Bertha tiene claro que se llevaría a su hija pequeña con ella.

Actualmente estoy viendo cómo lo arreglo para hacer una carta poder por si a mí me pasa algo para ver quién se hará cargo de mi hija pequeña. Pero al final mi niña se tendría que ir conmigo y le tendré que dar la pobreza que tiene mi país, la cual ella no se merece porque su país se lo da todo.

Pero va a tener que ir a vivir al mío porque, ¿a quién se la puedo dejar a cargo? ¿A mi otra hija? Si mi otra hija está en un limbo también porque no sabe qué va a pasar por DACA. Entonces al final ella va a tener que aprender a vivir en otro país si yo soy deportada y se va a privar de las oportunidades que le da su país.

Yo en mi país no tengo nada, pero desde que yo vine aquí pago mis impuestos con la esperanza de un día poder tener mis papeles y gozar mi vejez con lo que pago al seguro social. Mi sueño es ver a mis hijas realizadas, comprar mi casa y estudiar Enfermería. Quiero ser enfermera registrada. Me da miedo que la edad está avanzando y no logro empezar. Nada me detiene, pero es muy difícil cuando uno no tiene documentos.

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Por eso, yo le diría a Donald Trump que no se deje llevar de tanta mala información y que tenga un poquito de conciencia de lo que la comunidad inmigrante aporta a este país. Si él realmente ama a este país como lo amo yo, creo que es tiempo de darle una oportunidad a los inmigrantes, de ponerlos en una lista y hacerlos americanos.

Lorena Arroyo realizó entrevistas y el trabajo de edición de esta historia.

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