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Más conscientes que nunca de la imagen que queremos dar a los otros, las redes sociales nos hacen proyectarnos con muchas identidades distintas. ¿Cómo nos reflejamos las distintas generaciones?

Selfies, wefies y undies según cada generación

Selfies, wefies y undies según cada generación

Más conscientes que nunca de la imagen que queremos dar a los otros, las redes sociales nos hacen proyectarnos con muchas identidades distintas.

Más conscientes que nunca de la imagen que queremos dar a los otros, las...
Más conscientes que nunca de la imagen que queremos dar a los otros, las redes sociales nos hacen proyectarnos con muchas identidades distintas. ¿Cómo nos reflejamos las distintas generaciones?

Gracias a las redes sociales, la imagen con la que nos presentamos se ha vuelto, por decir lo menos, más compleja de lo que era hace apenas quince años. Además de que hoy día estamos más conscientes que nunca de la imagen que proyectamos—cada quien la micro celebridad en potencia de su pequeño universo cibernético—, el fenómeno tiende a fomentar la creación de varias identidades o—en términos cibernéticos— perfiles, de modo que no es extraño contar con más de uno, cada persona una provincia de Narcisos.

Porque las plataformas digitales quieren saber todo acerca de nosotros para así personalizar nuestra "experiencia" (o, como diría el lobo feroz, "para venderte mejor"), cada paso que damos en el ciberespacio—al suscribir a un medio noticioso, al ingresar a una tienda en línea, al entrar en una base de datos, al contratar un servicio— nos presenta con una nueva oportunidad para replantearnos la pregunta: ¿quién soy?

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Dicho lo anterior, dependiendo del momento en la vida en que hayamos entrado en contacto con las redes sociales, nuestra manera de presentar nuestro Yo (¿ Nosotros?) digital, puede variar. Al vernos convertidos en nuestros propios paparazzi gracias a Facebook, Snapchat, Twitter, Instagram, et.al., el acervo de imágenes que generamos al registrar las identidades que ensayamos a lo largo del tiempo, sirve de base para observar cómo cada generación—desde la X, hasta la Y y la Z—se presenta a sí misma, y acaso cómo su Yo digital se ve afectado por el momento en la vida en el que lo haya descubierto.

Partiendo de la idea de que toda presentación es, hasta cierto punto, una seducción, analizamos qué tipo de selfies, wefies y undies (ropa interior) utilizan los miembros de cada generación, algo que podría reflejar en términos freudianos su yo, su super yo y su ello, respectivamente.

Hear No Evil, Speak No Evil, See No Evil. |||

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Jaden Smith. Instagram: @christiaingrey

Generación Z: encuéntreme quien pueda

El espécimen por excelencia de la generación Z (también llamada la generación iGen, los Post-Millennials, o los Plurales) nació con un mommy blog dedicado a él desde antes de salir del vientre, de modo que no sólo está acostumbrado a ser un tópico, sino a que su imagen lo anteceda (pese a sí mismo). Es por ello que el gen-Zer de 2016, de entre 2 y 20 años de edad, tiene una postura más bien escéptica ante los medios digitales y valora por encima de todo su privacidad. Cuando postea una selfie o una wefie, cosa que no ocurre con frecuencia, tiene cuidado de compartirla sólo con sus amistades (145 en promedio, típicamente su círculo inmediato de familia y amigos). Contrario a su predecesor, el Millennial, el gen-Zer es incapaz de postear un desnudo de sí mismo o videos haciendo gala de sus encuentros sexuales. Difícilmente encontrarás las huellas de su paso por las redes sociales. Personalidades como Jaden Smith han resuelto por eliminar del todo sus cuentas de Facebook, Twitter y Instagram, célebremente publicando frases como "Instagram es un hoyo negro de tiempo y energía". El gen-Ser es independiente y reflexivo, es un ser informado y sus posturas ante el mercado, las marcas y las imposiciones sociales son críticas, de modo que tiende a comprar ropa interior gender-neutral y anti-marca, hecha de algodón orgánico y tintes naturales, en una tienda de productos de comercio justo. Todo sin postearlo en Facebook.

Lena Dunham. Instagram: @lenadunham

Generación Y o los Millennials: me van a extrañar y por eso no me voy

Las millennials por antonomasia, Miley Cyrus y Lena Dunham, son en sí mismas una definición de la generación más pública. La generación Y es la que encontrarás con la lengua de fuera o haciendo señales de mano apócrifas de pandilla inexistente, en lo que parece ser una producción ilimitada de selfies. Los reyes y las reinas del exhibicionismo digital, los gen-Yers tienen la misma edad que la era cibernética y les ha tocado enseñarles a sus padres a manejar las redes sociales, aunque no lo suficiente para que se enteren de los videos de pornografía casera que de pronto llegan a subir. Son propensos a publicar cada detalle de su existencia, desde los ingredientes de su desayuno, hasta sus reiteradas—y jamás del todo cumplidas—intenciones de clausurar sus cuentas en las redes sociales. En un grupo de cinco o más personas incluidas en un wefie, el millennial es el del centro y el que tiene la cámara en mano. De entre 21 y 35 años de edad, el millennial compra ropa interior reveladora y opulenta, de marcas creadas por sus amigos diseñadores, por actrices o músicos, misma que puede pagar gracias a que aún vive con sus papás.

This is how I feel sometimes || #winona #winonaryder #winoforever #heathers #veronicasawyer #80s

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Winona Ryder. Instagram: @winonaryder_

Generación X: total, a quién le importa

El gen-Xer, cuya edad oscila entre los 36 y los 51 años, es hijo del optimista baby boomer cuyas acciones cambiarían al mundo, y como tal, es caracterizado por el desencanto, la ironía y el aburrimiento. La primera que no superaría a la de sus padres en términos socioeconómicos, la generación X llegó también tarde a la era digital, y le ha tocado enterarse a través de sus hijos que una selfie no es una droga, que wi-fi se pronuncia wai-fai y que WTF no significa Well That's Fantastic. No del todo cómodo con el exhibicionismo electrónico, sus selfies y fotos de perfil suelen ser tomadas desde ángulos que ocultan o distorsionan su rostro, cuando no se trata de sus mascotas o de sus hijos pequeños. Por lo mismo, sus wefies superan en número a sus selfies, como si el acto de subir una foto propia a las redes sociales necesitara de una justificación social. El miembro de la generación slacker usa ropa interior que compra en el supermercado en paquetes de cinco o seis, mientas que las mujeres gen-X guardan en el cajón algo de lencería sexy de antes del primer divorcio.

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