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New York dating, latino style

New York dating, latino style

Una mujer latina en el inicio de sus 30s. Dos american guys. Resultados anticipados.

NY dating

Por Laura Aguilar

Estábamos en la segunda cita caminando por el Meatpacking District cuando soltó algo así como: "Mejor cuéntame de tus ojos, esos hermosos ojos".  Silencio… largo y profundo, hasta que tragué saliva y de pronto me dieron ganas de tomar la línea 3 roja del subway y no bajarme hasta la 96.

—¿Perdón?— le respondí.

—Sí— comentó de nuevo, y con una seriedad de esas que se aderezan de coquetería, remató:— cuéntame de tus ojos.

Hablaba en serio. ¿Qué carajos hace esa frase en la mente de un hombre de 31? Are you stupid? Do you think I’m stupid? Una cosa es lo que uno piensa, pero en realidad respondí irónica y con aires de grandeza:

—¿Mis ojos? Ja. ¡Que gran frase! ¿Cuántas veces la has usado con éxito, darling?

Su reacción fue la de un niño castigado. Me sentí mal. Decidí no ser tan cínica porque, desde el turco perfecto —uy, después les platicaré del turco perfecto—, el benchmark era elevado, y este hombre era divertido y detallista.


No eran drogas. Era algo peor.

Después de un par de meses de estar saliendo, se nos cruzó un newstand con la cara de Barack Obama en la mayoría de las covers.

—Interesante lo que los republicanos están diciendo de Obama estos días, ¿no?

Oh, sor-pre-sa. El no tenía ni la más mínima idea de quiénes eran los republicanos. Ni los demócratas. Ni de la crisis del 2008. Pero sí ubicaba perfectamente a Kim Kardashian. Qué cosa. A menos de que seas Harvey Specter o Bill Gates, no puedes darte el lujo de no leer los periódicos… ever!

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Así que, ¿volvería a salir con Mr. Detallista? Agh, neh! For fun only. Poco después, por tanto, no tardé en salir con Mr. Banker.

El típico Wall Street american guy con el traje perfecto, el departamento perfecto, cerebro perfecto, ambición ilimitada (TURN ON!!!). Y, mientras estábamos a punto de dar inicio a nuestra segunda date y lo vi ahí, en la calle 69 esquina con Central Park West, rubio, delgado, con el pañuelo combinando perfecto con los zapatos, pensé suspirando: "Ahhhhh, finally a man. A real man!". A sus 34 años era un hombre con la mentalidad de: "been there, done that, ready to settle".

Pasadas las 11 de la noche nos encontramos a una amiga de él en un bar underground del East Village, quién le entregó un paquete:

—Lau— volteé de inmediato a ver esos ojos azules—, could you please put this on your purse?

No eran drogas. Era algo peor: ampolletas para evitar el envejecimiento.

—¿Son para ti?— le pregunté, obviamente.

—¡Claro! Hay que cuidarse al máximo, ¿no?


Siete razones para huir

Al terminar la noche, me dejó en la puerta de mi departamento.

—¿Cuándo te veo?

—Nos hablamos mañana.

Al otro día salí a correr, me detuve en una pequeña coffee shop en Columbus Avenue a leer el Sunday Times; el celular estaba en vibrador y en mi bolso. Alrededor de las 3 pm, y dos lattes después, mi celular tenía siete llamadas perdidas. Sie-te. Todas de Mr. Banker.

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Solo hay dos razones para llamar siete veces seguidas a quien sea: o se murió alguien o te sacaste la lotería.

Opté por mandarle a Mr. Banker un mensajito diciendo que me habían salido planes, pero que nos hablábamos en la semana porque salía de viaje de trabajo el lunes en la tarde.

Llegó el lunes y, antes de las 11 am, ya tenía un mensaje de él: "Te extraño flaquita. ¿Te puedo ir a visitar?". (¿Flaquita?¿Me extrañas? ¡Nos hemos visto dos veces en la vida!). Martes, dos llamadas perdidas y mensajes. "Cómo estás, baby? Te he hablado pero supongo que ocupada"  (Baby? Are you Patrick Swayze?). Para el miércoles las llamadas de Mr. Banker parecían diluvio, a tal grado que mi interés en el hombre se volvió nulo. Cero. Niente. Hemos salido una vez, una vez. ¡Una! Back off!


Oh, Facebook profile

A medianoche del miércoles, volvió a marcar y no contesté. "Es un buen tipo, Laura —me dije—. ¿Por qué no te das una oportunidad de conocerlo mejor? Igual cuando pase esta etapa es un tipo sensacional".

En medio de la lluvia y mis inciensos de sandalwood, decidí hacer lo que me había propuesto no hacer la próxima vez que saliera con alguien: echarme un clavado a su Facebook profile. ¿El resultado? Juzguen ustedes: selfies en traje de baño, selfies en yates, selfies en exceso de autobronceador, selfie en el elevador mandándose él mismo un beso—sí, él a él, sólo, con trompita parada, celular en mano y mandándose un beso al espejo. Ríete, se vale. Pero no miento. La gota que derramó el vaso fue una foto con una mujer con el escote de Pamela Anderson mucho menos atractiva que Pamela Anderson. Cerré la computadora y me reí. Me sentí mejor al no contestar sus llamadas. He was not for me. End of the story.

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Encendí Netflix sin saber exactamente qué quería ver y, luego luego, me salieron recomendaciones de acuerdo con lo que ya había visto… Todo se me antojaba. Men, if only the universe could understand me as well as my Suggested For You Netflix Category, my dating life will be totally different.

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