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Los adultos de 55 años o más representaban el 24% de los casos de los 1.2 millones de personas que vivían con VIH en EEUU en 2012, según cifras de los CDC.

Cómo se envejece con VIH

Cómo se envejece con VIH

En el día nacional para crear conciencia sobre el VIH/sida y el envejecimiento, explicamos cuáles son los riesgos que enfrentan los adultos mayores.

Los adultos de 55 años o más representaban el 24% de los casos de los 1....
Los adultos de 55 años o más representaban el 24% de los casos de los 1.2 millones de personas que vivían con VIH en EEUU en 2012, según cifras de los CDC.

Por Patricia Rey Mallén @PReyMallen 

El VIH no distingue entre jóvenes y adultos. En los próximos cinco años, se estima que  la mitad de los seropositivos estadounidenses serán mayores de 50 años, lo que supone un aumento considerable del porcentaje de 2010, en el que apenas una cuarta parte de los pacientes con VIH eran adultos mayores. 

Sin embargo, este no es un grupo homogéneo. Por un lado, el número de infecciones nuevas en ciudadanos mayores muestra una tendencia al alza en los últimos años. Según datos del Departamento de Salud de Florida, el 18% de los nuevos casos de infección por VIH en Estados Unidos en 2013 fueron personas mayores de 50 años. En 2010, fue solo de 5%, según un estudio de los  Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). 

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Los avances en medicamentos han conseguido que una infección de VIH o sida ya no sea una condena de muerte. Hoy en día, pacientes que contrajeron la enfermedad en su juventud pueden tener rutinas similares a las de una persona sana, con una esperanza de vida prácticamente igual de larga. 
Qué esperar 

En la prehistoria de la enfermedad, una infección por VIH significaba una esperanza de vida de cinco años o menos incluso si la infección derivaba en sida. Con la proliferación de medicinas antirretrovirales en la década de los 90, una persona infectada con VIH puede vivir hasta 50 años más desde su diagnóstico. Una primera generación de pacientes ya ha logrado vivir dos o tres décadas con la enfermedad

Pero los riesgos siguen allí. El sistema inmunológico se ve seriamente afectado, lo que los hace más susceptibles a infecciones. Además, deben tomar en cuenta cómo los medicamentos específicos para tratar estas infecciones podrían afectar el funcionamiento de los antirretrovirales y viceversa.  

“La polifarmacia, o consumir varios medicamentos a la vez, conlleva su propio riesgo”, señala el Dr. John Brooks, médico epidemiólogo y jefe de la división de prevención de VIH en el CDC, en conversación con Univision Noticias. 

La infección y el tratamiento también pueden afectar las capacidades cognitivas. Si bien la demencia por sida -que solía ser muy común entre los pacientes- es rara hoy en día, los estudios indican que a largo plazo la enfermedad tiene efectos serios en el cerebro.  

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“El VIH golpea el cerebro muy pronto y de forma continua”, dice el Dr. Miroslaw Mackiewicz, director de neurobiología del Instituto Nacional de la Edad (NIA) del Departamento de Salud de los Estados Unidos. La actividad psicomotriz y capacidad de reacción, por ejemplo, pueden verse seriamente disminuidas. 

La inflamación crónica, efecto del VIH, también es un síntoma que hay que vigilar de cerca. “Puede llevar a varios problemas, como dolencias cardiovasculares y enfermedades óseas”, señala Brooks. Una de sus recomendaciones es que los pacientes se mantengan alejados del tabaco. “ Dejar de fumar es muy importante, para no aumentar los problemas cardiovasculares que vienen de la mano del VIH”. 

Superar el estigma 

“Diagnosticar el VIH en adultos mayores es más difícil [que en pacientes más jóvenes] porque varios de sus síntomas, como la neumonía o los problemas cognitivos, pueden confundirse con dolencias propias de la edad”, asegura David Vance, profesor asociado de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Alabama en Birmingham.  

Al estar acostumbrados a vivir con problemas de salud, los adultos mayores tardan más en acudir al doctor cuando descubren nuevos síntomas. “Los exámenes para detectar el VIH deberían ser parte de las revisiones médicas rutinarias en pacientes de 13 a 64 años”, opina Mara Gambineri, vocera del Departamento de Salud de Florida. 

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Pero el mayor obstáculo en el cuidado de las personas mayores con VIH es de origen psicológico. “El estigma del VIH y sida es más severo entre las personas mayores, y eso hace que los pacientes oculten su infección a su familia y amigos”, dice Gambineri, quien también destaca que la red de apoyo de los adultos mayores es menor que la de una persona joven. 

Esta vergüenza es también un obstáculo para la prevención. Los adultos mayores no corren el riesgo de un embarazo no deseado, por lo que el uso de preservativos se considera innecesario. “ Creen que el VIH es un problema de jóvenes,” dice el Dr. Basil Eldadah, director del programa de gerontología de NIA. “Pero tanto ellos como sus médicos deben recordar que los factores de riesgo son idénticos en personas mayores, y los problemas propios de la edad pueden incluso hacerlos más susceptibles a la infección”. 

Y no son solo los pacientes los que sucumben a la timidez, también los profesionales de salud. “A muchos doctores les da pena preguntar a una mujer de la edad de su abuela por su vida sexual, pero es importante que lo hagan,” dice Brooks. 

Según cifras de los CDC, menos de un tercio de adultos de 60 años o más han hablado de sexo con su médico en los últimos 10 años. 

Tener una conversación abierta y sincera entre paciente y médico es especialmente importante, sobre todo en el caso de las personas mayores que de repente se ven nuevamente solteras, bien sea porque se divorcian o enviudan.  

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“No se puede caer en el error de pensar que por ser adulto se es inmune al VIH”, añade Brooks. “Tras pasar toda la vida conociendo el estado de VIH de su pareja, muchos adultos mayores no contemplan la posibilidad de infectarse”. 

Según una encuesta nacional, solo el 3% de los adultos mayores de 60 años reconoció haber usado preservativo en 2010, a pesar de que el 49% dijo ser sexualmente activo y el 15% admitió haber pagado por sexo.

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