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Quién era Andreas Lubitz, el copiloto del vuelo de Germanwings

Quién era Andreas Lubitz, el copiloto del vuelo de Germanwings

El copiloto del Airbus A320 que se estrelló en los Alpes franceses tenía 28 años y vivía con sus padres.

Por José Ángel Gonzalo @jangelgonzalo

Conmoción e incredulidad. Las declaraciones del fiscal francés, Brice Robin, que está investigando las causas del accidente del avión de Germanwings que ha dejado 150 víctimas mortales, han dado un giro radical que ha golpeado aún más a las familias y conocidos de los fallecidos.

Andreas Lubitz, un joven alemán de apenas 27 años, "voluntariamente permitió una pérdida de altitud anormal, de mil metros por minuto, y no tenía ninguna razón para hacerlo ni para impedir que el piloto volviera a cabina ni para no responder a la torre de control". Es decir, que según las investigaciones, no se trató de un accidente sino de una acción deliberada del copiloto que aprovechó la salida de su compañero al baño para no dejarlo volver a entrar y así poder provocar el accidente. ¿Suicidio? El propio Robin ha sido muy precavido y no ha querido lanzar ninguna conclusión aún. 

Leer: Fiscal: Copiloto "parecía tener la intención" de destruir el avión 

En este punto, todas las miradas "y las preguntas- se vuelven hacia este joven que llevaba en la compañía desde el pasado septiembre. Todo el mundo en este momento se pregunta quién era Andreas Lubitz y, sobre todo, por qué lo hizo.

Ya las autoridades han dejado claro que para poder satisfacer la segunda pregunta vamos a necesitar tiempo, tal vez semanas o meses. Para la primera… aún existe una gran nebulosa entorno a “joven muy simpático” y “divertido, pese a que a veces era un poco callado”, tal como lo define Peter Reucker, un miembro del club de vuelo de Montabaur, donde Andreas tomó clases. “Era un chico como otros muchos acá. Estaba integrado y, creo, lo pasó bien aquí”, sostiene sorprendido este empleado de dicho club en una entrevista con Reuters.
Andreas Lubitz: Los que lo conocían Univision

¿Un terrorista?

Tras las declaraciones del fiscal francés en las que revelaba lo acontecido en los últimos minutos de vuelo 9525 de Germanwings, la primera explicación que ha ocupado la mente de muchos ha sido la de la pista terrorista. Pero Robin ha sido muy tajante: no existe “ningún elemento que indique un atentado terrorista”. Y por si había alguna duda, el ministro alemán de Interior, Thomas de Maizière, ha vuelto a recalcar que “en el estado actual de las investigaciones, y tras la estructuración de la información que tenemos sobre él (Andreas Lubitz), no hay un contexto terrorista”.

Un piloto “impecable”

Son escasos aún los detalles que se conocen de un piloto que concluyó su formación en el 2008 con una actitud “impecable”, según el mismísimo presidente ejecutivo de Lufthansa, Carsten Spohr, ha dicho en una conferencia de prensa en Colonia. No sólo los adjetivos calificativos positivos "que añaden más incredulidad a esta catástrofe- provienen de la propia compañía. La revista Aviation Business Gazette, en el mes de septiembre del pasado año, publicó que Lubitz, gracias a su excelente formación, fue incluido en la base de datos de la Federal Aviation Administration (FAA)

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Con estos datos, no es sorprendente que Peter Ruecker se encuentre “sin palabras”. Como muchos, no tiene “una explicación para todo esto. Conociendo a Andreas, esto es inconcebible para mí”.

 Y es que, como Peter, los investigadores y los familiares tratan de recomponer este rompecabezas que parece, con los datos que hay sobre la mesa, está formado por piezas de difícil encaje.

Andrea era el que tenía menos experiencia de los dos pilotos a bordo del A320. Comenzó su formación en el año 2006, en la escuela de la compañía Lufthansa, en Bremen.

Una pesadilla

Los dirigentes de Lufthansa han mostrado su sorpresa pero han explicado que Andreas había pasado todos los exámenes psicológicos obligatorios: “Tratamos de poner el acento sobre las capacidades psicológicas de nuestros candidatos”.

Sin embargo, el peso de los acontecimientos ha obligado a Carsten Spohr a reconocer que “siquiera en nuestras peores pesadillas hubiéramos podido imaginar que una tragedia de estas dimensiones podría producirse dentro de nuestra empresa”. Hoy esa pesadilla es la que viven los familiares de las víctimas fallecidas que hoy -con mayor angustia- siguén buscando una respuesta a esa segunda incógnita: por qué. 

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