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Daniel Morcate: El tono crispado de la contienda presidencial

Daniel Morcate: El tono crispado de la contienda presidencial

El autor invita a aguzar el olfato y discernir entre las críticas válidas y el puro lenguaje de cloaca

Daniel Morcate: El tono crispado de la contienda presidencial GettyImage...

Por Daniel Morcate, miembro de la unidad política de Univision Noticias

Uno de los lemas de campaña de Donald Trump marca el tono de la actual contienda presidencial. “Señores”, suele decir el magnate de bienes raíces, “no podemos darnos el lujo de ser amables”. Trump, en efecto, no lo es, ni con sus rivales ni con los votantes, a quienes no vacila en tildar de “estúpidos” cuando favorecen en las encuestas a otro precandidato republicano.

De hecho, su idea de una idea política es la descalificación y el insulto. Y como domina la cobertura electoral y la batalla por la nominación de su partido, algunos analistas han concluido que padecemos la contienda presidencial más crispada y sucia en la historia de Estados Unidos. Ese, sin embargo, es un veredicto que puntualmente se repite con cada puja por la Casa Blanca. Porque la realidad es que, en nuestra democracia y en cualquier otra, el tono negativo caracteriza a todos los períodos electorales. Y en ciertas ocasiones incluso brinda un servicio constructivo a los votantes. Me explico.

El negativismo y la descalificación en política son prácticas tan antiguas como nuestra república. Nada menos que el gran Thomas Paine, autor del clásico panfleto Common Sense, descalificaba a George Washington como “hipócrita en la vida pública y traicionero en la amistad privada”. William Cobett solía llamar a Benjamin Franklin “viejo hipócrita, artero y lujurioso”. Abraham Lincoln tuvo una larga carrera de libelista anónimo antes de convertirse en el Gran Emancipador. Y Woodrow Wilson a menudo acusaba a su rival Warren Hardin de tener una mentalidad de campesino.

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Este negativismo se ha manifestado desde siempre en los anuncios políticos de los candidatos y los grupos que los apoyan. Y es que nuestros grandes propagandistas saben que las descalificaciones personales, especialmente en anuncios de prensa, radio y televisión, diferencian a los políticos de sus rivales. De ahí que abunden los “ attack ads”, es decir, los comerciales en los que los aspirantes resaltan las fallas de personalidad, historial y opiniones de sus contrincantes. Reales o imaginarias. Muchos votantes se enteran precisamente así de las debilidades de los aspirantes que los cortejan.

El negativismo en las campañas electorales funciona de la misma manera y por la misma razón que el negativismo en las campañas de información contra plagas tales como el tabaquismo, el alcoholismo y la drogadicción. Está en nuestra naturaleza humana el sentir curiosidad genuina para prevenirnos contra todo lo que pueda perjudicarnos. Sin embargo, un esfuerzo electoral basado exclusivamente en lo negativo acaba dañando la imagen del candidato al que promueve. Por eso, todas las campañas presidenciales complementan sus “ attack ads” con “ contrast adds”, es decir, comerciales en los que se compara favorablemente a un candidato con sus adversarios.

A decir verdad, los anuncios negativos no son las únicas ni las peores artimañas que usan las campañas, aunque algunas lo disimulen mejor que otras. También filtran información para malear la imagen de rivales, plantan noticias falsas en otras campañas para que las divulguen en detrimento de su credibilidad, presionan a los medios para que les den cobertura favorable a sus candidatos, crean bancos telefónicos para hacer sondeos espurios en los que formulan preguntas sesgadas contra adversarios y, en casos extremos, promueven falsas candidaturas para erosionar el apoyo popular de rivales. Estos y otros métodos bajunos nos permiten invertir la célebre frase del teórico militar Carl von Clausewitz y afirmar que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Sobre todo la política electoral.

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A medida que se intensifique la lucha por la presidencia este año, también se agudizará su tono negativo. Ya está sucediendo. Algunos candidatos empiezan a despedazarse verbalmente, incluyendo aquellos, como Donald Trump y Ted Cruz, que hasta hace unos días parecían haber hecho un pacto de no agresión. Otros aspirantes se abstendrán de atacar e insultar, se esforzarán por ser corteses y jugar limpio y probablemente quedarán en el camino. Algo así le está pasando a Jeb Bush. En vista de ello, ¿qué deberíamos hacer los votantes? De tripas corazón. No nos quedará otro remedio que aguantar la respiración de vez cuando, aguzar el olfato y discernir entre las críticas válidas y el puro lenguaje de cloaca.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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