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Inmigración en el tercer debate: el problema empieza mucho más allá de la frontera con México

Inmigración en el tercer debate: el problema empieza mucho más allá de la frontera con México

Trump y Clinton hablaron sobre inmigración un total de 10 minutos en los tres debates. Su visión deja muchas preguntas sin resolver.

La fuerza de deportación con la que Trump dijo que sacaría del país a 11 millones de indocumentados Univision

Por: Jorge Cancino, Univisión (USA) | Enrique Naveda, Plaza Pública (Guatemala) | Diego Arguedas Ortiz, Semanario Universidad (Costa Rica) | Mael Vallejo, Animal Político (México).

En los menos de diez minutos que dedicaron a inmigración durante el tercer debate presidencial, Hillary Clinton y Donald Trump mantuvieron la tónica de toda la campaña: ver el flujo humano como un asunto de seguridad nacional. Pero, en realidad, cada vez hay más evidencia de que el origen del problema tiene más que ver con la pobreza creciente, la inestabilidad política y la violencia endémica que domina México y Centroamérica. Se trata de un problema de política exterior, no de seguridad.

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La visión muro-centrista de los candidatos apeló al síntoma (los millones de migrantes que van hacia o viven en Estados Unidos), sin tocar las raíces de ese flujo hacia el norte, y sin mencionar cómo la política exterior estadounidense podría impactar ese movimiento. Al sur del río Bravo es cada vez más evidente que la migración desde México y Centroamérica responde más a las carencias locales que al sueño americano.

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¿Qué está pasando al otro lado del río?

La migración mexicana hacia Estados Unidos es un fenómeno histórico complejo. El aumento de la violencia y la pobreza en el país en la última década ayudan a explicar por qué sigue existiendo migración. México es uno de los tres países, junto con Guatemala y Venezuela, en donde más creció la pobreza entre 2014 y 2015. El estudio Panorama Social de América Latina 2015 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe señala que la pobreza aumentó de 51.6% de la población en 2012 a 53.2% en 2014. La indigencia afecta al 20.6%.

En México cada día son asesinadas 55 personas. Tan sólo en los primeros dos meses de este año hubo 3,158 homicidios. En 2015 el número de estas muertes llegó a 18,650 en total.

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No existe un cálculo exacto de cuántos de estas víctimas son consecuencia de la guerra contra el narcotráfico, iniciada hace casi 10 años, y cuántas de la delincuencia común. A esa cifra hay que sumarle las casi 27,000 personas desaparecidas –de las que no se conoce el paradero– que reconoce el Gobierno mexicano.

A ello se añaden los recortes que Estados Unidos ha hecho a los apoyos hacia México. Porque, a pesar de esta situación, Estados Unidos ha suspendido o disminuido la entrega de recursos destinados a combatir el narcotráfico en México. Este año, por ejemplo, no se entregaron cinco millones de dólares para la lucha contra los cárteles. ¿La razón? El gobierno consideró que las fuerzas armadas y la policía no estaban cumpliendo con los requisitos en Derechos Humanos que exige el Congreso estadounidense.

"Tenemos poca información cuantitativa para medir el fenómeno, pero hay zonas del país donde comunidades enteras han tenido que migrar y perderse en el anonimato para no enfrentar la situación de violencia", dijo a Animal Político Sara María Lara Flores, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México sobre el tema.

Pero, a juzgar por sus discursos, los candidatos parecen desconocer estas causas: Trump sigue insistiendo en la necesidad de cerrar la frontera con México, señalando que los migrantes indocumentados de este país roban empleos a los estadounidenses y acusándolos de criminales e incluso violadores.

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En realidad el número de migrantes que viajan de México a Estados Unidos ha disminuido en el último lustro, de acuerdo con datos oficiales de México. La cifra más reciente del Instituto de Estadística (Inegi) señala que en los últimos cinco años emigraron 719,000 mexicanos hacia Estados Unidos, la cifra más baja desde 1992. Por el contrario, el número de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos ha comenzado a crecer, al igual que el número de deportaciones desde México.

Un problema que empieza más allá del río Bravo.
Un problema que empieza más allá del río Bravo.

Los inmigrantes buscan huir, no llegar

Organizaciones humanitarias, centros de análisis, universidades locales e investigaciones periodísticas han detectado en los últimos años un patrón cada vez más notorio: los migrantes centroamericanos salen de sus lugares de origen sin un lugar claro de destino y no siempre pretenden arribar a EEUU.

Se quedan en lugares intermedios. Su objetivo era huir, no llegar. No buscaban el sueño americano, sino abandonar ese lugar sin futuro que es ahora la pesadilla centroamericana.

Desde el final de las guerras civiles que asolaron Centroamérica durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, la región había ocupado un lugar secundario en la lista de preocupaciones de Estados Unidos.

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El año 2014 volvió a poner al istmo en el mapa político norteamericano. La crisis de los niños migrantes que se presentaban en la frontera estadounidense sin acompañantes detonó un debate en torno a las causas de la migración desde Guatemala, El Salvador y Honduras, y llegó a ser un tema de preocupación en la Casa Blanca, que recibió con espanto la noticia.

La discusión se desarrolló con cierto encono entre quienes subrayaban que las razones para emigrar eran la pobreza y el hambre, aquellos que señalaban la reagrupación familiar y los que aducían un motivo que sonaba más nuevo: el motivo del éxodo era la violencia.

Menos de un año después, los tres países centroamericanos, asesorados por el Banco Interamericano de Desarrollo, le presentaron a EEUU un plan para mejorar las condiciones socioeconómicas con el fin de mitigar las causas de la migración.

La propuesta, hoy conocida como Alianza para la Prosperidad, entrañaba un compromiso de los países centroamericanos por mejorar su inversión social pero también la petición de que EEUU ofreciera mayor cooperación.

El Gobierno de Barack Obama la recibió con tal entusiasmo que hizo que pareciera propia y quiso aprovecharla para comprometer a Guatemala a ampliar la vigencia de una comisión de Naciones Unidas que investigaba la impunidad y la corrupción, y para convencer a El Salvador y Honduras de que instalaran una semejante en cada país. Parecían privilegiar la explicación económica.

Población indocumentada en EEUU en 2014
Datos estimados por el Centro Pew y desglosados según el país de origen.
FUENTE: Centro Pew | UNIVISION

Las tasas de homicios más altas del mundo

La semana pasada un informe de Amnistía Internacional volvió a poner el foco sobre la violencia, especialmente en el caso de Honduras y El Salvador. El estudio responsabilizaba a los países centroamericanos de no estar tomando medidas para contener la crisis humanitaria. También acusaba a México y Estados Unidos de violar el principio de no devolución, que prohíbe a un estado devolver a una persona refugiada a un país donde pueda ser perseguida o donde su vida corra peligro.

Los tres países reunidos en la región conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica concitan algunas de las tasas de homicidios más altas del mundo. Pese a la reducción de la violencia que Guatemala ha experimentado de manera casi ininterrumpida desde 2009, aún mueren asesinadas 29 personas por cada 100,000 habitantes. En Honduras, esa cifra ascendía a 64 en 2015 y en El Salvador a 108. En EEUU ese dato era de 4.4 en 2004, según Amnistía Internacional.

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Amnistía Internacional también destaca el rechazo de las autoridades locales a aceptar la tesis de la violencia.

Hace unos días, el ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco, Carlos Raúl Morales, le dijo al medio local Plaza Pública: “Nuestros migrantes aún son migrantes económicos. Ocho de cada diez migrantes, de tres millones de guatemaltecos en Estados Unidos, se fueron buscando una mejora económica. No huyeron de la violencia. Y no los ocultamos sino que buscamos la forma de combatir las causas originales, como la pobreza, la desnutrición. Cinco de cada diez niños en Guatemala padece desnutrición”.

Pero entre 2010 y 2015 las solicitudes de asilo por parte de ciudadanos centroamericanos se multiplicaron casi por seis.

Aunque estas razones sean de sobra conocidas por Clinton y probablemente también por Trump, prefirieron obviar la discusión y no referirse a qué medidas que un país como Estados Unidos podría desarrollar, como parte de su política exterior, para no abonar el terreno en el que germina la migración.

Un señal cerca de la frontera con México en Arizona
Un señal cerca de la frontera con México en Arizona

Lo que sí han dicho los candidatos

Los candidatos gastaron buena parte de los escasos 10 minutos que dedicaron a la inmigración a intercambiar acusaciones. Trump dijo a Clinton que era favorable a construir un muro durante su tiempo en el Senado y señaló que la administración de Barack Obama ha deportado millones de inmigrantes desde 2009, afirmación que es verdadera. La demócrata, por su parte, criticó al magnate por haber empleado inmigrantes indocumentados para construir la Trump Tower, icono de su imperio inmobiliario. También eso es verdad.

La demócrata dama señaló que los inmigrantes “trabajan duro”, que no quiere separar familias y rechaza la "fuerza de deportación" que el empresario ha propuesto en varios discursos, pero evitó dar mayores explicaciones sobre su plan migratorio. "Clinton no quiso dar detalles porque el presidente (Obama), durante sus dos gobiernos, no pudo lograr la reforma migratoria que había prometido", dijo a Univision Noticias Lilia Velásquez, profesora adjunta de la facultad de leyes de la Universidad de California en San Diego.

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Mientras, Trump insistió en una de las ideas centrales de su campaña: la de garantizar "fronteras seguras". "Están entrando de manera ilegal. Las drogas están ingresando a través de la frontera. No tenemos país si no tenemos frontera", dijo el candidato republicano. El magnate también se estrenó con el español diciendo: " tenemos unos hombres malos aquí y vamos a sacarlos". Y agregó que "una vez que la frontera esté segura, en una fecha posterior haremos una determinación sobre el resto".

Una mujer hablar con sus familiares al otro lado de la frontera, en Tijuana
Una mujer hablar con sus familiares al otro lado de la frontera, en Tijuana

Muchas incógnitas sin resolver

Precisamente es ese "resto" el que esperaba que el debate aclarara sus dudas, pero no fue así. Y no por cuestión de tiempo, sino porque, de entrada, la discusión solo entró a tratar la inmigración indocumentada en relación con el tráfico de drogas y el crimen, tal y como lo hizo Trump cuando lanzó su candidatura en 2015, también en Nevada.

Este énfasis deja muchas incógnitas. Por ejemplo: no se dieron detalles sobre cómo sería la "fuerza de deportación" que propone Trump. El republicano no explicó si daría poderes extraordinarios a los policías para convertirlos en brazos de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). No se conocieron detalles sobre qué pasará con los niños inmigrantes centroamericanos que llegan a la frontera solos en busca de asilo. Ni sobre si Trump cancelará DACA y deportará a los más de 740,000 que recibieron el beneficio. Tampoco se sabe si Clinton tiene garantizado el apoyo republicano en ambas cámaras del Congreso para una reforma migratoria. Ni si los candidatos quitarán la ciudadanía a los entre 4 y 5 millones de niños ciudadanos hijos de padres indocumentados. Una larga lista de preguntas queda respuesta.

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Las soluciones al problema migratorio de Estados Unidos no se encuentran en los discursos que Clinton y Trump han ofrecido en sus campañas. Se encuentran más allá del río Bravo: en los países donde se generó la crisis que está obligando a miles de personas a escapar en busca de refugio. "Tenemos dos posiciones muy claras", dice Ben Monterroso, director ejecutivo de Mi Familia Vota. Monterroso se refiere a una demócrata que promete reforma migratoria y/o acciones ejecutivas para sacar de las sombras a los indocumentados y atender a los que están viniendo y vendrán en el futuro, y otra republicana que consiste en poner fin a la población indocumentada con deportaciones masivas. "Nuestro voto determinará quién será la próxima o el próximo presidente de Estados Unidos", concluye.

Este tema es obra de cuatro periodistas latinoamericanos que se reunieron en Miami para colaborar en la cobertura del último debate presidencial.

Estas son las propuestas de cada candidato en inmigración:


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