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El presidente Barack Obama junto a Hillary Clinton durante la Convención Nacional Demócrata.

Así ha transformado Obama el Partido Demócrata

Así ha transformado Obama el Partido Demócrata

El presidente saliente dio energía en 2008 a su grupo al desafiar a una Hillary Clinton que parecía inexpugnable. Su presencia ahora en Filadelfia es un recordatorio de una actitud inclusiva, optimista que tenía Reagan y que en cambio no tiene Trump.

El presidente Barack Obama junto a Hillary Clinton durante la Convención...
El presidente Barack Obama junto a Hillary Clinton durante la Convención Nacional Demócrata.

Nada define mejor el camino que han recorrido los demócratas en la última década que la evolución entre el Barack Obama que pronunció un discurso en Boston hace 12 años y el que se dirigió este miércoles a la convención.

Entonces Obama era un joven aspirante a senador al que casi nadie saludaba por los pasillos. Esta vez era un presidente a punto de abandonar la Casa Blanca después de un mandato marcado por el bloqueo legislativo y la amenaza terrorista pero jalonado de éxitos como la reforma sanitaria, la reducción del déficit o la salida de la recesión.

¿Qué ha ocurrido con los demócratas durante estos 12 años?

En primer lugar, el partido ha recobrado la iniciativa política y ha arrinconado a los republicanos, cuyos líderes se sienten amenazados por unas bases que les ayudan a ganar en carreras locales y estatales pero que no les bastan para ganar la carrera presidencial.

Ese cambio es el fruto de un giro demográfico pero también de una transformación social. En el censo hay menos blancos, más hispanos y más afroamericanos que en 2004 y el país ha dejado atrás las batallas en torno a asuntos morales que definieron toda una generación.

El Obama que llegó al poder estaba en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y apenas mencionaba el control de las armas de fuego por miedo a perder.

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Hoy ambos asuntos tienen el respaldo de la mayoría de los ciudadanos y han dejado de ser un tabú para un aspirante a la Casa Blanca. Pero el segundo no está resuelto y es una de las espinas que se le quedará clavada. Quizá la que más le duele después de abrazar a los padres de los niños asesinados en Sandy Hook.

Los demócratas son ahora también un movimiento lleno de energía. La mecha que prendió Bernie Sanders fue un problema transitorio para Hillary pero es también una buena noticia para un partido al que muchos analistas daban por muerto después de las derrotas de John Kerry y Al Gore.

Esa energía se la deben los demócratas a Obama, que en 2008 se atrevió a desafiar a una Hillary Clinton que parecía inexpugnable y a la que derrotó en unas primarias cuyas heridas sólo se cerraron del todo aquí.

Obama ya no volverá a dirigirse como presidente a una convención demócrata. Quizá por eso puso un empeño especial en recobrar el tono conciliador de su primer discurso y se dirigió a los republicanos espantados por las malas formas de Donald Trump.

Citó a los republicanos Ronald Reagan y Teddy Roosevelt y recordó a sus abuelos de Kansas en un guiño a la América que no votó por él pero que quizá sí vote esta vez por una mujer.

Autores como Larry Sabato han comparado a Obama con Reagan por sus dotes retóricas y por el modo en que ha transformado el paisaje político del país. Es una comparación imperfecta por muchos motivos pero en algunos detalles tiene sentido. Ambos fueron grandes comunicadores, transformaron su país y su partido y se despidieron dejando un sucesor preparado para gobernar.

Reagan en la convención de 1988.
Reagan en la convención de 1988.


Reagan también vivió una velada como la de anoche. Ocurrió en Nueva Orleans, donde se celebró en 1988 la convención que coronó a George H. W. Bush. “Uno no se convierte en presidente de Estados Unidos”, dijo Reagan esa noche. “A uno le dan la custodia temporal de una institución que se llama la presidencia y que pertenece a nuestro pueblo”.

Reagan había rescatado a los republicanos de líderes sin lustre y del descrédito del Watergate. Al contrario que Obama, había sido gobernador durante años y llevaba casi dos décadas en la escena pública cuando ganó. Pero nunca se sacudió del todo la etiqueta de inexperto y muchos analistas creyeron que un presidente con un perfil tan conservador.

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Reagan fue un presidente mucho más pragmático de lo que sugiere ahora su caricatura. Pero apostó por que el país había cambiado y utilizó sus dotes retóricas para asumir errores y convencer a los ciudadanos de que merecía la pena tomar una medida impopular.

Son detalles que le asemejan a Obama, que lo suele citar en sus discursos y que lo citó también este miércoles aquí. Estas palabras inspiradoras de Reagan en Nueva Orleans podía haberlas dicho ahora el presidente y están en las antípodas del discurso de Trump. “Creo que Dios puso esta tierra entre dos grandes océanos para que la encontrara un pueblo especial que llegó de cada esquina del mundo y que tenía un amor extraordinario por la libertad. Ese amor llevó a ese pueblo a dejar su patria y venir a esta tierra para convertirla en un brillante rayo de libertad”.

Al igual que Hillary Clinton, George H. W. Bush era ya una persona mayor y se había enfrentado en unas primarias a su predecesor. Había sido congresista, director de la CIA, embajador en Naciones Unidas y vicepresidente. Nadie conocía mejor las responsabilidades del despacho oval.

Bush ganó por la debilidad del demócrata Michael Dukakis pero sobre todo por el legado de Reagan, cuyos errores pesaron menos que sus aciertos en el imaginario de la población. Fue un hecho inédito durante la segunda mitad del siglo XX: ni demócratas ni republicanos habían ganado la presidencia en tres elecciones consecutivas. Lo intentó Gore en el año 2000 pero no lo logró.

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Está por ver si Obama empuja también esta vez a Hillary. Su figura llevará a las urnas a los republicanos más radicales. Pero su mera presencia en Filadelfia es un recordatorio de una actitud inclusiva, optimista que tenía Reagan y que en cambio no tiene Trump.

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