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Un grupo de trabajadores prepara el escenario del debate presidencial en la Universidad Washington de St. Louis, Missouri.

Así elige Gallup a los votantes que interrogan a Trump y Clinton en el debate presidencial

Así elige Gallup a los votantes que interrogan a Trump y Clinton en el debate presidencial

El debate del domingo tiene el formato más difícil para los candidatos. La mitad de las preguntas las hacen votantes que pueden interrogar a los aspirantes sobre cualquier asunto.

Un grupo de trabajadores prepara el escenario del debate presidencial en...
Un grupo de trabajadores prepara el escenario del debate presidencial en la Universidad Washington de St. Louis, Missouri.

Este año Gallup ha decidido no hacer encuestas sobre intención de voto, pero ahora tiene una de las tareas más importantes de la carrera presidencial. Este domingo, la mitad de las preguntas para los candidatos en el debate en St. Louis, Missouri, serán de personas en la audiencia escogidas por la firma de sondeos entre votantes comunes.

Así, Hillary Clinton y Donald Trump se enfrentan al debate más difícil de preparar. Para el candidato republicano será especialmente difícil afrontar preguntas de las votantes tras la publicación de un vídeo en el que se le escucha presumiendo de manosear y besar a mujeres a su antojo.

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El formato del debate, llamado town hall e inaugurado en 1992, es el más impredecible para los aspirantes a la Casa Blanca. Las preguntas pueden versar sobre cualquier asunto, las formulan votantes que pueden improvisar y Gallup desconoce su contenido.

La otra mitad de las cuestiones las plantean los moderadores, Anderson Cooper y Martha Raddatz, y también son secretas, pero habitualmente más predecibles para los candidatos. Los moderadores eligen a quién llamar entre los seleccionados con las preguntas que les han pasado los votantes. Ni Gallup ni las campañas tienen ningún acceso a esas preguntas.

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Así se escogen

El proceso de selección de las personas que preguntan en St. Louis este domingo comenzó hace unas semanas.

En sus encuestas habituales, Gallup incluye preguntas clave para perfilar a los votantes, que en principio creen que están contestando sólo un clásico sondeo de opinión.

Aunque Gallup no publica datos este año de intención de voto, sigue haciendo sondeos sobre la confianza que merecen los candidatos, sobre la popularidad del presidente Barack Obama o sobre la gestión del país. Después de terminar el formulario, si los expertos encuestadores creen que la persona entrevistada coincide con el perfil que buscan invitan al encuestado al debate.

Los seleccionados suelen ser votantes indecisos o que tienden hacia un candidato u otro, pero no tienen una opinion muy fuerte sobre ninguno de los dos. Gallup hace un esfuerzo para que haya mezcla de edades y razas así como un número equilibrado de hombres y mujeres.

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Se selecciona a un centenar de personas, aunque sólo una veintena tiene la ocasión de hacer preguntas durante la hora y media que dura el debate.

El número exacto de personas en el hall del debate depende de la comisión de debates presidenciales, un organismo independiente que se dedica a organizar estos encuentros cada cuatro años.

También se busca a un público cercano a la zona del debate, en este caso St. Louis, en Missouri, un estado más conservador que la media del país, pero cuya ciudad principal tiene votantes demócratas. Gracias a St.Louis, Obama se quedó a unos pocos miles de votos de ganar este estado en 2008. Este año, Trump va diez puntos por delante en los sondeos en Missouri.

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Frank Newport, el encuestador jefe de Gallup, destaca que las preguntas de los votantes suelen tener especial valor porque a menudo presentan asuntos que políticos y periodistas olvidan. En este año tan crispado también se puede esperar una llamada de atención.

El tío de la coleta

En 1992, en Richmond, Virginia, en el primer town hall, entre George H.W. Bush, Bill Clinton y Ross Perot, la moderadora preguntó a la audiencia si estaba contenta con el tono de la campaña y el público gritó “no”. Denton Walthall, un hombre de 37 años que trabajaba como mediador en un tribunal juvenil, preguntó: “¿Podemos concentrarnos en los asuntos y no en las personalidades y en el barro?... ¿Podéis comprometeos ante los ciudadanos de Estados Unidos de que atenderéis a nuestras necesidades?”

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Walthall llevaba coleta y desde entonces las campañas utilizan el término “ ponytail guy” (“tío de la coleta”) para hablar de posibles votantes críticos que preguntan a un candidato.

Aquel año Walthall acabó votando por Bill Clinton. El candidato demócrata fue desde el principio uno de los grandes defensores del formato del town hall.

Los riesgos

Ahora Hillary Clinton lleva días preparándose para el formato más difícil. Donald Trump se resiste, pero su equipo le organizó un town hall con seguidores y un moderador amable al menos para que practicara responder preguntas de la audiencia.

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En este caso Trump se juega más que Clinton porque su falta de preparación hizo que perdiera con claridad el primer debate y empujó a su rival demócrata por delante en las encuestas. En circunstancias más normales, su capacidad para hacer bromas le podría ayudar en un formato que premia más las habilidades para improvisar que el estudio concienzudo. Pero justo ahora el candidato republicano tendrá más dificil explotar sus propios puntos fuertes por su último escándalo.

Los candidatos tienen que ser especialmente cuidadosos en sus respuestas para no parecer ni agresivos ni condescendientes ni poco respetuosos con votantes normales. No pueden reaccionar como ante las preguntas de los moderadores o del contrincante.

Cualquier gesto puede tener consecuencias. Así le pasó a George Bush padre cuando miró al reloj en medio del town hall del 92 en Richmond. Parecer impaciente ante las preguntas de los ciudadanos no fue un buen mensaje.

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Bush le explicó después a Jim Lehrer, el periodista que ha moderado más debates, que efectivamente estaba harto de aquel debate.

“¿Me puse contento cuando terminó la maldita cosa? Sí. Y tal vez por eso estaba mirando al reloj. Sólo diez minutos más de esta mierda. Me puedes citar. Ahora soy un espíritu libre”, dijo el expresidente. Lehrer cuenta la respuesta que le dio Bush en el libro Tension City: Inside the Presidential Debates.

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