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La novia perfecta, según Silvia Tcherassi

La novia perfecta, según Silvia Tcherassi

La diseñadora colombiana presentó su colección de trajes de boda para el 2016 y se alista para abrir una nueva sede de su atelier, en diciembre.

La novia perfecta, según Silvia Tcherassi

Por Honorina Cartagena 

A Silvia Tcherassi le gusta la modelo de piernas largas y delgadas, con pelo negro intenso y cara de niña asustada, para que lleve el vestido de novia que es corto adelante y largo atrás, como con una capa. En cambio no le parece que le quede bien el strapless ceñido al cuerpo: "no me gusta como se le ve el busto, le queda partido", dice. "¿Cuál es la más alta de todas?... Quiero ver cómo le queda el traje de los besos". 

La diseñadora colombiana no descuida ningún detalle, es exigente, perfeccionista. Para ella, un vestido mal modelado puede dar al traste con todo el trabajo que se ha hecho durante meses diseñando una colección. “Cada vestido tiene su mujer”, afirma.

Así nos lo contó mientras hacía el fitting para el desfile en el que presentó su colección de novias 2016 en el colonial Hotel Santa Clara, en Cartagena. Era la primera vez que mostraba sus novias en Colombia y lo hizo en presencia de su amiga Martha Stewart, pues las dos eran las invitadas de honor del Cartagena Bridal Week. 

Esto fue el miércoles 23 de septiembre. Esa misma noche, empacó los 20 vestidos para viajar al día siguiente a Miami para mostrarlos, el sábado 26, en el Modern Luxury Brides South Florida, en el famoso hotel Fontainebleau Miami Beach, como hace cada año.

La diseñadora Silvia Tcherassi expandirá su atelier de Miami.
La diseñadora Silvia Tcherassi expandirá su atelier de Miami.


Miami Vice

Miami es la ciudad donde vive hace casi dos décadas y el mercado natural para sus trajes de novia. En Coral Gables tiene un atelier solo para recibir, con cita previa, a las tan ilusionadas mujeres que atiende cada día para ayudarlas a cumplir su sueño de verse radiantes el día de su boda. Unas llegan desde Brasil, otras de Colombia, las hay venezolanas, mexicanas, dominicanas, estadounidenses...

Tal ha sido su éxito con esa línea, que decidió ampliar su atelier y está construyendo uno nuevo (de unos 450 metros cuadrados), muy cerca de la actual que es provisional, con la misma idea: dos salones para atender en privado a las novias, una gran vitrina y espacio para mostrar todas sus colecciones. Lo abrirá este diciembre.

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Ese lugar íntimo para recibir a cada novia es fundamental para ella. Allí conversan sobre sus gustos, sus actividades, su familia, el tipo de boda que quiere, dónde será… Todo esto es información útil a la hora de diseñarle su traje de bodas.

“Cada novia es un mundo, una película distinta, cada una tiene su ilusión y su fantasía para el día de su matrimonio y quiere verse única. Me pasa mucho que vienen con una idea y salen con otra, y ese es mi trabajo, asesorarlas y guiarlas, porque de pronto el vestido que se imaginan no les va con el cuerpo, o con el lugar o con la hora, por ejemplo”, comenta Tcherassi.

Por eso su colección ofrece distintas ideas, para novias muy variadas. “Las muy jovencitas son más tradicionales, vienen acompañadas de su mamá, sus tías o hermanas y ellas influyen mucho. Las que están entre los 25 y los 30, son más definidas, totalmente enfocadas, ellas son las que están organizando su boda y toman sus propias decisiones. También hay que tener en cuenta que ahora hay muchas bodas civiles, en la playa, multiculturales, segundas y terceras nupcias, y a los diseñadores nos toca responder a esos nuevos contextos”.

Aunque la idea es que cada novia sea única, Tcherassi habla de ciertas tendencias como siluetas del pasado, muy románticas, que regresan con su toque de modernidad; mucho encaje, transparencias, mangas frágiles, toques de dorado. “Hoy día los vestidos tienen estructura pero no peso, tienen volumen y fantasía, pero se pueden manejar gracias a las nuevas telas, y se permite un poco de color”.

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Los de ella, por ejemplo, aunque los hay blancos, tienen toques plateados o dorados, también en tono nude y champaña, y el más atrevido está lleno de besos muy rojos. Los hay strapless, con blusa campesina, con corte sirena, con falda amplia, con pleplum, con mangas en encaje o acampanadas, con transparencia en la espalda, con mucho trabajo manual. Los hay románticos, clásicos, atrevidos, ceñidos, amplios, en capas, con boleros…

“Esta colección tiene vestidos que si una mujer lleva un velo, por ejemplo, sabes que es la novia, pero si no, eres una invitada más, y lo he hecho así pensando en que las mujeres quieren volver a usar su vestido y no dejarlo guardado en una caja”.

El vestido no es el protagonista
 
Además, porque está convencida de que el vestido no debe ser el protagonista, sino la mujer que lo lleva: con su personalidad, con sus rasgos, con su seguridad. “Que unos años después, cuando vea las fotos de ese día, no diga ‘cómo fue que pude usar esto’ ”.

Como le pasó ella. Se casó hace 24 años y el vestido correspondía a los años 80: mangas bombachas, tela pesada, mucho maquillaje y copete alto. “Hoy veo las fotos y no me hubiera casado así. El vestido de novia debe trascender las épocas, debe ser atemporal”.

El velo sigue siendo un accesorio que las novias buscan y los zapatos han cobrado protagonismo; ya no se esconden y no son solo para una noche. “Pueden ser plateados, dorados, incluso nude, o de color que contraste, como rojo y azul. Ellas quieren seguir usando esos zapatos, a lo que también le invierten mucho dinero, como uno Louboutin con su suela roja”.

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Claro, la cultura también influye y ella ha aprendido a conocerlas. “Las americanas vienen con mucho tiempo de anticipación, casi un año antes, y son muy organizadas. Las venezolanas, que les gusta usar escotes, a la hora de casarse son recatadas y prefieren la manga larga, cubrir los hombros. A las brasileñas les encantan las colas largas y aprecian mucho las telas finas. Y las colombianas se arriesgan un poco y buscan salirse de lo tradicional”, cuenta Tcherassi con la experiencia que le ha dado lidiar con ellas en los últimos 15 años.

Esta colección ya la tiene en su atelier. Ahí las novias pueden ver los distintos modelos para inspirarse y escoger las telas, que Silvia compra o manda a hacer. Pero también llegan clientas que quieren lucir un traje de noche o de gala hecho a la medida por la diseñadora.

Visión para los negocios

La idea de montar un atelier de novias en Miami surgió de un momento difícil para la Tcherassi. “Llevaba cinco años en el mercado con mi línea de ready to wear en Miami, cuando se cayeron las torres gemelas. Fue una época muy dura para Estados Unidos, y nadie iba a las tiendas a comprar. Era una época de crisis, pero de las crisis siempre sale algo bueno. Buscando opciones, pensé que las novias no dejaban de casarse y entonces puse en la vitrina un par de vestidos de boda. Y funcionó, luego monté el atelier de novias”.

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Modelos como Claudia Schiffer, Valeria Mazza, Izabel Goulart, Ai Tominaga y Madeleine Bloomber han lucido sus vestidos, y diversas revistas han incluido sus trajes en sus editoriales de bodas.

Pero este no es el único negocio que tiene esa barranquillera. Además de sus tiendas en varias ciudades de Colombia, acaba de abrir una en Madrid, en plena Milla de Oro, en la calle Lagasca con Ortega y Gasset, donde se encuentran las marcas de lujo, porque considera que sus prendas siempre han tenido mucha aceptación por parte de las españolas.

Además, cuenta con su hotel boutique en Cartagena, Mansion Tcherassi, en pleno centro amurallado, el cual ha sido elogiado por publicaciones como Condé Nast Traveler y Travel + Leisure.

Y para el año entrante está previsto abrir el segundo en el misma ciudad: el Tcherassi Hotel+Spa Cartagena de Indias en el que está trabajando intensamente. Tendrá 42 habitaciones, dos restaurantes, un lounge/bar y tres áreas para conferencias y eventos.

Una mujer con visión para los negocios y que ha ido construyendo todo un estilo de vida alrededor de su nombre.

10+1 cosas que no le pueden faltar a una novia, según Silvia Tcherassi 

1. Un vestido único y original, pensado especialmente para ella: que no salga del rack al altar. 

2. Un ramo de flores que parezca como si acabara de recogerlo en un jardín; nada de ramos recargados ni ostentosos. 

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3. Guantes. Parece que Amal Clooney ya es una trend setter. Sus guantes saltaron de la red carpet de los Golden Globes a las pasarelas y de ahí a las bodas. 

4. Una capa. Es una alternativa más original y fashion que el tradicional velo. 

5. Unos aretes de diamantes coloreados en rosa, light blue o amarillo son una buena alternativa, llamativos pero suficientemente discretos. 

6. Zapatos de diseñador. Nada haces con gastarte miles o millones en tus vestidos, si tus zapatos no están a la altura. 

7. Tu fragancia favorita. El perfume es parte de tu identidad y ese día tan especial no vale la pena experimentar. 

8. Un look lujoso pero cómodo para disfrutar la fiesta al máximo. 

9. Un kit de emergencias con antideslizante para los zapatos, maquillaje para retocar, esmalte para los uñas y analgésicos, porque uno nunca sabe. 

10. Un recuerdo familiar. Puede ser una joya que tenga un significado especial, una historia que contar. 

11. Y por último… usar algo comprado, algo prestado y algo regalado.

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