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Ningún político está exento de las polémicas que despiertan sus cabelleras.

¿Es el pelo un asunto de Estado?

¿Es el pelo un asunto de Estado?

Hoy el electorado tendrá que ver si las ideas de Donald Trump logran superar el vivaz rubio que elija para su pelo.

Ningún político está exento de las polémicas que despiertan sus cabeller...
Ningún político está exento de las polémicas que despiertan sus cabelleras.

Por Angélica Gallón S.

Puede ser posible que incluso los serísimos menesteres de la política no logren salir bien librados de la obsesión social por el pelo. La respuesta parece llana.

Quizás tenga que ver algo con lo que el escritor Umberto Eco ha dejado consignado en su libro la ‘Historia de la fealdad’ en donde se pone en evidencia que en tiempos remotos la apariencia física estaba ligada a aspectos morales y así los hombres de frente redonda alta -es decir, los que estaban quedándose calvos-, eran tildados de ser poco inteligentes.

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¿Puede ser que esos temores de que nuestra apariencia habla de nuestras virtudes sigan vigentes más que nunca en nuestra sociedad? Basta con dar un recorrido por los medios y darse cuenta de que, por ejemplo, ningún mandatario ha estado exento de que se debata sobre su pelo.

EEUU, políticos y pelo

Por estos días, Estados Unidos tiene un político privilegiado para avivar el debate de las cabelleras políticas. No hay que hacer mucho esfuerzo para saber quién es. Basta con poner el nombre del candidato Donald Trump en internet para notar que además de la palabra “inmigrante”, la otra más relacionada es “pelo”. Algunos resultados pueden ser particularmente divertidos.

Siempre es un misterio el tono de rubio platinado, amarillo canario, rojo cobre o naranja que usará el candidato republicano en su próxima aparición pública. Este jueves, previo al debate de candidatos, ya las apuestas suben sobre cuántas veces pasará su mano ondeando el blanquecino copete que además de haber demostrado que es real, peina ahora de derecha a izquierda, cuando en sus años mozos y “frondosos”, -en plena década de los 70-, la carrera que partía su pelo estaba al costado izquierdo.

Que si esconde una cicatriz de la operación de injertos de pelo, que la forma como se ve su pelo cada vez que lo levanta hacia atrás no es natural y revela si bien no un tupé si algo extraño, no son más que excusas para hablar de un elemento que en el caso de Trump y de todos los políticos contemporáneos no es más que una herramienta efectiva para crear recordación y configurar la imagen de un personaje.

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Porque, no deja de ser extraño que en un mundo en donde socialmente no está tan bien visto que los hombres se pinten el pelo, los políticos no demuestren ningún pudor al momento de evidenciar sus poco sutiles cambios de tono.

El pelo latino

En una columna del reputado medio independiente colombiano, La Silla Vacía, un columnista se pregunta por la implicaciones de que el mandatario, Juan Manuel Santos, no solo se haga operaciones de párpados para mejorar y rejuvenecer su apariencia, sino que además se pinte las canas y aparezca, de repente, notoriamente más de menos años y más puesto.

Mientras tanto, Evo Morales, el presidente de Bolivia, provoca todo un revolcón mundial cuando acusa a los europeos de ser todos calvos por comer transgénicos, mientras él, y los de su raza indígena, mantienen frondosas cabelleras. Las asociaciones europeas de dermatólogos y expertos en implantes de pelo, sin embargo, lo increpan afirmando que la evolución biológica de los humanos los va a llevar naturalmente a la calvicie, ¡incluso a los de su raza!

La costosa melena de Cristina Fernández de Kirchner
La costosa melena de Cristina Fernández de Kirchner

Una obviedad es hablar del pelo de la ex presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner a quien en alocuciones públicas se le vio luchar incesantemente por dominar su melena colorada que se convirtió en el emblema de su costosa vanidad: con extensiones valoradas en 20 pesos locales cada una y con una urgencia de ser retocadas cada tres meses para mantener un look fresco y moderno. Un valor, al parecer, muy cotizado para mantener el electorado feliz.

Y ni hablar de Enrique Peña Nieto cuyo copete, -comparado en blogs con los de guapos como David Beckham y el cantante de Maroon Five-, muy bien peinado hacia atrás y domado, por supuesto, con gomina (gel) parece el emblema de la masculinidad mexicana.

El celebrado copete del presidente Peña Nieto.
El celebrado copete del presidente Peña Nieto.

No hay forma de decir que este es un mal latino, o cómo olvidar que las actuaciones de Sarkozy, Hollande o Berlusconi han estado más apegados a los dramas de sus apariencias y sus vidas privadas que a sus ejecuciones como mandatarios.

Tres vanidosos que también allá hicieron que fuera inevitable hablar de sus pelos.

Habrá que esperar si la política y los electores logran superar estos dilemas capilares para ver de verdad las ideas de sus mandatarios. Como bien dijo el Che Guevara que también supo inmortalizar su pelo en afiches y camisetas: “Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no mejor el corazón?”.

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