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Sin cementerio ni luz: el viacrucis de las familias en Puerto Rico para enterrar a sus muertos tras el azote de María

Sin cementerio ni luz: el viacrucis de las familias en Puerto Rico para enterrar a sus muertos tras el azote de María

Sin teléfono en la isla, los parientes deben caminar hasta las comisarías para informar de sus muertos y que se haga el levantamiento de los cuerpos. Sin electricidad, se reducen las posibilidades de que alguna funeraria pueda recibir a los fallecidos para que sean despedidos.

Video: Enterrar a los muertos en Puerto Rico es casi imposible tras el paso de María Univision

LARES, Puerto Rico.- David falleció el 20 de septiembre de 2017 en Lares, el mismo día que el huracán María arrasaba con Puerto Rico. Creen que de un infarto. Su madre y su padrastro intentaron salvarlo: sin poder llamar a nadie porque no había teléfono, cargaron en peso el cuerpo, lo montaron en el carro y se lanzaron a la carretera, pero estaba bloqueada por ramas y postes caídos. No se rindieron. A pesar de la lluvia, bajaron el cuerpo y lo recostaron sobre el asfalto. Intentaron revivirlo con respiración boca a boca. No volvió. Estaba muerto.

Trece horas pasaron hasta que la funeraria pudo retirarlo de la casa. Las autoridades se enteraron del fallecimiento porque el padrastro del joven de 35 años caminó más de una hora desde su casa en el sector Seburuquillo hasta la sede de la Policía de Lares. "La familia hizo todo lo posible por salvar al hijo", cuenta el director de Homicidios, el sargento Omar Román, que lo recibió en la comisaría y acudió al hogar para evaluar la muerte.

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Más tarde llegó a la casa Juan López, dueño de una funeraria con su mismo apellido. Fue él quien trasladó el cadáver, ya en proceso de descomposición, hasta el Instituto de Ciencias Forenses en San Juan, a una hora y media de distancia en carro. "Me encontré con una madre sufrida. El cuerpo del muchacho estaba en la cama, en ropa interior".

En fotos: la complicada tarea de enterrar a un familiar en Puerto Rico tras el embate del huracán María

Y a David lo recogieron en menos tiempo. El sargento Román cuenta que en Utuado, los cuerpos de tres mujeres siguen atrapados en sus casas, sepultadas por la tierra desde el mismo día que pasó María. No han podido rescatarlas porque el suelo podría volver a ceder. "Todos los que trabajemos en esa escena corremos peligro".

El secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, reconoce estas realidades como un problema recurrente en toda la isla. Suma la falta de electricidad que hace que muchas funerarias no puedan ni guardar los cadáveres en sus neveras ni velarlos. Como solución, los están trasladando al Instituto de Ciencias Forenses. "Se les está dando acogida ahí hasta que los familiares puedan llevárselos".

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Otro de los problemas que afrontan los familiares de los fallecidos es conseguir los papeles necesarios para enterrarlos. Algunas oficinas del gobierno continúan cerradas y por eso en ciertos municipios están eximiendo varios permisos.

"No se puede volver a utilizar el cementerio"

Al entierro de Ana Román Lugo, de 104 años, no pudieron entrar todos los que querían despedirla este jueves. Apenas unos 10, entre sus hijos y nietos. El cementerio municipal de Lares, el único del pueblo, fue clausurado por el Departamento de Salud Ambiental que impuso la restricción entre las nuevas normas posteriores al huracán María. Así que la mitad de los dolientes rezó desde afuera.

Entre los daños que dejó el huracán María en el cementerio municipal hay...
Entre los daños que dejó el huracán María en el cementerio municipal hay tumbas destruidas o partidas por completo. La vicealcalde, Marilia Arce González, dice que las fracturas en el terreno sugieren que pudo haber ocurrido un temblor.


Su ala más nueva, abierta en los años 70, está destruida. La tierra cedió por las fuertes lluvias y resquebrajó una carretera que lo recorre de arriba a abajo. Hay urnas que se salieron de su fosa, lápidas que cambiaron su dirección y otras más se fracturaron por completo. Las autoridades temen que puedan continuar los deslaves y que ahora los féretros lleguen hasta una quebrada cercana y puedan crear un problema de salud pública mayor.

No es la primera vez que esto ocurre en la sección nueva del cementerio de Lares. En mayo de 2013 llovió tanto que pasó algo similar. "Pero ahora el daño es mayor. Prácticamente la mitad del cementerio", asegura Marilia Arce González, vicealcalde del municipio de 34,000 habitantes.

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La suegra de Pedro Rodríguez, un vecino de la zona, está enterrada justo en el ala afectada del campo santo. "Mi esposa fue y no la dejaron pasar a ver la tumba", cuenta. Hasta el momento, nadie le ha informado dónde o cuándo podrán visitarla. Dice que el miércoles el viento traía consigo un olor a muerto.

"No se puede volver a utilizar el cementerio", asegura Arce González. Cuenta que ahora buscan otro terreno donde sepultar las 3,000 lápidas que resultaron afectadas, neveras en las que guardar los cuerpos que se encuentren dentro de ellas y espacios para los nuevos muertos.

Por ahora, el alcalde Roberto Pagán negoció con su par en el municipio de San Sebastián, a unos 20 minutos de Lares. Quienes mueran podrán ser enterrados en su cementerio.

Un espacio en mi panteón

El único servicio que puede prestar con seguridad la funeraria López es el de transporte de cuerpos desde el lugar de fallecimiento hasta el crematorio más cercano, en Arecibo, a unos 40 minutos, o hasta el Instituto de Ciencias Forenses. Sin luz, no puede hacer mucho más.

Y si le llegara alguna persona urgida, Juan López, su dueño, ya decidió que hará algunas concesiones: "Los familiares ya vienen con esta agonía de si los pueden enterrar o no y de que no tienen dinero en efectivo para costear el funeral", dice. "A quienes lleguen en esas condiciones les resolveremos sin ningún tipo de pago. Cuando esto se vaya resolviendo, veremos".

Para Juan López, dueño de una funeraria en Lares, el huracán María depri...
Para Juan López, dueño de una funeraria en Lares, el huracán María deprimió por completo el negocio tanto para quienes se encargan de los velatorios, como para quienes venden las urnas o sirven el café.


La mayor funeraria de Lares, la Salcedo, está en mejores condiciones. Su dueño, Luis Salcedo, tiene una planta generadora de electricidad y puede hacer actos velatorios, pero en horarios restringidos de 10:00 am a 6:00 pm –antes de que el pueblo se convierta en una boca de lobo– y no hasta la medianoche, como acostumbraban a trabajar antes del huracán.

Pero también padece algunas de las limitaciones que el resto de las funerarias: no hay cementerio.

Este sábado, tienen un sepelio. La familia del fallecido no tiene fosa en la zona del cementerio que no resultó afectada, la vieja, y tampoco quieren cremarlo, así que Luis Salcedo les ofreció un espacio en su panteón personal. "Cuando todo se normalice, ellos pedirán los permisos para trasladar el cuerpo a su propio lugar", dice, aunque sin tener la certeza de cuándo es que Lares volverá a ser el mismo que era antes del paso del huracán María.

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