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La última oportunidad de las madres de Ayotzinapa de ver al Papa

La última oportunidad de las madres de Ayotzinapa de ver al Papa

Cinco de las madres de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa trataron de dar al Papa el documento que contradice versión del Gobierno. No lo consiguieron.

Madres de los 43 en EEUU: un camino de fe /Univision

Por J. Gonzalo, desde Filadelfia. @jangelgonzalo

Ha sido un camino de más de 3,000 millas (4,800 kilómetros) el que han recorrido desde que salieron de México. En el aniversario de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, cinco de sus madres trataron de entregar a Francisco en Filadelfia el documento que contradice la versión del Gobierno. Pero no lo consiguieron.

Este 26 de septiembre se cumplía un año de dolor, 365 días de calvario para las 43 familias de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. Tras doce meses, todas ellas siguen exigiendo que les devuelvan a sus hijos vivos y por eso se han propuesto ir y acudir donde sea necesario.

Blanca Luz Nava, Luz María Telumbre Casarrubias, Hilda Legideno Vargas, Hilda Hernández Rivera y Ángélica González  -cinco de esas madres- son un ejemplo de esa tenacidad.

Estas cinco mujeres, que representan a la Asamblea de Padres de los 43, partieron el 21 de septiembre rumbo a Estados Unidos con una misión: poder ver al papa Francisco para explicarle el caso de estos alumnos de la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en el estado de Guerrero.

Lea: "Nos están torturando al no saber nada de nuestra familia": padre de Ayotzinapa.

Desde la desaparición de los normalistas, el gobierno mexicano siempre sostuvo que fueron asesinados a manos del cartel Guerreros Unidos y sus cuerpos calcinados en un basurero en Cocula. Pero un informe elaborado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI Report) tiró abajo esta versión oficial, conocida como la “verdad histórica”.

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Tras llegar a la capital, su peregrinaje las llevó a Nueva York y Filadelfia, las mismas ciudades que ha visitado Jorge Bergoglio. No ha sido casualidad. Hilda Hernández resumía concisamente su propósito: explicarle a Francisco qué ocurrió realmente según ellas  y que “le exija al gobierno (mexicano) que nos los entregue”.

“Como madre no dejaré de buscar a mi hijo”, sostenía Blanca al poco de aterrizar. Su voz era tranquila, pero se quebraba al afirmar que “me muero en la casa. Aquí siento que estoy haciendo algo por mi hijo”.

La mayoría de ellas no había viajado nunca a Estados Unidos. No hablan inglés y han debido contar con la ayuda desinteresada de otras organizaciones y personas que no se resignan a que la violencia siga acampando en México.

Sus rostros denotan cansancio, sus ojos transmiten la ausencia de esos jóvenes que tan solo querían estudiar para tener un mejor futuro. Pese al revés de no haber accedido directamente a Bergoglio, muestran la fuerza aún de seguir luchando para recuperarlos “porque sabemos que nuestros hijos están vivos”.

Es una frase que repiten continuamente, que tienen interiorizada y que se ha convertido en la razón que explica toda su existencia.

“No es fácil buscar a un hijo”. Es otra expresión que han aprendido dolorosamente a utilizar. Sobre todo ante las críticas y las incomprensiones que a veces siguen sufriendo. No quieren acusar, pero sí reconocen que les han señalado, les han reprochado que viajen al extranjero cuando ellos desaparecieron en México. Pero necesitan que su voz se escuche más allá de las fronteras de México.

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Lea también: Expertos echan abajo la versión oficial de la desaparición de 43 estudiantes en México.

Todas ellas llevan meses señalando a las autoridades mexicanas, a las que acusan de engañarlas porque las consideran “ignorantes”. “Piensan que porque somos pobres pueden pisotearnos”, remacha Hilda Leginedo. Con este viaje están demostrando que no es así.

Como parte de su estrategia de internacionalización, realizaron una conferencia de prensa al lado del Capitolio en Washington y se reunieron discretamente con representantes que les han prometido trabajar en su favor.

En Nueva York, llevaron su mensaje a una reunión con diferentes líderes religiosos.  Finalmente viajaron a Filadelfia, para escuchar al Pontífice en su discurso en el Independence Mall y poder abordarlo.

No consiguieron acercarse a él. Las medidas extremas de seguridad que lo rodean lo han impedido. Sin embargo, siguen empeñadas en intentarlo, en alcanzar a estar solo unos segundos con él.

“No pararemos hasta encontrar a nuestros hijos”. De esta manera tan clara explicaba Blanca su viaje el día que llegó. Ahora, después de que no pudieron hablar con el Papa, sus palabras toman mayor relevancia. Porque han prometido seguir intentándolo, incluso si no pueden verlo antes de que él regrese a Roma. 

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