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Donald Trump en un evento de campaña en Mobile, Alabama

Por qué sigue creciendo la burbuja de Trump

Por qué sigue creciendo la burbuja de Trump

Expertos creen que el candidato republicano está desafiando las leyes de la gravedad política, pero muchos siguen pensando que su fin se aproxima.

Donald Trump en un evento de campaña en Mobile, Alabama
Donald Trump en un evento de campaña en Mobile, Alabama

Por Fernando Peinado @FernandoPeinado

Cuando Donald Trump anunció su candidatura el 16 de junio en el lobby de la Torre Trump, su propio rascacielos de 68 plantas en la Quinta Avenida de Nueva York, fue acusado por varios medios de pagar $50 a cientos de personas que aparecieron para animarle a gritos de “Trump, Trump”, mostrando camisetas y pancartas con el nombre del multimillonario.

Su campaña negó haber contratado a actores, a pesar de que The Hollywood Reporter obtuvo e-mails convocando a un casting y de que entre los asistentes se encontraban habituales actores de reparto de Hollywood.

En modo alguno aquel comienzo de andadura invitaba a pensar que unos dos meses más tarde, el pasado viernes, Trump iba a congregar a unas 30,000 personas en un estadio de fútbol americano en Mobile, Alabama. Ningún candidato republicano ha podido, ni de lejos, arrastrar a una multitud similar.

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Ahora nadie cuestiona que los asistentes a los eventos de Trump lo hagan de modo desinteresado. Desde mediados de julio, Trump encabeza las encuestas y su apoyo no ha dejado de crecer a pesar de sus continuos ataques y riñas, que lejos de lo que podía pensarse, no están debilitándole, sino todo lo contrario.

Expertos han dicho que Trump está desafiando las leyes de la gravedad política, inmune a polémicas y deslices que habrían sido fatales para cualquier otro aspirante. Sin embargo, todavía hay muchos que creen que la burbuja Trump acabará estallando.

En campañas anteriores, otros candidatos irrumpieron desde fuera del establishment para liderar momentáneamente las encuestas. Así, la excongresista Michelle Bachmann, respaldada por el Tea Party, o el empresario Herman Cain tuvieron sus pocas semanas de gloria en 2012.

Pero a diferencia de entonces, en esta ocasión Trump se está beneficiando de un nuevo ingrediente en la atmósfera política, la ansiedad por la situación económica y la preocupación por la brutalidad de las nuevas amenazas terroristas, indica la politóloga de la Universidad del Sur de Florida Susan MacManus.

“Nunca antes habían coexistido esos dos miedos a este nivel”, opina MacManus. “El miedo es un gran movilizador en política”.

De hecho, en el bando demócrata, otro candidato, Bernie Sanders, está capitalizando la insatisfacción por el estancamiento de los salarios y por el desempleo de larga duración, según los expertos.

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En el caso de Trump, la mayor parte de sus simpatizantes son hombres blancos sin estudios superiores, los que más han perdido social y económicamente a causa de la desindustrialización de EEUU.

Trump también se beneficia de la frustración de muchos republicanos con los pocos logros logrados por los republicanos en un Congreso que dominan, opina Matt Mackowiak, un estratega republicano radicado en Texas. Además, añade, a muchos votantes les agrada su mensaje políticamente incorrecto sobre inmigración y comercio internacional.

A Trump le están ayudando los medios de comunicación. Los canales de televisión le quieren porque aumenta sus índices de audiencia y él se siente cómodo ante las cámaras. El debate republicano de Fox News fue visto por unos 24 millones de telespectadores, convirtiéndose en el programa más visto en la historia de ese canal.  

En una señal de que su estatus y percepción están cambiando, Trump está atrayendo a estrategas de renombre. Su campaña anunció el martes la contratación de Sam Clovis, que abandonó el equipo del exgobernador de Texas Rick Perry para pasar a ser el nuevo codirector nacional del equipo de Trump.

Muchos siguen creyendo, sin embargo, que la fecha de caducidad del fenómeno Trump se aproxima.

Hay indicios para creer que las encuestas pueden estar sobreestimando el apoyo real a Trump entre los republicanos. Un análisis de Nate Cohn, del New York Times, revela que la mayoría de los simpatizantes de Trump no suelen participar en las elecciones primarias.

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Otros creen que Trump se beneficia del gran número de candidatos en el campo republicano. Según ese análisis, los candidatos más convencionales que siguen de cerca a Trump se fortalecerán a medida que se retiren los aspirantes más débiles, mientras que T rump nunca podría superar un techo de apoyo del 25-30%, el de las bases más descontentas con los políticos tradicionales.

También están los que opinan que los medios y las audiencias se acabarán cansando de Trump. “La sitcom de ayer es mañana un programa cancelado”, dice MacManus.

En última instancia, Trump sería incapaz de ganar a la favorita demócrata, Hillary Clinton, que le vence en las encuestas nacionales publicadas hasta el momento. Eso sí, la distancia entre ambos se ha reducido progresivamente. En un sondeo de Quinnipiac University de este jueves, Clinton aventaja a Trump en solo 4 puntos porcentuales, menos que hace un mes, 12 puntos, y que en mayo, 18 puntos.

Pero el rechazo a Trump es muy alto entre ciertos grupos de población clave como los hispanos, a quienes podría haber perdido para siempre a causa de sus ataques.

El 65% de los hispanos tiene una opinión desfavorable de Trump, mucho más que cualquier otro candidato republicano, según una encuesta de Gallup publicada el lunes.

Esa poca popularidad recuerda al problema que tuvo el republicano Mitt Romney en 2012, opina Mackowiak: “Ése no es el camino para ganar la Casa Blanca”.

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