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Explicación del borrador del acuerdo de París

Explicación del borrador del acuerdo de París

El texto se ha reducido a 48 páginas, pero incluye todavía más de 900 corchetes. A partir del lunes les toca a los ministros tomar decisiones.

Sean Penn, en la COP21.

El presidente de la Cumbre del Clima, Laurent Fabius, había puesto de plazo hasta las 12:00 am (hora de París) de este sábado para presentar un borrador de acuerdo más corto y comprensible que permita acelerar las negociaciones en la semana que queda de conferencia. 

Este es el borrador presentado esta mañana ( PDF), un texto que ha pasado de las 55 páginas del inicio de la cumbre a 48, pero que todavía incluye más de 145 opciones de redacción y 932 corchetes [los negociadores van poniendo ‘brackets’ allá donde no hay consenso]. 


Cualquiera que intente leerlo comprobará que todavía resulta demasiado complejo y tiene demasiadas opciones abiertas, tanto buenas como malas. De hecho, constituye más bien un punto de partida, para poder seguir avanzando a partir de este lunes que empieza la segunda fase de la cumbre, el segmento de alto nivel en el que entran en las negociaciones los ministros de los países. Ellos serán los que tienen que escoger ahora.

Hay que esperar a que sigan desapareciendo corchetes para saber realmente qué va a salir de París. Con todo, sí que hay algunas cuestiones que se identifican más claramente:

-Como se venía viendo en versiones anteriores, el borrador del Acuerdo de París incluye dos partes diferenciadas: un primer texto principal (de 21 páginas) compuesto por 26 artículos y una segunda parte con especificaciones más detalladas de la decisión y anexos. 

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 -Al comienzo se explica que el propósito de este acuerdo es desarrollar la Convención [la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el tratado de 1992 del que se derivan estas cumbres del clima]. No se dice nada de momento sobre la forma jurídica del pacto, pero eso importa poco ahora mismo.

Aunque todavía algunos en París siguen hablando de acuerdo vinculante, ya hasta Greenpeace asume que lo importante es lograr una fórmula que pueda ser aceptada por EEUU. Se sabe que para Obama sería muy difícil ratificar ahora mismo un nuevo tratado internacional que le comprometa a nada ( aquí se explica por qué), pero sí que podría unirse a un acuerdo que le comprometa a cumplir pactos ya existentes, como la Convención, o a cumplir sus propios compromisos nacionales. 

-En el artículo 2 todavía no se concreta si el margen de seguridad del que no se debe dejar que suba la temperatura media del planeta es de 1.5 °C o 2 °C. Aunque había un amplio consenso en fijar los 2 °C como límite, en París los pequeños países islas del Pacífico insisten en que quizá esto sea seguro para el resto del planeta pero no para ellos. 

-Siguiendo el modelo previsto, el texto no dice a los países cuánto deben reducir sus emisiones, sino que les pide que presenten a los demás lo que creen que pueden reducir, las llamadas contribuciones nacionales (artículo 3). Hasta ahora, casi todos los países del mundo han presentado sus propuestas para 2020 ( aquí están todas), pero ya se sabe que estas son insuficientes para que la temperatura no suba más de 2 °C, y todavía más para 1.5 °C .

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-Para resolver esto último, hay consenso en que las partes deben ir revisando sus esfuerzos cada 5 años para incrementarlos de forma progresiva. Sin embargo, como ocurre en otras partes del borrador ni siquiera se ha decidido entre los verbos shall, should o will (podría, debería o hará), lo que demuestra lo muy abierto que está el texto y lo mucho que puede cambiar en función de qué palabras escojan finalmente los ministros. Será entonces cuando se sepa a qué se comprometen realmente los países y hasta qué punto este proceso es evaluable y transparente.


-En los objetivos a largo plazo, el borrador incluye metas como llegar a las cero emisiones globales para 2060-2080 o un desarrollo neutral para el clima, pero todos ellos entre corchetes. 

-Otra de las cuestiones claves sigue siendo el apartado de adaptación (artículo 4), y en especial el de las finanzas, con el fondo de 100.000 millones de dólares anuales como punto de partida en 2020. Pero de nuevo las opciones siguen estando muy abiertas. 

-También resulta de interés el apartado de los bosques (artículo 3 bis), con la posibilidad de contabilizar las emisiones absorbidas por los bosques; el reconocimiento de las pérdidas y daños por los impactos del clima (5); la transferencia de tecnología (7); la transparencia (9)… 


A partir de ahora cambiar la negociación. Como explica Rodolfo Lacy, subsecretario de Planeación y Política Ambiental de México, desde este momento es Francia quien asume el control del texto del acuerdo y entran en la negociación los ministros de los países. “El objetivo es tener un documento el miércoles para que sea analizando el jueves por los abogados internacionales y que el viernes pueda ser adoptado como acuerdo de París”, explica el mexicano, que por si no se cumple el plazo (lo normal en estas cumbres) ya va avisando: “Hasta no tener acuerdo no vamos a salir de aquí’.

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“En este punto en Copenhague estábamos enfrentados con un texto de 300 páginas y una sensación generalizada de desesperación. En París lo hemos reducido a 21 páginas y la atmósfera se mantiene constructiva. Pero esto no garantiza un acuerdo decente”, ha comentado Martin Kaiser, de Greenpeace Internacional

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