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Tacos de barbacoa en Filadelfia contra las deportaciones

Tacos de barbacoa en Filadelfia contra las deportaciones

Los manifestantes a los que dio de comer Cristina Martínez, dueña del restorán South Philly Barbacoa, quieren más acción en inmigración y menos promesas.

Una barbacoa para las familias separadas por la deportación Univision

Los manifestantes hispanos forman una larga fila que serpentea las escaleras del sótano de una iglesia metodista en Filadelfia. Después de marchar durante casi dos horas por el sur de la ciudad bajo un sol aplastante, todos quieren saborear la barbacoa servida en tacos de Cristina Martínez, quien se despertó a las tres de la mañana para prepararla.

Son días de Convención Nacional Demócrata en Filadelfia. Los activistas aprovecharon el desfile de políticos para renovar su pedido por el fin de las deportaciones y una reforma migratoria integral.

Pese a que Hillary Clinton se comprometió a impulsar la reforma migratoria en sus primeros 100 días de mandato si gana las elecciones, los manifestantes pidieron “acción” y no “promesas”, como escucharon antes del actual presidente Barack Obama y que al día de hoy sigue sin cumplirse. Pasados ocho años de aquello, y después de casi de 3 millones de deportados, está más que justificado su escepticismo.

Pero a la hora del almuerzo, los activistas dejan las consignas de lado para disfrutar de la comida que congrega a familias y amigos los domingos en muchos países americanos. Así quiere verlos Martínez: unidos y comiendo la barbacoa que aprendió a cocinar en su ciudad natal, Capulhuac, en México, con una receta que la acompañó en sus dos travesías por el desierto en 2006 y 2009.

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“Queremos llevar un poquito de esta comida a nuestra comunidad, que sufre las separaciones, que sufre al ver a sus hijos o a los padres lejos”, dijo Martínez a Univisión Noticias. “Esta gente que va a disfrutar de esta comida es como si fuera mi familia, es como si fueran mis hijos, mis hermanos que no tengo aquí”.

Martínez es dueña junto a su esposo del restorán South Philly Barbacoa, un colorido local decorado con grabados de artistas mexicanos que además de servir su especialidad -tacos de barbacoa- también organiza encuentros en los que se hablan sobre los derechos de los indocumentados en los restoranes, donde muchos suelen trabajar cuando emigran a Estados Unidos.

Pese a estar casada con un estadounidense, no puede acceder al permiso de residencia porque la Patrulla Fronteriza tomó sus huellas digitales cuando cruzó la frontera por primera vez, en 2006.

¡No más deportaciones!”

La protesta fue convocada por la organización sin fines de lucro Juntos, que lucha por los derechos de los inmigrantes hispanos. Cerca de 250 activistas y simpatizantes marcharon de forma pacífica por Filadelfia, con pancartas que pedían “no más deportaciones” y el cierre de centros de detención de inmigrantes.

En su camino hacia el ayuntamiento de la ciudad, pasaron por calles salpicadas de restoranes y panaderías italianas que venden dulces tradicionales como cannoli, un ejemplo de la herencia culinaria que dejaron las sucesivas comunidades de inmigrantes que poblaron Estados Unidos.

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Alma López, de 34 años, acompañó la protesta junto a sus tres hijos, el más pequeño de ellos a la sombra de su cochecito de bebé. El marido de López, un inmigrante indocumentado de México, está detenido hace más de un año.

“Fue por volver a regresar al país después de ser deportado”, dijo la joven, mientras comía los tacos de barbacoa después de la protesta. “Mis dos hijos mayores están en terapia, yo no puedo trabajar porque el más pequeño depende de mí”.

López no se hace demasiadas ilusiones sobre la posibilidad de que Clinton impulse la reforma migratoria. “Existe la posibilidad (...) pero después los políticos ganan la presidencia y todo vuelve a ser igual que siempre”.

Es una sensación compartida por muchos de los manifestantes. Si bien les aterra la perspectiva de que el republicano Donald Trump pueda llevar su rabioso discurso antiinmigrante a la Casa Blanca, tampoco se confían de que un demócrata vaya a resolver la penosa situación de los 11 millones de indocumentados que hay en el país, y menos si el Congreso cae en manos de los republicanos.

"Todos los latinos estamos desilusionados”, aseguró Martínez, horas antes de llevar su barbacoa a la iglesia en la que dio de comer a los activistas hispanos. “Esperábamos que Obama hiciera el cambio, pero creo que Obama no quiso hacer historia”.

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