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Jóvenes disfrutan de un evento en el Parque Morazán, en el centro de San José.

San José se despierta de noche

San José se despierta de noche

¿Puede solucionar la inseguridad simplemente salir más a la calle cuando cae el sol? Colectivos urbanos y vecinos costarricenses lo están intentando.

Jóvenes disfrutan de un evento en el Parque Morazán, en el...
Jóvenes disfrutan de un evento en el Parque Morazán, en el centro de San José.

Una bandada de niños menores de trece años se acerca en tropel a la Plaza de la Democracia, en el centro de la capital de Costa Rica. Mario Villalta, coordinador del colectivo Pausa Urbana, los mira jugar en medio de la noche con balones de fútbol y vóleibol y cuerdas de saltar que él mismo ha esparcido por la plaza.

Un par de horas después, conversa con uno de ellos. “Nos mandaron a asaltar a la plaza porque nos dijeron que había mucha gente y que dejaban los bolsos tirados para irse a bailar”, se alza de hombros uno de los ocho chicos. “Pero yo mejor me quedé jugando bola”.

Durante los últimos seis años, Villalta y su socio Elliot González han llevado juguetes tradicionales y balones a la plaza, una noche de miércoles cada quince días, para que la gente que quiera juegue y conviva.

“No queremos vernos a nosotros mismos como organizadores. Empezamos contándole a la gente que eso estaba ahí para jugar y ellos mismos se han ido activando”, cuenta Villalta.

En estos años, han visto de todo: desde vendedores de droga que se alejan porque ya no es un buen punto para vender, hasta pandillas de jóvenes que al principio los miran con insistencia y luego terminan jugando a la pelota.

“Cuando hay convivencia hay conflictos y le tenemos horror al conflicto, pero eso es parte de lo que nos hace humanos”, dice el coordinador de Pausa Urbana, uno de los más de quince grupos de ciudadanos que han comenzado a surgir de la oscuridad de las calles de San José para habitar los espacios públicos abandonados.

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Unos reúnen a los ciclistas nocturnos para darles tours por la capital, otros organizan paseos artísticos y convencen a los museos de que abran de noche para que los trabajadores conozcan, por fin, sus instalaciones. Otros más quieren que la gente sienta amor por los contaminados ríos con la esperanza de que los cuiden. Pero todos tienen una creencia en que los une: la seguridad la da la gente y no la policía.


Nos vinimos a disfrutar San José de noche con ChepeCletas #ciudad #sanjosedenoche #chepecletas #enjoy

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Una ciudad indefinida

San José no es una ciudad tan peligrosa como San Pedro Sula, donde los homicidios le ocurren a 171 personas entre cada 100.000 habitantes (la tasa más alta de Latinoamérica) o Caracas (116 entre cada 100.000), pero para los habitantes de la capital, salir por las noches es una apuesta a riesgo personal.

“A partir de las 7 pm pareciera haber un toque de queda. Es como una ley no escrita: se vacía la ciudad como ideal de percepción de seguridad”, explica el urbanista y profesor de arquitectura de la UCR, Manuel Morales.

Un estudio de la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica (UCR) mostró en 2013 que la percepción de ese peligro es más alto que la inseguridad a la que realmente se enfrentan los costarricenses. Seis de cada diez personas dijeron sentirse cada vez más inseguros, a pesar de que la tasa de homicidios y robos había descendido en ese momento.

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No es mentira, sin embargo, que San José es un cantón (como le llaman a los municipios en Costa Rica) en el que las posibilidades de ser asaltado aumentan notablemente en comparación con otros cantones. El Índice de Progreso Social lo ubica en los últimos lugares del ránking de seguridad personal, con una tasa de robos y asaltos de 717 por cada 100.000 habitantes. Este número es muy cercano a los de México o Brasil, a pesar de tener una densidad poblacional muchísimo más baja.

De hecho, San José no es entendida como una ciudad “sexi”. “No todavía”, dice uno de los primeros activistas de la ciudad, Henry Bastos, promotor de caminatas nocturnas y apropiación de museos en la ciudad.

Los turistas se decepcionan cuando conocen el centro de la ciudad, que no se parece en nada al paraíso tropical de playas boscosas y monos amigables que se ve en otros lugares de Costa Rica, sino más bien a un maltrecho retrato de una ciudad que no se termina de definir, con calles sin nombre y un popurrí de estilos arquitectónicos como edificios.

¿A quién se le ocurrió, entonces, que poblar las plazas y los parques de una ciudad como esta era una buena idea?

Sin ponerse de acuerdo, las primeras tres iniciativas (Chepecletas, Pausa Urbana y Art City Tour) surgieron casi al mismo tiempo, hace seis años y ahora se consideran parte de una tendencia en la que surgen unos grupos y mueren otros de manera orgánica y todavía un poco dispersa entre sí.

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“De alguna manera, coincide con la crisis económica de 2008 y 2009, en la que muchos sectores buscaron opciones creativas para incidir en el mejoramiento del entorno”, dice el urbanista Morales.

El swing criollo y el bolero tico viven la Plaza!!! #pausaurbana #LaNocheViveLaPlaza

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¿La calle es más sexi?

Henry Bastos es el responsable de que los museos y las galerías abran un miércoles cada dos meses durante las noches para llevar a cabo el ahora famoso Art City Tour. Hace seis años comenzó preguntándose por qué la ciudad se vaciaba de noche, luego de que un millón de personas la transitaban durante las horas de sol.

La inseguridad era solo uno de los factores que detenía a la gente, pero el desconocimiento era aún mayor. “Pensaban que en San José no había nada qué hacer”, relata Bastos. Entonces decidió armarse de paciencia, buscar permisos y convencer a autoridades para habilitar los espacios públicos que se morían de noche.

Roberto Guzmán, fundador de Chepecletas, coincide. Él empezó con un tour nocturno en bicicleta por la ciudad (Nocturbano) a cuya primera convocatoria llegó una sola persona. A la segunda llegaron diez y ahora ya no dan abasto. “La gente comenzó a venir porque le parecía misterioso. Les gustaba pero les asustaba”, se ríe él.

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Ahora, su grupo se gestiona como una empresa, tienen algunos patrocinios y otros menesteres y cobran una cuota siempre voluntaria de 4,000 colones (8 dólares), que usualmente se gasta en las comidas que les dan a los turistas urbanos durante el recorrido, que ahora también se realiza a pie.

Villalta y González, de Pausa Urbana, también buscaban una ciudad más segura, pero ellos eran más rebeldes y no les parecía correcto pedir permisos para usar los espacios que ya, de por sí, eran de la gente.

“Nos dijeron que era muy fácil, que pidiéramos una cita con el PMI (o sea, la ‘persona más importante’) de la Municipalidad, para que nos diera la bendición, pero la gracia de ese espacio era que se produjera solo. Nos negábamos a gestionar permisos municipales para actividades espontáneas”, dice Villalta.

Esa forma de pensar les trajo problemas: a los policías no les hacía ninguna gracia que un grupo de personas vinieran a hacer escándalo a la plaza. “Pensaban que el estado natural de los parques era estar en silencio. No usarlos para que no se dañaran”, cuenta el coordinador.

El esfuerzo, sin embargo, ha valido la pena. Desde entonces, la ciudad muestra cambios sutiles. Los edificios no son más bonitos ni las calles tienen menos basura, pero la policía municipal ha comenzado a entender su función de acompañamiento, los comercios se quedan abiertos durante más horas, la gente ha comenzado a mezclarse con niños robacarteras y, lo más importante para los colectivos, cada vez más gente se suma a esta actitud.

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#artcitytour #sanjose #costarica

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Hace un par de semanas, por ejemplo, los vecinos de una comunidad en la segunda provincia de Costa Rica, Alajuela, decidieron patear al hampa con tertulias nocturnas fuera de sus casas enrejadas. En otros barrios de la ciudad, como Collados de Curridabat, un grupo de la comunidad proyecta películas en el parque y hace bailes nocturnos en vez de esconderse tras sus propias rejas.

Aunque los esfuerzos de los vecinos y de los colectivos están apenas conociéndose, la tendencia a combatir la inseguridad con más gente en las calles ya es un discurso aceptado hasta por la policía.

“Queremos que la gente regrese a los parques sin necesidad de que hayan actividades. Eso dinamiza la ciudad”, dice el director de la Policía Municipal de San José, Marcelo Solano.

Para él, los colectivos le han devuelto a los ciudadanos el gusto por la ciudad y ese es el primer paso para evitar que los “vándalos” se instalen en las zonas oscuras.

“San José es una ciudad que están en construcción. Los costarricenses perdimos la experiencia de vivir en ciudad pero estos colectivos nos han vuelto la mirada hacia el casco central y eso ayuda a aumentar la seguridad”, agrega el policía.

Para los colectivos, mientras tanto, habitar los espacios públicos no es solo espantar al hampa sino también seducirla a jugar bola con el resto de los mortales.

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