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Así se podría ver el río Piedad, el que hoy corre bajo una carretera.

Los ríos invisibles de la Ciudad de México

Los ríos invisibles de la Ciudad de México

45 ríos cruzan la capital azteca, pero desde hace décadas lo hacen de manera subterránea. Un grupo está luchando por volver a sacarlos a la luz.

Así se podría ver el río Piedad, el que hoy corre bajo una carretera.
Así se podría ver el río Piedad, el que hoy corre bajo una carretera.

Cada día millones de coches circulan por encima del río Piedad, en la Ciudad de México. Lo que hasta 1942 era una de las mayores corrientes de agua de la zona, hoy es un río entubado sobre el que se encuentra el circuito Viaducto Miguel Alemán, una vía principal que conecta con el aeropuerto y cruza del Este al Oeste de la capital. El tráfico es tal que en hora pico los automóviles circulan a seis kilómetros por hora. Pero, para algunos expertos, la solución a este caos y a otros problemas está en volver al pasado, romper el Viaducto y que el río vuelva a ver la luz.

Desde hace siete años, un grupo de académicos, diseñadores, urbanistas, ambientalistas y artistas han planteado la transformación de la ciudad de México a través del rescate integral de sus afluentes. En total existen 45 ríos en la cuenca de Anáhuac, donde se encuentra la capital mexicana. El primer paso sería la regeneración de unos 15 kilómetros del río Piedad, que actualmente sirve como drenaje.

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“Este proyecto rompe paradigmas. Se plantea quitar una vía privada que no puedes usar si no tienes coche. Lo que planteamos es que quitemos los autos, abramos el tubo y tratemos el agua. Tenemos que transformar nuestro modelo de ciudad”, explica el biólogo urbano Delfín Montañana.

El proyecto, que se encuentra en una fase conceptual, propone desentubar el río y crear un conector biológico entre el Oriente y Poniente de la ciudad, es decir, desde Santa Fe hasta el aeropuerto. Este corredor eliminaría los carriles centrales de Viaducto y dejaría los laterales para el tráfico privado. Además, contaría con transporte público, un tren subterráneo, ciclovías, caminos peatonales y áreas verdes. Su costo sería de unos 15,000 millones de pesos mexicanos, es decir, alrededor de 863 millones de dólares.

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Aquí hubo un río alguna vez. Ahora, corre subterráneo, bajo la carretera.
Aquí hubo un río alguna vez. Ahora, corre subterráneo, bajo la carretera.

“Deja que se lo lleve el río”

Si en otras ciudades la función de los ríos ha sido mantener tierras fértiles, preservar la biodiversidad y mejorar la calidad del aire, en la ciudad de México sirven como drenajes.

Durante el siglo pasado hubo una tendencia para contaminar los ríos. “Se aplicaba el dicho ¡deja de que se lo lleve el río’ y todo el mundo tiraba de todo a los ríos. Por eso los entubaron”, apunta Montañana, quien por este proyecto obtuvo el premio Holcim 2011, la mayor distinción de construcción sustentable en México. Con el crecimiento desordenado y la migración del campo a la ciudad, la capital, que en tiempos prehispánicos estuvo rodeada por cinco lagos y era la ciudad flotante de Tenochtitlán, creció en contra de su propia naturaleza.

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“El entubamiento de los canales de aguas residuales que cruzaban la ciudad de México trajo como consecuencia el saneamiento de amplias zonas urbanas. Esto permitió que sobre ellos se construyeran amplias avenidas que forman parte del nuevo sistema vial del Distrito Federal”, explica el libro La ciudad de México 1952-1964, un tratado realizado por el entonces Departamento del Distrito Federal sobre el cambio urbano en aquella época.

Cuando se inauguró el Viaducto a mediados del siglo XX, la ciudad tenía 3.5 millones de habitantes y por cada 82 personas había un auto. Durante la década anterior, gran parte los ríos de cuenca endorreica de México se hallaban contaminados o eran canales de aguas negras, por lo que los gobiernos, enamorados del diseño del arquitecto Carlos Contreras, apostaron por un modelo de ciudad que incluía entubar los ríos y construir grandes vialidades. Actualmente la población en la capital es de 22 millones y uno de cada cinco habitantes tiene coche.

“La idea es que la ciudad modifique su modelo de impacto y degradación ambiental a uno nuevo que restablezca una relación con los flujos y corrientes naturales del lugar, integrando los procesos socioecológicos y volviéndose partícipe de la renovación del ciclo del agua y de la cuenca de Anáhuac”, agrega Montañana.

El circuito Viaducto Miguel Alemán, llamada así en honor al presidente de México durante su inauguración en 1952, es actualmente una de las zonas más afectadas de la ciudad durante la época de lluvias, ya que el agua caída se suma a la del drenaje y supera su capacidad de desagüe. El proyecto implicaría crear un sistema integral de gestión y tratamiento de agua, que separe aguas residuales de pluviales y que el río vuelva a generar agua cristalina. Revivir el río, además, aumentaría el número de áreas verdes, que según la media mundial debería de ser de 16 metros cuadrados por cada habitante. En zonas como Iztapalapa, la mayor delegación, tan solo hay cinco metros cuadrados por cada persona.

Así podría quedar el río La Piedad, si el proyecto fuera apoyado por las...
Así podría quedar el río La Piedad, si el proyecto fuera apoyado por las autoridades.

Sin embargo, en una ciudad con 30,840 incidentes viales a diario y que en las últimas décadas ha apostado por los segundos pisos y las vías de concreto, un proyecto como este podría parece una utopía.

“No sólo es posible, es algo necesario. La ciudad se ha desarrollado en contra sí misma al entubar ríos y contaminarlos. Hay que reconfigurar la ciudad para tener una relación simbiótica con los bosques y ríos”, dice el arquitecto Elias Cattan, otro de los impulsores de la regeneración del río Piedad. Según Cattan, del estudio de arquitectura Taller 13, es necesario idear tácticas para pensar la ciudad de manera diferente. Un proyecto así tendría el potencial de cambiar la conversación sobre el DF.

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Hace un par de años, este grupo de jóvenes creó “Picnics en el río”, una iniciativa para concientizar a la sociedad civil sobre la necesidad de recuperar el río Piedad. A pesar del apoyo inicial, el proyecto solo llegó a convertirse en un punto de acuerdo en la Asamblea Legislativa y hasta ahora no ha tenido mayor repercusión.

“Lo veo viable siempre y cuando haya voluntad política. Y ahí es donde veo la inviabilidad porque este gobierno no tiene voluntad para hacer este tipo de cosas, no las tiene en el horizonte ni las entiende”, sostiene el Luis Zambrano, investigador del Institutode Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Donde se ve espacio, se ven segundos pisos y deprimidos vías elevadas y grandes avenidas, no se está pensando en verde. Se debe tener una visión como sociedad más moderna. Con un río multiplicas biodiversidad y aseguras vida de las especies como ajolotes, acociles, charales, juncos, tifas”, añade Zambrano.

En Seúl, se restauró el río Cheonggyechon, que había sido sepultado por una autopista. En ciudades como Singapur, Madrid, Los Angeles, Portland y Caracas hay proyectos para rescatar los ríos. En México, Delfín Montañana ha trabajado también en los proyectos para rescatar el río Sabina, en Tuxtla, el Atoyac, en Puebla y el Tizates, en Valle de Bravo. Sin embargo, en ninguno ha habido apoyos de los gobiernos locales o federal para seguir adelante.

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“Tarde o temprano veremos un río vivo en esta ciudad”, confía Montañana.

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