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Vicente Fernández canta con mariachi sobre un escenario.

Vicente Fernández: el que mucho se despide...

Vicente Fernández: el que mucho se despide...

Las razones de la decisión son un asunto de dignidad, de amor propio y de amor al público, "uno no quiere andar dando lástimas" dice el Charro de Huentitán.

Vicente Fernández canta con mariachi sobre un escenario.
Vicente Fernández canta con mariachi sobre un escenario.


En México, un famoso refrán dice que "el que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse".

El Charro de Huentitán, también conocido como Vicente Fernández, anunció hace mucho su retiro. Demasiado quizá. Fue a principios de febrero del 2012 cuando habló por primera vez formalmente de su despedida de los escenarios en una conferencia de prensa llevada a cabo en Guadalajara, Jalisco: "quiero que sepan que me voy", señaló al apuntar que las próximas serían sus últimas presentaciones en algunas ciudades de España, Norte, Centro y Suramérica.


Anticipó por aquellos días un final que no se cumplió: el 25 de noviembre de 2012 sería su último concierto internacional. También dijo que su capricho sería contar con la monumental Plaza México de la Ciudad de México como escenario para su despedida definitiva. Sus razones: se trata de un asunto de dignidad, de amor propio y de amor al público, uno no quiere andar dando lástimas, dice lleno de sensatez, el máximo exponente de la música vernácula mexicana contemporánea.


En una nota publicada el 16 de abril de 2013, tan solo un año después, People En Español daba cuenta de que la gira de despedida aún no terminaba. No sólo eso, sino que Chente estaba por lanzar un nuevo disco. Al amparo de aquel lanzamiento había otro pretexto para continuar con sus presentaciones.

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Así ha sido toda la vida. Siempre ha tenido algo más que hacer, una canción más que cantar, una película más por filmar, otro disco y otra gira. Porque este intérprete ranchero de origen humilde que empezó a cantar a los 14 años en Guadalajara, no habría llegado a donde está si no hubiera sido por la sed de aplausos que lo mantuvo activo hasta hace poco.

Se habría quizá quedado cantando en restaurantes, como lo hizo al llegar a la Ciudad de México en la década de los 60. Su incapacidad de parar en cambio, lo llevó a hacer crecer su fama de forma paulatina pero segura. Su éxito se fue consolidando de a poco: primero localmente a través de la estación radiofónica XEX-AM, hacia 1965, después con la grabación de discos. Continuó construyéndose como figura a través de participaciones televisivas que eventualmente lo llevaron a conducir programas de variedades musicales. El salto de la pantalla chica a la grande no tardó en ocurrir, en la década de los 70; empezaban a editarse en México discos con la música de algunas películas y esta práctica mercadológica le ayudó mucho para darse a conocer entre más gente. Poco después su popularidad alcanzó la escala internacional, gracias a la gran interpretación de la famosa Volver, volver, (... a tus brazos otra vez, llegaré hasta donde estés, yo sé perder, yo sé perder, quiero volver, volver, volver) que se convirtió en una especie de himno ranchero representativo del mariachi y del folklore mexicano en el mundo.

De entonces a la fecha, hay innumerables constancias del peso de este personaje de la música popular: 50 años de trayectoria, más de 100 discos grabados, casi 70 millones de copias vendidas, duetos con artistas de la talla de Celia Cruz, Tony Bennet, Julio Iglesias y José José por mencionar sólo algunos; una estrella con su nombre en el Paseo de la Fama de Hollywood, premios Billboard, Grammys, Lo Nuestro, la distinción de Míster Amigo en Texas y sobre todo lo anterior, un aplauso que sigue sonando fuerte en donde sea que el intérprete se presente.

El punto es que el público de Vicente Fernández sabe que el aplauso es para él una necesidad emocional. El show de Vicente nunca termina en el momento "programado", dura por lo menos tres horas porque sus encores se prolongan en la medida en que el aplauso de su público no termina de extinguirse.

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Entonces él advierte, feliz: "ya saben que mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar". Y se echa otra, y otra, y otra más.


Desde hace 4 años, cada tanto hemos vuelto a oír al máximo representante del género ranchero mexicano hablar en presente de un retiro que no termina de ocurrir. A lo largo de este tiempo se ha vuelto ineludible la suspicacia entre la gente: los más malpensados se preguntan sobre los posibles fines mercadológicos de una despedida tan anunciada como postergada, otros intuyen que Chente nomás no quiere dejar de cantarle a la gente.

Sin embargo, a este punto cabe aclarar que durante la gira de despedida que Fernández debía haber terminado como mucho en 2013, se le atravesaron —uno tras otro— serios problemas de salud: un cáncer de hígado y otro de próstata, además de un infarto cerebral y una tromboembolia pulmonar. No alargó el tour del adiós deliberadamente, sino que se vio forzado a parar.

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Al parecer, ahora sí, Vicente está por abandonar los escenarios. Lo hará el próximo sábado después de dar un último concierto masivo, de entradas gratuitas, en el Estadio Azteca de la CDMX para más de 100 mil personas. Antes de que empiece a fallarle la voz. Antes de que no le aguanten las piernas. Antes de que la gente vaya a decir al verlo mermado: "Ese Vicente, míralo, ya no canta, ya debería de retirarse". Antes de que se acaben los aplausos. Ahora sí. Con la certeza, probada una y otra vez, de que los aplausos para este señor, no se van a terminar nunca.

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